El Gobierno salva la reforma que todo el Congreso ataca porque abarata el despido

La oposición al completo cargó con dureza contra el decreto, aunque respaldó su tramitación como proyecto de ley por la vía de urgencia.


madrid/la voz.

El Gobierno se quedó ayer solo en su afirmación de que la reforma laboral «no abarata el despido», ya que la totalidad de los grupos parlamentarios -a excepción del PSOE-, argumentaron lo contrario, independientemente de que al final votaran en contra de la convalidación del decreto ley, como fue el caso de ERC, ICV-IU, BNG, Nafarroa Bai o UPyD, o de que optaran por abstenerse para facilitar la introducción de enmiendas durante su tramitación parlamentaria como proyecto de ley, como hicieron CiU, PNV, CC y finalmente también el PP. Y es que de los 349 diputados asistentes a la sesión, 168 votaron a favor de la convalidación, ocho en contra y 173 se abstuvieron, lo que evidencia la soledad absoluta del Ejecutivo. En lo que respecta a la tramitación como proyecto de ley por el procedimiento de urgencia, la Cámara la apoyó por unanimidad.

La defensa de la reforma, que corrió a cargo del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, vivió un episodio previo en el pleno del Senado, donde el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el senador popular Pío García Escudero protagonizaron un acalorado enfrentamiento, con posturas que poco después se repitieron en el Congreso.

Allí, mientras que Corbacho insistía en que la reforma laboral beneficiará «directamente a más de ocho millones de trabajadores que o bien se encuentran en paro o tienen un contrato temporal», apostillando que es, además, un «conjunto de medidas equilibradas que afecta a nuestras relaciones laborales», el resto de los grupos cerró filas en contra, calificando unánimemente la reforma como «la del abaratamiento del despido».

Un «fracaso anunciado»

«Nosotros creemos que es necesaria una reforma laboral, pero no esta, que es un fracaso anunciado y anticipado, tanto en las formas como en el fondo». Así resumió la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, la visión de su grupo, argumentando que su postura sería la de la abstención para que «la reforma laboral del Gobierno, que es la del despido, salga de este Parlamento siendo la del empleo». La idea de «mejorar» el contenido a través de las enmiendas presentadas durante su tramitación la esgrimieron también otras formaciones, como CiU o PNV.

Las críticas populares -que provocaron rumores en las bancadas socialistas y constantes llamadas al orden por parte del presidente, José Bono- fueron más allá. «Ni es eficaz en lo económico, ni justa en lo social, por eso se han quedado ustedes solos», subrayó Sáenz de Santamaría, que también llamó la atención sobre el hecho de que fuera Corbacho, «uno de sus mayores críticos», quien tuviera que defenderla.

A excepción del PSOE, ni un solo grupo la calificó en positivo; tachada de «regresiva» y «contrarreforma» por ERC; de «legitimar los abusos» en el ámbito laboral y ser «una batalla tan ganada por los ricos como perdida por los pobres», desde el BNG; o de ser «un torpedo contra la línea de flotación de la negociación colectiva», por el PNV. Y Joan Herrera (ICV-IU) resumió: «Hoy es un día histórico porque esta Cámara va a abaratar el despido».

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