«A Solaina, su hija, su amor, su vida, es conocida en los cinco continentes»

Javier Benito
j. benito LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Javier Benito

Afirma que seguirá al frente de la entidad «para que esto no muera»

09 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Carmen Lareo se emociona y emociona al hablar de su hermano. «Soy una tonta sentimental» reconoce de entrada Carmucha, como todos la conocen. Pero abnegación, tesón, perseverancia y amor la definen mucho mejor. Y la primera pregunta, enfrentadas las miradas en un rincón de A Solaina, resulta tan obvia como inevitable, en torno al recuerdo de Paco diez años después de su desaparición física, porque su alma sobrevuela a diario acompañando «a súa querida filla».

«El otro día me preguntaba el artista Carlos Santos lo mismo y en mi caso siento dolor, rabia, porque fueron mi hermano y mi hijo en dos años los que se fueron; tratas de comprender, te preguntas porqué a mí. Paco aún tenía edad para haber seguido trabajando, haciendo cosas», encadena sin pausa Carmucha. Un vacío difícil de explicar donde bulle una emoción que logró contener en la inauguración de la exposición abierta estos días en Lalín pero que desbordó en Vedra, reciente parada de la muestra itinerante con fondos de A Solaina.

Reconoce la ahora presidenta de la Fundación Paco Lareo A Solaina de Piloño que «extraño mucho a Paco, como hermano, confidente, amigo, a pesar de tener un carácter especial, porque era egocéntrico, aunque yo el protagonista nunca se lo robé; tampoco lo quiero ahora, con ser Carmucha me llega». Algo egoísta también cuando en octubre del 2011 delegó en ella apelando a la sensibilidad la gestión de ese faro cultural y «no iba a dejarlo tirado en ese momento, eramos un tándem en equilibrio desequilibrado», remacha aludiendo a la especial manera de ver el mundo de los artistas, que a veces al resto de los humanos les puede parecer una barbaridad.

Dolor y agravios

De Paco ensalza su altruismo, «era muy generoso, tanto que a veces recibió bofetadas pero consiguió dejar al ayuntamiento esto que está erguido aquí, en medio de la nada». «Él llegó con la ilusión absoluta al regresar de Venezuela en 1982 de crear un centro cultural en Piloño porque pensaba que las aldeas merecían tener cultura, no tener que ir a las ciudades a disfrutar de ella», recuerda Carmucha. Un gran sueño que logró materializar de un hombre muy sensible, «a veces lo encontraba llorando en la fragua, en especial cuando a Paco le robaron la ilusión de su vida, con la puerta en la entrada de Vila de Cruces que iban a hacer él y O Vila, para después poner un engendro de tubos que incluso quisieron que firmara; en ese momento comenzó su decadencia y se fue, aunque quizás se iría igual».

La emoción regresa al rememorar el día previo a su muerte, cuando recorrieron distintos rincones queridos, como Gres, la casa materna,... e incluso dieron una vuelta a la «rotonda maldita y allí lloró», además de una premonitoria despedida de su «nena» y «yo tuve que decirle adiós a uno de los más grandes». Pero Carmucha prefiere arrinconar recuerdos tristes y ensalzar por ejemplo el cariño que siempre recibió su hermano en Lalín: «le querían, le tomaron en cuenta y le compensaron su generosidad, aunque en otros lugares no lo hicieran, parecía que estorbaba y eso me entristece».

De ese cariño lalinense alude al encargo a Daniel González Alén «para que busque algo público y dedicárselo a Paco». «Él dedicó toda su vida a esto —reflexiona Carmucha—, a ayudar a todo el mundo y consiguió que A Solaina fuese conocida en los cinco continentes, en todas partes, porque era su hija, su amor, su vida».

«El dolor de la pérdida aún no se me fue, por él y por mi hijo, pero yo no sigo aquí por mí», asevera con firmeza Carmucha. Pilota la fundación por el expreso encargo de su hermano, no sin sinsabores constantes porque las vías de financiación son escasas y los gastos importantes. «Mientras pueda intentaré que esto no muera, porque yo no cobro, me dedico de forma altruista y luego te encuentras con situaciones como el año pasado que de la ayuda de Vila de Cruces de 2.500 euros le quitaron 300 porque Intervención ahora no justifica facturas que antes sí valían», lamenta Carmucha.

