Dos músicos de la Banda de Silleda con un gran fin de curso

Brais Ferreiro recibió el premio de fin de grado de trompeta y Claudia Carballo, saxofonista, accederá al Musikene

j. b.
lalín / la voz

Con tan solo nueve años, Brais Ferreiro ya se interesaba por la música. Inspirado por su propio padre, profesor de trombón, decidió probar suerte con el instrumento, pero como este era demasiado grande para sus brazos optó por la trompeta; no dejaría de tocarla. Desde 2018, este joven de Palio forma parte de la Banda de Silleda y gracias a su talento ha podido obtener el premio de fin de grado en la especialidad de trompeta a la edad de dieciséis años.

Muy orgulloso por ello, Brais afirma que no lo ha logrado solo y agradece este triunfo a todos los profesores que lo ayudaron en su formación, así como a su padre, a quien considera uno de sus principales apoyos. Con una rutina de mínimo dos horas al día practicando su técnica (sin contar el resto de deberes y tareas que le mandan desde el conservatorio), el músico se define como un gran amante del deporte. Gran aficionado, tanto a verlo como a practicarlo, destaca su pasión por el fútbol, el baloncesto y el ciclismo.

Y si bien el confinamiento le pilló por sorpresa, Brais señala que hubo aspectos positivos, como tener más tiempo o poder escuchar más grabaciones.

Por su parte, Claudia Carballo acaba de ser admitida en el Musikene (Centro Superior de Música del País Vasco) en la especialidad de saxofón. También empezó su actividad musical a una temprana edad, cuando con ocho años se animó al ver a su tía tocar dicho instrumento.

Integrante de la Banda de Silleda desde hace cinco años, practica religiosamente dos horas a la mañana y tres a la tarde. Cuando no está con el saxofón, toca la pandereta en un grupo; también realizó patinaje, pero últimamente se centra en superar la Selectividad. Para ella, el estado de alarma fue muy duro, pues le impidió poder tocar con otra gente y escuchar música en directo, algo que catalogó de esencial para un músico. A eso hay que sumar que en ocasiones le faltaron los medios para poder adaptarse perfectamente a la educación telemática, pero a base de esfuerzo y dedicación consiguió superar sus pruebas.

La saxofonista de diecisiete años se siente muy entusiasmada y con ganas de empezar en un centro de tanto renombre. Agradece el apoyo de sus profesores y familiares, pero sobre todo el de sus padres, destacando su gran esfuerzo para que pudiese seguir sus estudios. Respecto al futuro, los dos jóvenes tienen toda la intención de dedicarse profesionalmente a la música. Brais desea terminar el grado superior de trompeta mientras que Claudia quiere complementar su carrera siendo directora de orquesta.

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