El parón eólico de los últimos 5 años le ha costado a Galicia 7.000 empleos

El sector da trabajo a 5.400 personas, frente a las 7.300 del 2004 y a las 12.600 que auguraba el sector para el 2010


| El parón del sector eólico le ha costado a Galicia casi 7.000 empleos en los últimos cinco años, justo cuando más útil habría sido el negocio del viento para el mercado laboral gallego. En su momento de máximo apogeo, a principios de la década, el sector llegó a emplear de forma directa a 2.100 trabajadores, tanto en la industria de fabricación de los aerogeneradores como en la construcción y explotación de los parques. Además, otros 6.000 empleos dependían indirectamente del negocio eólico. Los planes de expansión que hace cinco años manejaba el sector dibujaban para el 2010 que está a punto de comenzar un panorama alentador: Galicia debería de estar a punto de tener instalados 6.500 megavatios, que emplearían a más de 3.300 personas de forma directa y generaría entre 6.700 y 9.300 puestos de trabajo indirectos. Es decir, 12.600 familias vivirían hoy de la eólica en la comunidad, lo que representaría casi el 1% de la población activa.

La realidad, tras cinco años de parón, es muy distinta. En este período, Galicia solo ha logrado llegar a los 3.100 megavatios instalados, por lo que ha perdido el liderazgo, superada por las dos Castillas. Este parón, unido al incremento de la competencia exterior en el segmento de la fabricación de componentes, se ha traducido en una destrucción de empleo de entre 1.800 y 2.300 puestos de trabajo, según fuentes del sector. Hoy ya solo trabajan en el negocio del viento unas 1.300 personas, que llegan hasta las 5.400 contando los puestos indirectos. La dimensión del problema, opinan los expertos, es mayor si se tiene en cuenta que la mayoría de los empleos que Galicia ha perdido son cualificados -ingenieros, grados medios o superior de electromecánica- y representaban una atractiva alternativa industrial para las comarcas de Ferrolterra y A Mariña. Muchos profesionales gallegos bregados en las sierras más ventosas de O Xistral y la Costa da Morte han emigrado en los últimos años a Brasil, Canadá o EE.?UU.

El estudio más solvente que hay sobre la repercusión del negocio del viento en el mercado laboral está firmado por la patronal eólica gallega, con datos de diciembre del 2004. Entonces, Galicia era la sexta potencia mundial, después de Alemania, EE.?UU., el resto de España, Dinamarca y la India.

Una veintena de fábricas

La eólica aportaba el 1,27% del PIB gallego (casi lo mismo que la pesca o el naval) y empleaba directamente a unas 2.000 personas. Un 40% de aquellos empleos eran coyunturales, necesarios para construir los nuevos parques. Otro tanto correspondía a la pujante industria de fabricación. Desde finales de los noventa se instalaron en Galicia una veintena de fábricas de componentes que dieron empleo directo a más de 800 personas. El resto, unos 400 puestos de trabajo, era empleo estable vinculado a la explotación de los parques. De acuerdo con los planes del ministerio, el sector esperaba entonces que Galicia mantuviera un crecimiento constante a ritmo de 700 megavatios anuales hasta el 2010, lo que habría permitido llegar a la cifra de casi 13.000 empleos. Pero en el último año de Fraga en la Xunta, con Juan Rodríguez Yuste al frente de la Consellería de Industria, comenzó el declive.

Entre el 2001 y el 2004 se instalaron de media 517 megavatios. En los cuatro restantes, con el BNG al frente de la Consellería de Industria, esa cifra cayó hasta los 190. El empleo ha aumentado, aunque no de forma directamente proporcional, en el segmento de la explotación de parques. Por el contrario, el número de operarios encargados de construir las instalaciones se ha desplomado casi un 70%, mientras que la industria de componentes, lejos de crecer, como se preveía, ha recortado un 20% de empleos.

El parón está provocando una reconversión soterrada en el sector. Los sindicatos calculan que en torno a un millar de trabajadores de una docena de firmas están afectados por expedientes de regulación de empleo (ERE) de algún tipo. Si se tiene en cuenta además los contratos temporales no renovados, se podría superar los 2.200 empleos perdidos. En muchos casos se trata de empresas auxiliares del metal que diversificaron su negocio hacia el nicho de la energía del viento y ahora se están viendo obligadas a cerrar esas líneas de producción o a mantenerlas inactivas.

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