Carpintería Cuíña lleva más de siete lustros fabricando en Silleda mobiliario para casas en toda Galicia
31 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Suena un timbre al abrir la puerta y adentrarnos en el área dedicada al mobiliario más clásico, de calidad y con la madera maciza como protagonista. Al fondo se aprecia el trajín en el taller donde Enrique Cuiña Fernández (A Bandeira, 1963) prepara el último encargo junto «a xefa», su mujer, María José Gómez Seoane, que se sumó al negocio familiar en el 2003 cuando Carpintería Cuiña se asentaba en su actual sede al pie de la carretera Nacional 525 en Chapa.
«Non era moito de estudar e aos quince ou dezaseis anos xa estaba aprendendo o oficio», cuenta Enrique. Junto a su casa había una carpintería, eran conocidos de su familia y «os meus pais lle pediron o favor», comenta con cierta retranca sobre sus inicios. Con Jesús Brey como patrón comenzó de aprendiz, reconociendo que siempre le habían interesado las manualidades. Trabajar con madera le gustó desde los inicios. Y hasta ahora, casi cuatro décadas después.
Durante los comicios estuvo en otros talleres y carpinterías de Deza, «pero recibir ordes non me gustaba moito», explica Enrique Cuiña. Tras sopesar una decisión de tanto calado finalmente decidió abrir su propio negocio en el inicio de los años 90. Un taller pequeño, recuerda, pero donde fue haciéndose un nombre por su buen hacer y trato con los clientes. Tras trece años parecía necesario dar un salto a unas instalaciones más amplias. Surgía la opción de comprar una finca en Chapa, donde construir una nave de mayores dimensiones e incluso ampliar la línea de negocio con la venta de mueblería. La aventura se plasmó en el 2003 con esas nuevas instalaciones donde sigue funcionando la carpintería.
Enrique Cuiña destaca que la fabricación de mobiliario a medida, desde cocinas —están en la fase final del proceso de una de grandes dimensiones que incluso lleva despensa adicional o desayunador— a armarios o bancos, puertas, escaleras o pasamanos, entre otras piezas y estructuras, centra su actividad. La venta del mueble clásico vive horas bajas, con una demanda muy limitada en los últimos años.
La firma silledense trabaja por toda Galicia, con alguna que otra salida al mercado nacional, como ocurría a principios de año con un encargo desde Málaga u otros por ejemplo en Madrid. Su clientela se encuentra entre los particulares, «que ofrecen máis seguridade que empresas e promocións inmobiliarias», cuenta Enrique. Respecto a la propia evolución de su firma, este emprendedor reconoce que la crisis económica del 2008 pasó factura. Por entonces tenía la plantilla más amplia de la historia, con cinco personas, pero los ajustes dejó tan solo al matrimonio gestionando los encargos. E incluso ahora sin forzar máquinas porque, apunta, ya está pensando en una cercana jubilación tras tantos años de esfuerzo.
El bum por la rehabilitación que generó la pandemia permitió revivir un poco el negocio, señala Enrique Cuiña. Pero la carpintería tradicional vive un momento complicado frente a las grandes cadenas de mobiliario fabricado en cadena. «En Silleda quedan dous ou tres talleres, pero máis ben son montadores, máis que facer mobles», dice. En Chapa se reciben ocasiones pedidos curiosos, como restaurar una cama heredada después de varias generaciones por su actual dueño, pero quería ampliarla de 1,2 a 1,5 metros de anchura. Hay solicitudes que se salen de lo normal, pero comenta Enrique que ellos intentan encauzar las propuestas de diseño de los clientes, «levalos ao rego» y consensuar entre todos la versión final.
Piezas modernas, de líneas más rectas y depuradas, priman los pedidos en estos últimos tiempos. Quizás porque en los hogares se opta por diseños más funcionales y minimalistas frente al mobiliario de más empaque y macizo de antaño, que ocupaba mucho sitio. Desde castaño a roble americano, pino rojo o del país, figuran como las principales maderas con las que trabajan en Carpintería Cuiña.
Muchas horas al día y muchos días al año. En ocasiones casi los 365. María José refrenda que su marido las vacaciones más largas que tuvo fueron quince días hace tiempo en un viaje a Argentina. «Collemos a veces dous ou tres días perdidos», remarcan a la par. Enrique piensa en la jubilación con el resquemor de la falta de relevo generacional y la incertidumbre sobre el futuro de la empresa. Mientras, su mujer recuerda que ella se sumó al negocio en el 2023 al abrir la nave de Chapa, tras tener explotación ganadera y avícola.
María José reconoce que trabajar el matrimonio junto causa que a veces, aunque se intente, los problemas o cuestiones del día a día se lleven al hogar. Eso sí, cada uno acude a la nave en su propio coche. Su papel resulta fundamental ahora que solo están los dos, en labores de montaje o en los acabados. A ella le toca barnizar, porque tiene mañana con las mezclas para igualar colores, cuenta orgullosa. Sin duda forman un tándem de primera.