Treinta inmobiliarias gallegas invierten 3.000 millones en el extranjero para esquivar la crisis

El desembolso en África, América y Europa del Este es el 40% del negocio en Galicia


Apenas un 1,5% de las casi 2.000 promotoras inmobiliarias gallegas se han lanzado a la conquista de mercados exteriores para huir de la crisis española del ladrillo. Sin embargo, sus inversiones en los últimos 18 meses superan los 3.000 millones de euros, casi un 40% de la facturación anual del sector en Galicia, estimada por encima de los 7.500 millones en el 2007, cuando el estallido de la burbuja empezaba a hacer estragos.

Las sociedades que forman parte de esta lista son algunas de las principales constructoras de la comunidad. Todas ellas vieron en países africanos, latinoamericanos y de la Europa del Este una vía para invertir una parte de su tesorería y afrontar el parón residencial gallego. A día de hoy, el número de visados ha caído por encima del 60% respecto a las cifras de principios del 2008. Portavoces de las dos principales asociaciones gallegas de promotores (Aproinco en A Coruña y Aproin en Pontevedra) coinciden al señalar que «el 2010 podría ser un año muy duro». Las promociones en marcha en el 2007, que tienen un período de maduración mínimo de 36 meses, se habrán terminado para entonces. Y la paralización actual se dejará notar en toda su plenitud.

Martinsa-Fadesa abrió camino en el bienio 2007-2008. La inmobiliaria se gastó 1.000 millones en cinco urbanizaciones en Rumanía, que sumaban 16.000 viviendas. Y aportó 100 millones más para levantar 2.300 viviendas en Polonia. La firma adquirió bolsas de suelo en Hungría, Chequia y Eslovaquia; y se aventuró con inversiones residenciales en Marruecos o México.

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El grupo vigués Dovhe, hoy desaparecido, se gastó 9 millones en promociones en Cabo Verde y adquirió suelo para promociones en Rumanía y en Miami. Urbaniamar, una de las constructoras líderes en Sanxenxo, mantiene promociones operativas en Cabo Verde, Brasil y Tailandia. La pontevedresa San José lleva años con una división en Argentina y ramificaciones en todo Mercosur. La antigua Mahía (hoy Maexpa) promueve en Portugal, Angola, Marruecos y Polonia.

En Brasil lo han intentado muchas gallegas. Valery Karpin compró bolsas de suelo, actuación que también siguió el grupo Mario Puentes, Vitalvigo o Anjoca (que opera al mismo tiempo en Costa Rica, México y Marruecos). En México (Acapulco) también construye la pontevedresa Gestab.

Amancio Ortega, presidente de Inditex, invirtió en Europa del Este a través de la sociedad Azora. Y una de las más prolijas en el extranjero sigue siendo la inmobiliaria Raminova (participada por Caixanova), que cuenta con promociones en República Dominicana, México, Portugal, Rumanía, Polonia, Panamá y el Reino Unido. La división inmobiliaria del grupo Maderas Iglesias, AIS, levantó varias urbanizaciones y un hotel de lujo en Polonia. Y grupos más pequeños, como Vialmar, probaron suerte en Rumanía y Bulgaria; Emprosal lo hizo en Estados Unidos; y la familia Barreras en la República Dominicana.

Galicia aprendió a buscar mercados exteriores en el norte de Portugal, a rebufo de la Exposición Mundial de Lisboa en 1998. «Muchas promociones en la capital lusa, y en las áreas metropolitanas de Braga y Oporto, salieron de empresas gallegas», señala el presidente de los promotores, Javier Garrido. «Fue una experiencia dura», admite, ya que la crisis portuguesa convirtió en fiascos muchas de las iniciativas. «Pero sirvió de base para salir al exterior estos últimos años», agrega. Los países de habla portuguesa en África; Brasil, Panamá y México en Latinoamérica; y Rumanía, Polonia y Hungría en el Este son por ahora el imán internacional de los constructores gallegos.

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