La burbuja estalla en el desierto

Empresas gallegas con sede en Dubái afirman que el batacazo del emirato se veía venir, pero mantienen su intención de seguir allí


Entre la fina arena de la península Arábiga y las convulsas aguas del golfo Pérsico, en la costa de Dubái, la dinastía del jeque Maktum bin Rashid levantó en los últimos diez años el mayor oasis financiero y turístico del mundo. A golpe de extravagancias, y aprovechando su posición estratégica entre Europa y las economías emergentes asiáticas, el emirato pobre de la federación (el país es el tercer productor de petróleo del mundo, pero el 95% lo produce el vecino Abu Dabi) atrajo una cantidad ingente de inversión foránea que ahora peligra.

Las alarmas saltaron en todos los ámbitos financieros mundiales el miércoles, cuando el holding estatal Dubai World, responsable de los proyectos arquitectónicos más disparatados del país, solicitó una prórroga para el pago de una deuda de 2.600 millones de euros. El problema no es esa deuda a corto plazo, sino los 53.000 millones de euros que debe el emirato.

El desplome de Dubái es, además, una nueva vuelta de tuerca en la expansión de la crisis financiera internacional. Cuando los bancos estadounidenses y europeos se desplomaron hace dos años, los fondos soberanos inflados por un petróleo caro acudieron a su rescate, y tomaron posiciones en sectores claves de las economías occidentales. A esos fondos que parecían infinitos les llega ahora el tsunami provocado por el parón en el consumo y, en consecuencia, por la caída de los precios de petróleo. Y en su peor momento tienen que acudir a rescatar la que se creía la joya de la corona, el símbolo del capitalismo del mundo islámico.

Un millar de empresas españolas, según la Cámara de Comercio de Madrid, tienen sus ojos puestos en la evolución de la crisis del emirato. Entre ellas, varias gallegas. El estudio de arquitectura A-Cero, del coruñés Joaquín Torres, tiene una filial en Dubái. «Llevamos notando un parón importante en la actividad económica del emirato desde hace ocho o nueve meses», explica Rubén Díaz, portavoz del estudio. A-Cero aterrizó en el país tras ganar un concurso privado para la urbanización y diseño de un complejo que incluye siete rascacielos en primera línea de playa. A partir de ahí recibieron otros encargos. Participan en el proyecto The World, una recreación a cinco kilómetros de la costa del mapa del mundo, y en la Wave Tower, el mayor edificio que haya construido jamás un estudio español.

Pase lo que pase con la crisis, A-Cero no se plantea abandonar Dubái: «Hemos tenido que realizar unos trámites muy tediosos para trabajar allí y no queremos desaprovechar esa circunstancia -explica Rubén Díaz-. Además, estamos asociados con una ingeniería local y Dubái nos sirve de base para captar proyectos en otros emiratos». A pesar de que «la situación es preocupante», en A-Cero están convencidos de que «en poco tiempo se retomará la escalada».

Banco de pruebas

La firma compostelana Blusens instaló hace cuatro años en Dubái la sede de Blusens Middle East, una división centrada en los productos de consumo que se venden en el resto del mundo, y que utiliza el emirato como banco de pruebas para una nueva línea de negocio: el equipamiento audiovisual en grandes instalaciones, como hoteles o corporaciones. «Esto se veía venir desde hace meses -explica Miguel Churruca, portavoz de la firma gallega-. Fue un país pionero en buscar alternativas al petróleo, pero la megalomanía ha dado lugar a un bum exagerado». En sus visitas al emirato le ha llamado la atención que «no hay espacios peatonales, no hay nadie por la calle; debido al calor, todos los desplazamientos se hacen en coche; ahora han construido por fin la primera línea de metro». Blusens no teme por su futuro en Dubái. «El mercado de los emiratos es muy limitado. Nosotros utilizamos nuestra presencia allí como plataforma logística para otros países de África y la región de las repúblicas ex soviéticas», explica.

Además de estas dos sociedades, también están implantadas en Dubái la maderera Finsa, que acudió al bum inmobiliario; la granitera porriñesa Graninter, o la multinacional Televés. Otras sociedades, como Portadeza, Hijos de Barreras, Lonia, Inditex o Joyerías Candame mantienen relaciones comerciales frecuentes con el emirato.

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