Homenaje al primer científico gallego, respetado hace dos siglos en Europa

Javier Benito
Javier Benito LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Lalín reconocía como Fillo Predilecto a José García, el Matemático de Bermés

30 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

En una pequeña aldea lalinense, en Bermés do Fondo, nacía un 25 de octubre de 1770 quien está considerado como el primer gran científico gallego. José Rodríguez y González brilló con luz propia en los tiempos de la Ilustración, aunque cayese después en una marginación de tintes políticos y acabase enterrado en una sepultura anónima en la iglesia de San Agostiño de Santiago, un 30 de septiembre de 1884. Su figura y obra revivía hace ahora once años, en el 190 aniversario de su muerte. La entonces Consellería de Cultura e Educación decidía dedicarle en el 2014 el Mes de la Ciencia en Galego, pero en su tierra natal también quisieron tributarle un reconocimiento de primer nivel al nombrarlo Fillo Predilecto.

Si ya ostentaba una de las calles centrales de la capital de Deza, en noviembre del 2014 se organizaba una ofrenda floral ante el busto dedicado al conocido como Matemático de Bermés, emplazado en el campo da festa de su parroquia. En aquel acto el alcalde, José Crespo, avanzaba su intención de llevar a pleno en diciembre el nombramiento de José Rodríguez como Fillo Predilecto de Lalín, además de colocar una placa en su memoria en su casa natal tras pactar esa decisión con sus descendientes.

Un 31 de diciembre de hace ahora once años se escenificaba ese nombramiento de Fillo Predilecto que había sido aprobado previamente de forma unánime por la corporación en sesión plenaria. En la casa donde había nacido José Rodríguez en 1770 se colocaba una placa conmemorativa dedicada al «home que sabía de todo». No faltaron los discursos ni las referencias a su trayectoria como científico y político, además de la actuación de miembros de la antigua banda Unión de Bermés.

Aquellas iniciativas del 2014 en torno al Matemático de Bermés acercaron su figura a la ciudadanía, superando el ostracismo y olvido de una figura solo conocida en el mundo de la ciencia. Permitieron recordar por ejemplo que otro hijo ilustre lalinense, el astrónomo Ramón María Aller, fue uno de sus más fervientes admiradores y publicó en 1929 una de las más amplias biografías en torno a José Rodríguez, así como un profundo estudio científico de su obra manuscrita que se conversa en la Universidade de Santiago de Compostela (USC).

Perfil biográfico

Las publicaciones existentes permiten trazar el perfil personal y profesional de José Rodríguez, quien iniciaba sus estudios en Monforte de Lemos a través de su tío cura, Pedro Villar, para recalar después en Santiago donde ejercicio como catedrático de Matemáticas. Una plaza que logró con tan solo 28 años. Un hombre docto y viajero incansable que impartió cursos en el Ateneo de las Ciencias de París y que elaboró en 1808 un mapa de España. Todo un científico adelantado a su tiempo, profundamente respetado por investigadores de toda Europa en años de avance, en plena Ilustración.

Su carácter emprendedor y la pasión por el conocimiento le llevó a conocer muchas universidades y centros de investigación de toda Europa en los inicios del siglo XIX. Entre las muchas anécdotas que se atesoran sobre José Rodríguez podemos citar que en Londres llegó a corregir un defecto de cálculo de los británicos en torno a la anchura del Ecuador y los polos.

En aquellos actos de hace once años con motivo de la dedicatoria del Mes da Ciencia en Galego a Rodríguez, el entonces presidente de la Real Academia Galega de Ciencias, Miguel Ángel Ríos, le ensalzaba como «unha auténtica referencia, un home enciclopédico como todos os ilustrados; foi unha autoridade en disciplinas como a xeodesia, a astronomía ou a mineraloxía». Entre sus hitos destaca por encima de todo participar en las mediciones que permitieron definir el metro y crear el actual sistema métrico decimal. Fue quien introdujo la cristalografía en España y demostró empíricamente que la tierra estaba achatada por los polos, desmintiendo a los grandes de su época y dándole la razón al legendario Isaac Newton.

José Rodríguez dominaba diversas lenguas, entre ellas el francés y el alemán, ejerciendo un tiempo como director del Observatorio Astronómico de Madrid. A su labor científica debemos sumar la política, ejerciendo como diputado en las Cortes, pero la abolición de la Constitución de 1822 motivó que cayese en la marginación del poder, decidiendo regresar a Galicia, falleciendo solo dos años después en la capital compostelana.

Nuevos reconocimientos

Si en el 2014 se le nombraba Fillo Ilustre de Lalín, además de dedicársele el Mes da Ciencia en Galego, el 2024 supuso el definitivo empujón para poner en valor su figura y su obra. Con motivo del bicentenario de su muerte se decidió que José Rodríguez fuese el Científico do Ano. De forma paralela desde el Concello de Lalín se trabajó junto a otras Administraciones e instituciones para promover diversos actos de reconocimiento, entre los que destacó una exposición itinerante por diversas ciudades que concluyó este pasado marzo en Bruselas, en la sede del Parlamento Europeo. Una publicación y jornadas en torno al Matemático Rodríguez formaron parte de ese intenso calendario programado el pasado año, que incluyó colocar una placa en la iglesia santiaguesa donde reposan sus restos.

Lamentaba el alcalde de Lalín cuando se acordó el reconocimiento local a su paisano que no se supiese con exactitud dónde estaban sus restos. Porque para José Crespo, seguro que respaldado por otras muchas personas, deberían estar depositados en el Panteón dos Galegos Ilustres en Bonaval.