Explosionan una granada de la Guerra Civil hallada en una casa de Silleda

El material estaba bastante deteriorado y apareció por causalidad en una limpieza


lalín / la voz

A José Iglesias le tocó como a otros muchos españoles vivir la Guerra Civil. Quién sabe si quiso guardar una granada de aquella fratricida contienda como recuerdo o tan solo se la trajo en espera de otro destino. A él apuntan todas las miradas como el último dueño de una granada que mantenía su carga y que fue encontrada por su hijo en la casa familiar de Outeiro, en la parroquia silledense de Escuadro. Uno de los hijos de José, Manuel Iglesias, fue quien encontró el artefacto de forma casual.

La granada estaba en una pared de un cobertizo anexo a la vivienda principal. Manuel Iglesias estaba realizando labores de limpieza en ese espacio cuando de repente se percató de la presencia de un objeto extraño en un hueco de la pared. Al cogerlo fue cuando constató que se trataba de un artefacto explosivo.

Hasta entonces nadie había visto nunca ese material, como contaba ayer uno de sus sobrinos. Y todos apuntan a que fue el padre de Manuel quien lo trajo a Silleda tras participar en la Guerra Civil. Eso sí, solo se podría elucubrar con el periplo de la granda desde aquella época, hace casi nueve décadas, si siempre estuvo en esa pared o si antes había tenido otras ubicaciones incluso fuera de esa vivienda de Outeiro.

Manuel Iglesias encontró la granada en la tarde del pasado martes y pretendía llevarla él mismo hasta el cuartel de la Guardia Civil. Pero fue disuadido por familiares ante el riesgo que suponía, limitándose a llamar a este cuerpo de seguridad para dar cuenta del hallazgo. Ayer acudían sobre las 11.30 horas agentes y también artificieros para verificar el descubrimiento, procediéndose a su detonación en torno a las 12.30 horas. «Hizo bastante ruido e incluso cortaron la carretera por si se producía metralla que pudiese dañar vehículos», apuntaba un sobrino del dueño de la casa, pues el vial está a apenas quince metros. Incluso la vivienda, donde reside Manuel como su mujer, llegó a temblar al detonarse el artefacto.

El material estaba bastante deteriorado pero con riesgo de que detonase e incluso supuso un peligro manipularla sin las debidas medidas de protección. Manuel la cogió sin percatarse de ese peligro. Ahora lo ocurrido sin duda quedará en una anécdota, en un hecho singular que irán transmitiendo las generaciones y que todo apunta nació hace casi 90 años con el «recuerdo» que se trajo José de la contienda civil española.

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