El artista que descubrió su premiada pintura en el despacho de un ministro

j. b. LALÍN / LA VOZ

SILLEDA

miguel souto

Una conversación con José Brea Colmeiro (Silleda, 1936) podría prolongarse durante horas sin que perdiese interés ni un solo minuto. Casi me atrevería a decir que ni un segundo. Dicen que la edad aporta sabiduría, una máxima que se cumple a la perfección con el artista dezano y catedrático de dibujo afincado en Salamanca. Sin duda de cada charla con él, repleta siempre de anécdotas y conocimiento profundo de la plástica, uno sale más sabio.

A Brea Colmeiro podemos subirlo al podio de los artistas más fieles con la romería de San Marcos. Invitado por el empresario Miguel Villar disfruta estos días en su tierra natal mientras espera con impaciencia la exposición de sus óleos y dibujos, con el realismo como estilo, en la sala de exposiciones La Salina que gestiona la Diputación en Salamanca. Ya subió escalones en la larga lista de espera para mostrar su creaciones en este demandado espacio.

Pero el artista, alumnado destacado del universal Antonio López, con quien mantiene estrechos lazos de amistad, residió en otros puntos de la geografía nacional. Si ya contamos otros hechos singulares con Laxeiro o Manuel Colmeiro como coprotagonistas con Brea Colmeiro, sin olvidar a Torrente Ballester, en esta nueva estancia en Deza nos desvelaba otra de esas microhistorias que definen a un personaje tan relevante entre pinceles y lienzos, como locuaz y gran conversador. Cuenta que estando como profesor interior en un instituto de Puigcerdá a finales de los 60 recibió una carta invitándole a participar en un concurso nacional para funcionarios del Estado. Ni corto ni perezoso se animó a pintar un paisaje al óleo, un pequeño formato.

A los pocos días de fallarse el concurso recibía una carta de Educación notificándole haber sido acreedor al segundo premio nacional. Todo un éxito, pero lo bueno está por llegar. «Tiempo después fui a Madrid a una gestión sin cita previa y al llegar me dijeron que no estaba el ministro, pero cuando estaba ya saliendo la secretaria me preguntó si alguna vez había estado en su despacho; yo dije que no y me lo enseño y al entrar estaba ese cuadro colgado dentro», exclama con un entusiasmo casi juvenil. Y seguro que promete recordarnos alguna historia tan única en el futuro.