La aventura por la Vía da Prata desde Sevilla que tuvo parada en Lalín

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Miguel Souto

Un grupo de la asociación viguesa DisCamino, del que forman parte cinco personas con discapacidades severas, completa un nuevo desafío

18 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El día 3 salieron de Sevilla siguiendo la ruta del Camino Mozárabe-Sanabrés o Vía da Prata y ayer llegaron a Lalín tras cubrir 950 kilómetros. Hoy alcanzarán Santiago poniendo fin a un nuevo desafío anual que vuelve a hacer realidad el lema de la asociación viguesa DisCamino a la que pertenecen y que es «que no te digan que no puedes». A las 11.30 horas llegaban al casco urbano lalinense y Daniel Antelo sellaba sus credenciales. Después disfrutaron del churrasco en el Fogar de Breogán para celebrar esta penúltima etapa.

En el albergue de A Laxe hablábamos con ellos. Javier Pitillas explica que la de ayer fue la decimoquinta con una media diaria de 80 a 50 kilómetros. Del grupo, forman parte cinco personas con discapacidades muy severas. Suso Valverde tiene una paraplejia por un accidente laboral; Pablo Paz, una hemiplejia por un ictus, Laura Martínez, espina bífida; Naiara Arteaga nació solo con una pierna y sin brazos, y Merchi Álvarez sufre atrofia muscular espinal y se puede poner de pie con mucha ayuda pero ya solo puede mover la cabeza.

El grupo se formó hace tres años. Hicieron con DisCamino el Camino del Norte y, explica Javier, «la cosa fue tan bien que acabamos siendo un grupo de amigos. El año pasado hicimos la costa portuguesa desde Vigo y al acabar el último día allí ya decidieron hacer algo más y eligieron la Ruta da Plata». Lo peor de esta aventura, apunta, «fue el calor, sobre todo en el tramo de Sevilla y de Extremadura, fue tremendo. Por Castilla-León también y no empezamos a tener un poco de fresco hasta la etapa anterior a Zamora». Se están levantando a las 4.30 horas para empezar el camino a las 6.00 y tener al menos tres horas de algo de fresco.

Para alojarse buscan pabellones de deportes para facilitar la movilidad de las personas en sillas de ruedas. Explica que los albergues como el de A Laxe donde se alojaron ayer «están muy bien pero solo hay una habitación adaptada en la planta baja y solo tiene dos camas y nosotros vamos con 5». Comenta que «eso es lo normal y no nos vale». Usan los polideportivos para disponer de espacio y duchas a ras de suelo en un mismo nivel. El problema «es que tienen techos de lata que hace que se conviertan en invernaderos». A lo largo de la ruta tuvieron la ayuda de los ayuntamientos que les brindaron el uso de gimnasios u otros espacios más frescos o con aire acondicionado.

En el grupo fueron todo el tiempo 14 pero en las últimas etapas se incorporaron compañeros que hicieron la ruta hasta Salamanca y luego marcharon para trabajar. Ahora están los que empezaron y los que hicieron la segunda parte, en total 18 personas, incluida una voluntaria de Albacete, y una perrita, Siti que les acompaña en esta aventura. A esas cinco personas con discapacidad se añaden los pilotos de apoyo, los conductores de las furgonetas y, entre otros, los asistentes de Merche y Naiara que son las personas que están todos los días con ellas, en el caso de Naiara, que es del País Vasco, es su ex suegra y un cocinero.

Vehículos especiales

En el albergue ayer estaban las bicicletas y los vehículos especiales que utilizan los diferentes miembros del grupo para desplazarse. Javier relata que «la chica que tiene la espina bífida y el chico que tiene la paraplejia no tienen funcional el tren inferior pero sí el superior y manejan bicis de pedaleo con los brazos. Van ellos solos y llevan una bici al lado para ayudarles en las zonas complicadas. Llevan detrás una T en la que se puede apoyar una bici normal para empujarlos. Pablo, que tiene la hemiplejia, lleva una bicicleta reclinada, pedalea y tiene todos los mandos, los dos frenos y los cambios en la mano derecha. Y tanto Merche como Naiara, que no se pueden mover, van en una bici-silla sentadas y disfrutando del paisaje.

El grupo rebosa complicidad, compañerismo, alegría y buen rollo. Ayer llegaban a la penúltima etapa con la satisfacción de haber cumplido un nuevo desafío pero también con la tristeza de que se acabe la aventura. Tras la comida aprovecharon la sobremesa para pensar en qué harían el año que viene. La idea es irse a los Pirineos y para el siguiente barajaban las islas.

Historias de vida y de superación con muchos sueños

Detrás de cada miembro del grupo hay una historia de vida. Pablo fue campeón de España de traineras y remaba en la zona de Moaña. Fueron campeones de España en el 96 y hace casi 10 años que tuvo un ictus y solo tiene funcional la mitad del cuerpo. Cuenta Javier que «llegó a nosotros con un compañero suyo que era piloto nuestro, voluntario de DisCamino y cuando se lo encontró un día por Moaña arrastrando la pierna le dijo: tengo para ti un desafío: ven a pedalear. Él le contestó que cómo iba a hacerlo y la idea era que Pablo con la pierna buena tirara y con la mala hiciera lo que pudiera usando un triciclo tándem en las que hay un piloto que es el que lleva el triciclo y la otra persona pedalea».

Explica Javier que «él cuenta que cuando se subió por primera vez al triciclo fue como un revivir para él que era un deportista de élite y tenía de nuevo la oportunidad de hacer ejercicio y cansarse». Cuando llevaba con la agrupación mes y medio «se planteó la posibilidad de dirigir el triciclo solo con una mano, al principio le costó y hoy es piloto nuestro y lleva a otro compañero con una discapacidad más complicada». Merche fue campeona gallega de taekuondo «y de pronto dejó de poderse mover. En el caso de Naiara, ella nació así pero ahora pueden disfrutar de la naturaleza, de la velocidad, del grupo...».

Discamino empezó en el año 2009 con Gerardo, un alumno sordociego de Javier que falleció en noviembre. «Su madre tuvo rubeola cuando estaba embazada y él nació con una lesión cerebral. No tenía equilibrio, pasó media vida en una silla de ruedas y su sistema nervioso y su cerebro se hacían viejos más rápido de lo que tocaba. Cuando falleció con 47 años su cerebro tenía 90». En el 2009 encontraron el triciclo tándem y con él hicieron el Camino y al llegar a Santiago «Nos dijo que siguiéramos buscando gente como él para hacer el Camino muchos años». En estos 17 años, la Vía da Prata hace el Camino número 166. «Hemos venido desde Roma dos veces, hemos dado la vuelta a la Península completa en el 23, subimos cuatro veces el Mulhacén. Cada uno tiene un sueño y nuestro objetivo es hacerlo realidad, afirma.