El «annus horribilis» de la Bolsa


«Un año traumático, el más difícil desde el crac de 1929». Así de rotundo se mostraba el pasado día 16 Antonio Zoido, presidente de Bolsa y Mercados Españoles, al referirse a lo que ha supuesto para los inversores el ejercicio que acaba de finalizar. Un auténtico calvario que ha dejado tras de sí la mayor caída de la existencia del Ibex, del 39,43%, y una pérdida de valor para las empresas que lo componen de 293.800 millones de euros.

La Bolsa española pone así un abrupto final a una racha de cinco ejercicios consecutivos de ganancias y supera el peor resultado de su carrera reciente -la caída del 28,11% sufrida en el 2002, el año del estallido de la burbuja tecnológica- y otras debacles históricas como el retroceso del 32,35% de 1977, en plena crisis del petróleo, o el del 32% de 1931, en el apogeo de la Gran Depresión y tras la instauración de la Segunda República.

Y no es para menos: el 2008 pasará a los anales como el año en el que la economía se vino abajo, al menos tal y como la conocíamos hasta ahora. Las consecuencias del huracán subprime - originado al otro lado del Atlántico, pero cuyos efectos se han dejado notar en todos los rincones del planeta financiero-, han sido tan devastadoras que los inversores han visto morder el polvo a gigantes de la talla del todopoderoso Lehman Brothers, e intervenir a toda prisa a sus Gobiernos para evitar que otros muchos siguieran el mismo camino. Y para redondear su annus horribilis , el mercado ha tenido que hacer frente también a otra dura realidad: la de ver cómo uno de sus grandes gurús, el otrora admirado Bernard Madoff, se quitaba la careta para admitir ante las autoridades que las jugosas rentabilidades que lograban sus afamados clientes no eran sino el fruto de una monumental estafa.

La desconfianza es ahora absoluta y la recesión, cada vez más inminente. Las consecuencias: las más de 46.000 empresas que cotizan en los 56 países con mercados de valores que existen en el mundo se han dejado en el camino la friolera de 30 billones de dólares (más de 21 billones de euros), más que el PIB de Europa y Estados Unidos juntos. En España, la pérdida alcanza los 338.000 millones de euros, casi un tercio de la riqueza nacional. Y es que el varapalo sufrido por el Ibex está en línea con el retroceso de sus principales competidoras: Nueva York ha caído un 35%, Londres ha retrocedido un 32%; París, casi un 43%, y Fráncfort se ha desplomado más de un 40%.

Sin maquillaje

Hasta el tradicional rali de final de año ha brillado por su ausencia en este aciago ejercicio para los inversores, que han dejado para mejor ocasión el clásico maquillaje de carteras del último tramo del curso.

Dentro del Ibex, bancos, constructoras e inmobiliarias son los que más han sufrido las iras vendedoras. Y, en cualquier caso, el triste balance anual ha estado marcado a fuego por el derrumbe de los dos grandes de la banca española. Tanto el Santander como el BBVA cierran el 2008 con la mayor caída de su historia: del 54,36% y del 48,33%, respectivamente. Mientras que el valor con más peso en el indicador, Telefónica, ha limitado su retroceso al 28,67%.

Sacyr Vallehermoso es el farolillo rojo de un ejercicio en el que ha perdido más de tres cuartas partes de su valor.

Fenosa, la excepción

Y solo una firma, Unión Fenosa, ha conseguido salvarse de la quema. La opa de Gas Natural ha sido su salvavidas y le ha permitido acabar el año con un avance del 15,15%.

Para el resto de los valores gallegos, el 2008 ha dejado fuertes pérdidas: Inditex ha sido la que mejor ha capeado el temporal (cae un 25,44%) y Adolfo Domínguez, la más castigada, con un descenso anual del 72%. El Banco Pastor se deja en el camino un 53,1%; Ence, un 65,47%, Pescanova, un 32,9% y Zeltia, un 45,17%.

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