España vislumbra el pleno empleo tras treinta años de democracia

ECONOMÍA

Pese al repunte de julio en los datos del Inem, el paro en la EPA pasó del 24,55% de 1994 al 7,95% del 2007

06 ago 2007 . Actualizado a las 10:48 h.

El pasado 28 de julio un eufórico José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba desde La Moncloa la que, con las cifras en la mano, debería considerarse una de las mejores noticias de la democrática española. La tasa nacional de paro cayó en el segundo trimestre del 2007 al 7,95%, la más baja desde el año 1978, según la serie histórica de la Encuesta de Población Activa (EPA). El hecho de que esa noticia haya pasado prácticamente desapercibida demuestra hasta qué punto ha evolucionado el mercado de trabajo en España en las últimas décadas. Aunque el pasado jueves se supo que el paro registrado en el Inem, dato distinto al de la EPA, aumentó dos décimas en julio, el mítico objetivo del pleno empleo se vislumbra como algo posible.

Hace 13 años, en 1994, con una democracia asentada y ocho años de pertenencia a la Unión Europea, la tasa de paro en España alcanzaba el dramático porcentaje del 24,55%. Había entonces 3,9 millones de parados. La población activa era de 12,1 millones de personas. Hoy, los parados en España son 1,8 millones (1.970.338 según el Inem) y la población activa es de 20,4 millones.

Para llegar a estas cifras la economía española ha necesitado treinta años desde 1976, cuando el paro se situaba en un 4,41%, con solo 0,6 millones desempleados oficiales. Obviamente, esos datos estaban condicionadas por una dictadura sin sindicatos, con bajísimos salarios y una galopante emigración.

A mediados de los setenta, tras un crecimiento económico que superaba los dos dígitos desde hacía más de diez años, las excelentes cifras oficiales de paro escondían un sector agrario sobredimensionado brutalmente y más de dos millones de emigrantes. Con la llegada de la democracia, la necesaria ubicación de casi tres millones de trabajadores agrarios en el sector industria y servicios y el regreso de esos emigrantes supusieron un ascenso imparable del paro, que ya en 1979 se situaba por encima del 10%. Y ello a pesar de que el Gobierno de Adolfo Suárez firmó en 1977 con el resto de partidos y los agentes sociales los pactos de La Moncloa, que además de reactivar la economía establecen la obligación de incrementar los salarios en base a la inflación prevista y no a la pasada como hasta entonces. Los trabajadores perdían así poder adquisitivo en 1978. Para luchar contra el paro se permitía la contratación temporal y se flexibilizaba el despido, algo prácticamente imposible durante la dictadura si no era por motivos políticos.

Pese a todo, el paro continuó un ascenso brutal hasta 1985, cuando se situó en el 22,21%. Pero el ajuste había sido tan brutal que el mercado de trabajo estaba ya preparado para recuperarse ante cualquier signo positivo. La caída del precio del petróleo y el ingreso en la Comunidad Económica Europea fueron el desencadenante de la mejora. La afluencia de capital extranjero debido las altas tasas de interés que mantuvo España en esa época para combatir la inflación supuso un incremento notable del empleo. Comenzó entonces el bum de la construcción y aumentó el trabajo en el sector servicios. La recuperación del sector industrial hubo de esperar hasta los primeros años noventa. En el lado negativo, empezó también el bum del empleo temporal. La flexibilización del mercado laboral provocó en 1988 una huelga general contra el Gobierno socialista.

Se creaba empleo pero la incorporación creciente de la mujer al mercado de trabajo hizo subir la tasa de actividad. De hecho, entre 1985 y 1991 se crearon 1.800.000 puestos de trabajo, pero el número de parados sólo se redujo en 500.000. El retorno de una nueva remesa de emigrantes ante la aparente recuperación económica y la progresiva actividad laboral de la mujer terminaron por colapsar el sistema de manera que en sólo tres años, en 1994, el paro superó las cifras de 1985 hasta situarse en el 24,55%.

Pero de nuevo la dureza del ajuste sólo dejó espacio para la recuperación. Desde 1994, la mejora constante de las cifras del paro se ha basado en una férrea contención del gasto público y una bajada casi constante de los tipos de interés. El buen ciclo económico ha hecho que el fuerte crecimiento de la tasa de actividad, a través de las mujeres y también ahora de los inmigrantes, redunde positivamente en el empleo, y no al revés. A partir de 1995, el empleo mejora en buena parte debido al impresionante auge de la construcción. Aznar llega al Gobierno en 1996 con un 22,17% de paro y ocho años después Zapatero accede al poder con un 11,5%. En el 2007, la cifra se sitúa en el 7,95%, lo que permite hablar con naturalidad del objetivo del pleno empleo. Algo impensable hace apenas trece años. Pero si el sector de la construcción constituyó desde mediados de los noventa el principal motor del empleo, su actual declive y la progresiva reducción de los puestos de trabajo en ese sector son la principal amenaza para impedir ese objetivo.