Clubes, entidades sociales, deportivas y culturales ensalzan su bonhomía
13 jul 2026 . Actualizado a las 20:37 h.«Hoy Lalín es un poco peor porque se han llevado a alguien que lo hacía mucho mejor... Dicen que Dios escoge las mejores flores del jardín». Una frase de la Escudería Clásicos O Toxo que puede resumir el sentir generalizado en la sociedad lalinense, de todo de Deza, ante la repentina muerte este domingo de Juan Carlos Blanco. Juan Pegatinas para sus amigos, que eran legión, aún intentando horas después asimilar ese mazazo. Un empresario de tan solo 52 años que siempre arrimó el hombro y colaboró con múltiples iniciativas, en el ámbito social, cultural y deportivo. Un hombre apasionado de las dos ruedas, de las motos o de la bici, como la que cabalgaba cuando caía fulminado.
Su bonhomía, su espíritu y afabilidad, le granjearon durante años el cariño de centenares de vecinos. Desde que trascendía la noticia de su fallecimiento las redes sociales se convirtieron en un hervidero de comentarios de pesar por su temprana marcha. Ensalzan su disposición siempre a colaborar, su trabajo incansable desde su firma de impresión y serigrafía en Cidade Xardín.
Como expresaban desde la Asociación Cultural e Veciñal de Lalín de Arriba, «non só perdemos a un veciño que compartiu tantos anos connosco, perdemos a esa persoa que sempre sumaba, amable, discreto, dos que fan que o mundo sexa un pouco mellor só coa súa forma de ser». Colectivos como O Mencer, Carabelo o Aupa Deza lamentaban su pérdida, junto a toda una panoplia de clubes deportivos de la comarca dezana. También desde entidades culturales como O Naranxo o Noceda Rock y asociaciones vecinales como A Cacharela, junto a formaciones políticas, empresarios y numerosos vecinos a título particular.
Pero desde el mundo del motor, su pasión junto a su familia, la de un aventurero siempre dispuesto a surcar la ruta más ignota a lomos de su moto en un país desconocido, se sintió de forma muy especial su partida. No en vano tuvo un papel protagonista en el inicio del Rali do Cocido o en la gestación del Motoclub Kilómetro 0. José Murado, copiloto de ralis, recordaba los veinte años de trabajo juntos y la amistad que les unía.
«Siempre había risas, entre encargo y encargo, y siempre llegaba a tiempo», recuerdan de Juan. «Tiña a virtude de axudar aos demais sen facer ruído», otra frase a suscribir. Su familia, rota por el dolor, seguro que con el paso de los días podrá comprobar ese legado inmaterial que dejó una de esas personas que hacen, sin ostentación, mejor a la sociedad.