El desaparecido portalón del iglesario, manifestación de la arquitectura local

La parte superior de la destacada puerta de entrada estaba rematada por una cruz flanqueada por pináculos


lalín

La imagen del antiguo portalón del iglesario la conocemos gracias a una fotografía de boda, hecha el 30 de diciembre de 1965, que nos fue cedida por cortesía de la familia Montoto Pichel. En su dorso figura el nombre del estudio Foto SINSAN, Silleda, con sucursales en Lalín, Bandeira y Cruces. Importante testimonio gráfico que, además de su entrañable valor humano y documental, nos facilita conocer la imagen y estructura del portalón del Iglesiario de Vilatuxe. La data aproximada del desmontaje del portalón ?hacia 1970? nos fue facilitada por la propia novia, que tuvimos la satisfacción de conocer.

Pero esta fotografía atesora todavía algo más, y es la reflexión sobre la gran importancia que tienen para el investigador los archivos de los fotógrafos locales, cargados en su mayoría de valiosísima y variada información.

La vista que muestra la fotografía pertenece a la parte posterior del portalón. Debemos aclarar que debido a que su imagen figura en un plano lejano, para un mayor entendimiento de su estructura y tipología, se realizó un dibujo en base a una ampliación.

El portalón consta de una amplia puerta adintelada orientada al norte que se abre interrumpiendo el muro de cierre o valado, levantado en mampostería ?70 cm. de anchura?. Por su destacada traza constituye la entrada principal al iglesario. Esta vía de acceso bajo el portalón con lugares considerados sagrados, y con casas de habitación, cobra especial sentido al estar coronado por la cruz. Castelao, en su magistral obra As cruces de pedra na Galiza, recoge este aspecto al referirse al portalón por donde entra el camino para la casa, con la cruz destacando en lo alto que, «exconxura de lonxe aos demos e trasgos, facéndolles saber que para entraren por alí é menester pasar por debaixo da cruz e acatar a súa lei…».

La tipología arquitectónica de la portada se encuadra dentro de los portalones de vano con coronamiento con paños de muro adyacentes. Estas elevaciones del muro unidos a ambos lados del portalón ?en este caso no simétricas-, actúan a modo de estribos de refuerzo, proporcionándole estabilidad al espacio hueco para la puerta. A causa del ligero desnivel del terreno donde se levanta el portalón, el contrafuerte situado a poniente es el más sólido.

El elemento que actúa de umbral y que cierra la parte superior del vano soporta un estrecho cuerpo de mampostería. Esta pieza sobrepasa más de lo habitual su apoyo sobre la jamba izquierda. Su misión es la de trabar esta parte de la obra, aumentando su resistencia y estabilidad.

Referencias de Castelao

En la parte superior de esta destacable puerta de entrada existían dos pináculos de forma piramidal, con cuello y basa prismática, modelo que, con ligeras variantes, es el más utilizado como elemento de remate ornamental. Su presencia aporta cierta airosidad a la imagen del portalón, restándole horizontalidad. Siguiendo a Castelao en su mencionada obra al referirse a la cruz acompañada de pináculos de los portalones, dice: «Case sempre aparesce antre dous remates de feitura variada, considerados remanencias do culto fálico, cuia siñificación orixinal non priva que, de inmediato, sexan esquemas do alciprés. Nós enxergamos que os remates que flanquean as cruces de portalón teñen o mesmo señificado que os alcipreses que flanquean a imaxe de Apóstolo San Iago na Porta das Platerías da catedral compostelán e na representación que da mesma figura se repite no portal de San Serín de Toulouse. Dixérase que os alcipreses son emblemas propios do Apostolo San-Iago, fillo do trono, como xa en Babilonia foran símbolo do deus tronante Abad. Non negamos que os ditos remates proveñan do culto fálico, e cicáis o alciprés sexa, pol-a súa forma, un atributo similar da mesma paganía, emblema de señorío nos pazos, de poder nas eirexas, de inmortalidade nos cimeterios. E tal foi estilizado para compaña da cruz».

La cruz latina coronaba el portalón de amplias dimensiones y era visible desde la lontananza

El portalón está coronado por una cruz latina de alto porte, hincada sobre una basa cúbica con chaflanes en las aristas superiores ?creemos que similar a la basa de la cruz del portalón de la casa rectoral?.

Por fuentes documentales se sabe que la entrada disponía de puerta, que en determinados momentos se cerraba con llave. Como testigos de su existencia se pueden observar en las antiguas jambas que flanquean la actual entrada, los gruesos goznes de empotramiento para articular las bisagras, el resalto en la piedra para el marco del batiente ?6,5 cm.? y el derrame en plano inclinado hacia el interior con la finalidad de facilitar a las hojas de la puerta mayor apertura.

Las puertas solían ser de dos hojas construidas en gruesa madera de castaño. En principio se dejaban a madera vista, con unas manos de aceite de linaza al que se le incorporaba ajo, previamente bien machacado en un mortero, que actuaba como secante. El uso de la pintura fue tardío, especialmente en el rural. Dentro de los colores había uno predominante en la zona, siendo el de mayor aceptación el color verde, usado por lo general en puertas y ventanas.

Colores empleados

En los portalones el rojo-granate era el de mayor elección. Estas pinturas por su elevada carestía se rareaban empleando aceite de linaza.

Un ejemplo más del inexplicable afán por destruir las huellas histórico-artísticas

Es inexplicable el afán que existe en destruir las huellas histórico-artísticas del pasado. Entre el patrimonio cultural desaparecido figura en destacado lugar el patrimonio destruido por la mano del hombre. Dentro de este nefasto proceder figuran los vetustos portalones, actualmente considerados estructuras arquitectónicas emblemáticas. Según Wilfriend Koch y otros destacados autores «el precursor del portal es el Arco de Triunfo romano».

El portalón de San Lorenzo de Vilatuxe, era un singular ejemplo de los sistemas tradicionales de construcción de la zona. Y su carácter, dando entrada a un recinto de considerable extensión ?100.000 m2?, marca la diferencia con los portalones o portaladas de acceso a las viviendas. De existir, constituiría un claro ejemplo de entrada a una antigua propiedad rural religiosa, fruto de «la cultura artística local, que contribuye a la afirmación de identidad de una región y de un pueblo» (Da Silva, M.A).

Además de su esencial función, el portalón tenía la de proyectar una imagen distintiva, de prestigio, realzando la puerta de entrada. Este aspecto debiera ser entendido en el contexto en que fue concebido. Ante situaciones de imperiosa necesidad, como parece fue el caso que nos ocupa de acondicionamiento del vial, siempre antes de proceder a su destrucción se debería desmontar y montar en lugar adecuado.

No podemos concluir sin hacer un llamamiento en defensa de estas obras de interés. Las mutilaciones, destrucciones o actuaciones desafortunadas, van paulatinamente dinamitando nuestra riqueza cultural. Con la presente publicación es nuestra intención abrir una vía del estudio de estas estructuras arquitectónicas adinteladas, ponerlas en valor y acrecentar el sentido de responsabilidad de los dezanos, cuestión de máxima importancia para su salvaguarda.

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