La crisis destroza el milagro irlandés

El PIB crecía en el 2007 al 6% y este año caerá un 9%, mientras el paro pasará en este período del 4,5 al 17%


Los irlandeses son unos maestros del eufemismo (al terrorismo del Ulster se han referido siempre como the troubles , los problemillas), pero desde hace un año casi nadie pone paños calientes a la hora de hablar de lo que pasa con la economía: Irlanda sufre el mayor cataclismo de su historia moderna, el tigre celta ha dejado de rugir y a ojos de un neófito en la materia, el estallido de la burbuja ha dejado a la vista lo que escondía bajo la alfombra el gran ejemplo neoliberal de principios de siglo: una gran desigualdad social, un estado anoréxico que delegó casi todas sus responsabilidades en manos privadas y una avaricia colectiva que no ha permitido aprovechar la ola buena para acabar con algunos de los problemas estructurales de un país que a lo largo de casi toda su historia ha sido pobre.

Irlanda fue el primer país de la eurozona en caer oficialmente en recesión. En el último trimestre del 2008 su economía se desplomó un 7,5% (la previsión es que este año lo haga más de un 9%), cuando hace apenas dos años crecía con soltura por encima del 6%. El país, que tiene 4,2 millones de habitantes, podría cerrar el ejercicio con medio millón de parados (una tasa del 17%, frente al 4,5% de hace solo dos años, cifra inasumible para un sistema social adelgazado al máximo en las últimas décadas). Los precios caen sin control desde enero y se prevé una deflación para este año de hasta el 6%.

Los tres grandes bancos del país han tenido que ser rescatados por el Gobierno, salpicados por graves escándalos de maquillaje contable y enriquecimiento sospechoso de sus directivos. Su caída se ha llevado por delante los planes de pensiones de medio país, que ve su futuro condenado a una paga de jubilación de 800 euros, después de que en los buenos tiempos el Gobierno decidiera reducir a la mitad las cotizaciones a la Seguridad Social.

Este deterioro sin precedentes tiene, al margen del conocido problema mundial, dos causas específicas: un estallido de la burbuja inmobiliaria muy similar al que sufrimos en España y una fuga de las multinacionales. El gigante informático Dell (2% del PIB, 5% de las exportaciones del país) despedirá antes de fin de año a 2.000 de los 3.000 empleados que tiene en Limerick y trasladará su producción para Europa, África y Oriente Medio a Lodz, Polonia.

El actual Ejecutivo, que apenas lleva un año al frente del país tras la salida precipitada del histórico Bertie Ahern, acosado por un rosario de casos de corrupción, aprobó a mediados de abril la cuarta revisión de sus cuentas públicas. Se trata, según el ministro de Finanzas, el debutante Brian Lenihan, de unos «presupuestos de emergencia» con los que Irlanda afronta «uno de los mayores desafíos de su historia».

Básicamente consisten en subir los impuestos y recortar el gasto público. Las rentas de hasta 75.000 euros anuales soportan desde abril una tasa anticrisis del 2% de su salario (4% para las rentas superiores y 6% para las de más de 175.000 euros). Eso sí, las empresas seguirán pagando el 12,5% de sociedades (el tipo más bajo de Europa), que se mantiene como bandera de los tiempos en los que las multinacionales se daban codazos por aterrizar en el país. Además, se ha gravado con 25 céntimos la cajetilla de tabaco y con cinco el litro de diésel.

Los recortes se han llevado por delante la sanidad universal gratuita para los mayores de 70 años (una novedad aplicada solo desde el 2002). Los funcionarios podrán empezar a jubilarse a partir de los 50 años, mientras que todos los cargos públicos reducirán su sueldo un 10% (en el sector privado los trabajadores ya están aceptando recortes de hasta el 7%). El diario The Irish Times , muy crítico con el Ejecutivo, ha calificado los nuevos presupuestos como «una operación sin anestesia para salvar a un moribundo». «Afrontamos un serio declive en los estándares nacionales de calidad de vida», admitió Lenihan en abril. Desde entonces, Dublín ha acogido una de las mayores manifestaciones de su historia (200.000 personas protestando contra el Gobierno) y el Fianna Fail, el partido más votado desde 1932, ha perdido el 50% de sus apoyos, y está a punto de convertirse en la tercera fuerza política del país.

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