Ilusión al publicarse el primer catálogo de su obra

El desencanto por las exiguas vías de financiación con que cuenta la fundación queda eclipsado con un deseo a punto de convertirse en realidad. A Carmucha se le iluminan los ojos ante la inminente publicación del primer catálogo de la obra de Paco Lareo, con motivo de la exposición abierta estos días en Lalín. Su confección está en el proceso final, incluyendo textos del conselleiro de Cultura, la artista Lucía Dubra y de ella, entre otros. «Cuando desde la Secretaría Xeral de Política Lingüística me confirmaron que iban a colaborar para publicar el catálogo lloré de emoción, porque aunque él ya no lo vea por fin habrá esa obra», remarca, agradeciendo el apoyo de Armindo Salgueiro, encargado de las fotografías y la maquetación del libro. Hasta ahora solo se habían elaborado dípticos o trípticos a modo de folleto puntual de algunas de sus múltiples exposiciones.

Supondrá esa publicación un somero repaso, algo mas de treinta piezas entre pinturas y esculturas aparecen recogidas, a la ingente obra que dejó Paco Lareo. Desde dibujos a pinturas y esculturas., centenares de creaciones que aún se atesoran en Piloño aunque «él vendió algunas para vivir e invertir en A Solaina, pero también regaló muchas, y en contadas excepciones hizo algún intercambio con otros artistas». Parte de un legado de más de un millar de obras que campan por las distintas salas expositivas, los almacenes y el exterior de la casa museo. Otras muchas quedaron en Venezuela durante la etapa de Lareo como emigrante.

Carmucha destaca la capacidad visionaria de su hermano ejemplificada en un cuadro de un vaquero con la tela de los bolsillos rota, con los bolívares cayendo. Toda una premonición de la posterior debacle del petróleo que vivió el país sudamericano.

Isto é a miña vida fue la última exposición de Paco Lareo, en A Botica das Artes de A Coruña. Una muestra con mucha de su obra que él mismo llevó en furgoneta. Un artista que amaba crear en la fraga familiar, que estropeaba muchos cuadros. «A mí me fascinaba esa obsesión, siempre la quería perfecta; eliminó mucha obra que en muchos lienzos podríamos ver si borramos la que está a la vista». En la forja pintaba, pensaba, escribía, dormía la siesta,... Y no faltaban su paseos en busca de inspiración.

De la Xuntanza Internacional de Artes Plásticas a la Forxa Literaria o múltiples cursos

De las manos de Paco surgieron bocetos, dibujos, pinceladas sobre el lienzo, esculturas en piedra o madera. De su mente inquieta e idealista se gestaron retoños de A Solaina, que crecieron hasta vivir ya una plenitud que ensombreció la pandemia pero que empiezan a reverdecer, como el manto que rodea sus edificios. De la Xuntanza Internacional de Artes Plásticas, que hace unos meses se desarrollaba de nuevo con éxito amoldándose a las actuales circunstancias sociales y sanitarias, a la Forxa Literaria, cauce para ese caudal que también amaba, el de las letras y la poesía.

Los cursos de pintura se asentaron en el calendario de la fundación, como antes de la pandemia las excursiones que podían traer a más de ochocientas personas al año. Encuentros, publicaciones,... mientras toca lidiar con las cuentas, con las facturas, en breve con la humedad y el frío.

Una casa museo gestionada con esfuerzo, legado que debe clarificar su horizonte futuro

La casa museo a la que Paco Lareo insufló vida, donde lloró y rio, donde era feliz y que tan solo abandonó en la recta final para trasladarse a la residencia de Vila de Cruces, preserva su legado no sin un esfuerzo ímprobo. A Carmucha en algunos instantes le asalta un sentimiento de orfandad que aleja en apenas segundos, posando la mirada velada sobre un cuadro, una fotografía, una publicación,... los mil y un tesoros que se conservan para disfrute de todos.

El peso de gestionar la fundación reposa sobre los hombros de Carmucha, siempre dispuesta a atender las llamadas de quienes quieren visitar el faro cultural de Piloño. En su entrada una cartel con su número de teléfono, que también se puede consultar en la página web, sirve para abrirnos la puerta a ese remanso de paz que rezuma arte en cada rincón. A pesar de todas las dificultades, de los pequeños sinsabores, sigue dispuesta a preservar junto al resto de patronos y a cuidar con mimo ese ser vivo llamado A Solaina, donde Paco trabajó sin descanso y su ausencia queda matizada por un legado único en Galicia, que requiere más apoyo institucional para clarificar su horizonte de futuro.