«Con 25 anos fun o reloxeiro máis novo que había na Comarca de Deza»

Se encarga del mantenimiento de los relojes de torre de concellos e iglesias


Lalín / la Voz

Lejos quedan aquellos tiempos en los que en cada localidad era fácil encontrar uno o varios relojeros, herederos de un oficio que ahora cada vez va cayendo más en el olvido. Pese a todo sigue habiendo en la comarca buenos profesionales que, en la mayoría de los casos aprendieron de sus padres y estos de los suyos transmitiendo las enseñanzas del oficio. Óscar Torreiro nació en A Estrada, se crio en A Bandeira pero se siente «de Rodeiro», localidad donde lleva instalado 22 años apuntando «digo sempre que son de Rodeiro, cambote coma quen di».

Aprendió el oficio en la Escuela de joyería y relojería do Atlántico en Vigo donde realizó unos cursos por mediación de la Escuela de Joyeros y relojeros «e funme introducindo». A esa formación se sumaron otros cursos en la Escuela de Joyería del Atlántico «fun collendo experiencia e fun aprendendo». Parte de esas enseñanzas se las transmitió, apunta, un relojero de A Bandeira «que xa faleceu».

Afirma que «fun o reloxeiro máis novo da comarca de todo Deza con 25 anos e creo que sigo sendo o máis novo». Hoy en día, comenta «teño 48 e ningún que teña unha xoiería en todo o Deza ten 48 anos, ten máis. Está Luis González en Lalín e Fernando en Silleda descendente de Eulogio pero non eu máis novo que eles. Eles aprenderon de seus pais, pero o meu ten un taller e ninguén da familia se dedicaba a isto».

Hoy, dice, «arránxanse os reloxos antigos que había nas casas porque son dos avós ou os bisavós, pero hoxe unha persoa nova non le da importancia e a veces, nin se arranxan porque molestan».

Arregla relojes de torre como los del Concello de Agolada y Rodeiro y alguno en las iglesias. Le dan miedo las alturas y eso le valió tener que renunciar a algún encargo como el del reloj de Cea y confiesa que empezó a subir y acabó dando la vuelta y bajando. Los de Rodeiro y Agolada, explica, «son antiguos pero electrónicos».

El de Rodeiro, indica, fue Eliseo Diéguez cuanto fue alcalde el que le hizo el encargo «porque o reloxo non funcionaba». Desde entonces lleva el mantenimiento. Lo mismo pasó con el de Agolada . se lo dio a arreglar el anterior alcalde, Ramiro Varela, y el actual, Luis Calvo, «díxome que seguira». Se encarga del mantenimiento de ambos que consiste en una puesta a punto anual. Los toca dos veces al año para cambiarles la hora y una para «botarlles aceite, mirarlle e revisar a sonería e limpalos, sobre todo, da graxa que se vai acumulando todo o ano».

Sin campanas nocturnas

Ninguno de los dos relojes toca de noche para no molestar a los vecinos, pero igual que en establecimientos o casas de vez en cuando se dispara una alarma, los relojes también encienden a veces por su cuenta. Cuenta que «unha noite estaba cenando cuns amigos en Merza e chamoume o do bar Estraloxo de Rodeiro porque era de noite e o reloxo púxose a tocar sen parar».

Y es que al principio a los vecinos les costó acostumbrarse a su presencia. «Agora xa non o oen, Están acostumados e o reloxo é xa un veciño máis».

Hace 22 años abrió un establecimiento de joyería y relojería en Rodeiro y hace cuatro años «pola demanda, porque tiña moitos clientes de aquí» abrió la joyería Diamante en Lalín. La de Rodeiro la atiende su mujer.

Entre los encargos se suman también muchos relojes de pulsera de todo tipo. Confiesa que tiene una gran cantidad de ellos sin recoger, y por lo tanto, sin cobrar el arreglo. «Non son reloxos bos e non veñen a recollelos».

A su tienda llegan también relojes de pared para reparar. Los más antiguos son Morez y también relojes de bolsillo. A los de torre suma los arreglos de los de la iglesias como la de Carboentes, en Rodeiro. «Son reloxos electrónicos que poden tocar a misa sen tocar a nada, dende un teléfono móbil e sen ter que subir a tocar as campás».

«Algunhas pezas as consigo en Portugal procedentes da antiga fábrica da Reguladora que xa pechou»

Las averías más frecuentes en los relojes mecánicos, indica, son «por desgaste ou por non ter mantenemento». Estos días en la tiende tiene uno cuyo péndulo le traer de cabeza. Explica que «Houbo un reloxeiro en Silleda que tivo moitísimos discípulos» y muchos de los antiguos relojeros «aprenderon fozando nos reloxos. O mecanismo é sempre mesmo». Los de pared pueden tener la carcasa exterior de madera o metal pero a la hora de repararlos, el problema muchas veces es conseguir las piezas necesarias para sustituir las que están gastadas o estropeadas». Cuenta que para muchos «case non quedan pezas para eles. Algunhas as consigo en Portugal. Alí había unha fábrica, que xa pechou, que era A Reguladora, pero seguen tendo pezas para os reloxos que máis abundaban nas casas».

En las de cierto poder adquisitivo de la zona se podían encontrar «os isabelinos, ollos de boi que se chaman» embellecidos en la mayoría de los casos con incustraciones de nácar.

Cuando llegó a Rodeiro «non me coñecía ninguén e tiven que pedir recomendación para que me alugaran un baixo e agora non cambio Rodeiro por nada». «Os meus fillos son cambotes», añade.

Tiene dos. Un chico de 20 años y una chica de 18. «Noelia quere seguir co oficio, iso di, e ven comigo case sempre». Confía en que su hijo Marcos acabe también en el gremio. Estudio ya algo de joyería y pensó que le valía el curso para acceder a la escuela pero entre eso y la pandemia se quedó en un primer momento fuera. Se matriculó en el IES Marco do Camballón de Cruces donde este curso estudia soldadura, pero Óscar confía en que después retome su oficio.

Para Óscar Torreiro «empezar non foi doado, a xente víame moi novo e non se fiaba de que puidera arranxar os reloxos porque todos os reloxeiros eran persoas maiores con experiencia e xa unha idade». Con sus arreglos se fue ganando la confianza de la clientela y sumando relojes de todo tipo reparados.

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