«La lucha armada puede durar años pero nadie te va a regalar tu tierra»

Vino para trabajar y mejorar pero ahora se unirá al Ejército para combatir


Lalín / la Voz

Abderrahman Abdelmonem es saharaui, tiene 28 años y lleva dos residiendo en Rodeiro. Nunca conoció su patria y ya nació en un campo de refugiados. Cuenta que «desde pequeño me enamoré de Galicia». Aquí llegó con el programa Vacaciones en paz y estuvo tres veranos en Salceda de Caselas y Nigrán. Uno de sus primos vino a Rodeiro y conoció a gente de esta zona, de ahí la elección de este municipio dezano.

En Galicia estuvo con 7, 8 y 10 años. «Era un mundo distinto. Nosotros jugábamos al balón descalzos. Allí todo es arena», comenta. Aquí encontró una realidad diferente verde y agua. Vino aquí en busca de un trabajo pero después de que estalló la guerra confiesa que «poco tempo me quedaré aquí» porque «tenemos que luchar o morir por la tierra. La política solo nos hizo sufrir y nos dejó abandonados. No vemos otra solución».

Es consciente de que «la lucha armada puede durar muchos años pero nadie te va a regalar la tierra. Hay que luchar por ello. Luchamos 30 años pacíficamente y no nos dieron nada. Estuvimos perdiendo vidas, sufriendo y no arreglamos nada. Estuvieron torturando a nuestros familiares en los territorios ocupados».

Son ocho hermanos y dos están ya en el ejército pero «no es el ejemplo de mis hermanos, hay miles, todos se fueron. Nosotros sentimos vergüenza de no estar en el ejército en las primeras filas» y sumarse a la lucha por la patria, afirma, recordando que «no es la primera vez que vivimos esto».

Reclaman una tierra, un país, una patria, que ellos ya no conocieron. Sus padres, en cambio, «estuvieron bajo la ocupación española. El Sáhara occidental era la provincia 53. Somos un país muy rico» y en el conflicto que los dejó sin tierra pesan los intereses económicos.

Para ellos, España los abandonó aunque eran ciudadanos de este país y se queja que ahora diferentes países les roban sus recursos naturales, pesca incluida. Explica que «los saharauis somos un pueblo muy pacífico» y llevan sufriendo 30 años confinados en campamentos de refugiados donde no encuentran ni oportunidades ni futuro.

Cuenta que «las familias están divididas. Siempre hay alguien que está fuera. Tenemos que estudiar fuera y pasar meses separados de nuestras familias. A mí me tocó Argelia, algunos van a Cuba, a Libia o incluso alguno viene a estudiar en Galicia». Desde la Primaria, apunta, «te vas a Argelia a estudiar y solo puedes venir dos meses en verano a ver a tu familia y luego vuelves a irte. La vida es muy difícil y complicada allí». El hospital más próximo «está a 2.000 ó 2.500 kilómetros». Una vez que uno llega a adulto «tú te tienes que buscar la vida», indica.

En Rodeiro no está solo. Vive con su padre que está operado del corazón pero ahora está bien y una hermana. En Tinduf está su mujer y su hijo. «Lo dejé recién nacido y desde entonces no lo veo. Ahora tiene un año y dos meses», apunta. Su padre, dice, «lleva tres años sin ver a su familia».

El 13 de noviembre del 2020 comenzó la guerra otra vez, pero se queja de que aquí «nadie habla del tema. Hay un bloqueo general y es un asunto que no sale en las noticias», pese a que en España «las autoridades apoyan al pueblo saharaui». Su padre se vino antes que él y enfermo. Decidió quedarse aquí para mejorar su vida explicando que «allí no tienes donde trabajar, no puedes mejorar. Vivimos de la ayuda humanitaria pero en estos momentos no llega ni para una semana».

En la actualidad no trabaja y apunta que se irá pronto a luchar por su país. Confía en que la guerra les devuelva su patria y puedan dejar los campamentos argelinos donde viven desde hace casi 30 años y ponga fin a tantos años de promesas incumplidas.

Lo que iba a ser una medida provisional se convirtió en una trampa sin salida. La vida en los campamentos es precaria. Sufren tormentas de arena continuas, temperaturas extremas y «cuando llueve caen todas las casas porque son de adobe. Menos mal que la lluvia cae cada 10 años».

«Espero y pido que mi hijo no viva esta situación y pueda disfrutar de su país, de sus escuelas, de las calles y no viva en un campamento», asegura. Un deseo que le llevará a enrolarse «para defender a mi patria y luchar o morir por ella», sentencia.

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