«En política se entraba a dedo, para ayudar y no cobrar ni un duro»

Blanca López García, docente jubilada, estuvo tres años en Cultura en el Concello de Lalín durante el mandato de Luis González Taboada


lalín / la voz

Alegre, sonriente, amable y con una memoria prodigiosa. Así es Blanca López García, «de Lalín de toda la vida, del barrio de A Cacharela», sentencia desde su casa de El Escorial en Madrid donde lleva viviendo desde el año 1973 «pero volviendo a mi pueblo siempre que puedo, ahora no por esta situación sanitaria, pero deseando hacerlo». La traxectoria profesional de Blanca estuvo íntimamente ligada a la enseñanza; 36 años de profesión y jubilación a los 60; y en medio una pequeña incursión en el mundo político cuando todavía el papel de las mujeres en los ayuntamientos no era muy relevante.

-¿Cómo entró en política?

-A dedo (risas). Antes se entraba así, para ayudar en lo que se podía y sin cobrar un duro. No tenía nada que ver con lo que ocurre ahora. Llegó Licho (Luis González Taboada) y me dijo: «Tienes que venir para el ayuntamiento para ser consejera del movimiento». Y ya está.

-¿Y fue?

-Fui. Estuve en Cultura tres años, desde 1971 hasta 1973, que fue cuando me casé y me vine después para Madrid.

-¿Guarda buenos recuerdos de aquellos años?

-Muy buenos. Fui una más entre mis compañeros. Me trataron siempre muy bien. Recuerdo un viaje que hicimos precisamente a Madrid, en tres taxis, al Valle de los Caídos donde se celebró un encuentro de representantes de las diferentes regiones. A aquel encuentro fuimos Doñate, que ya era profesor en el instituto y estaba también en el Concello, junto con José Benito de la librería Alvarellos, Tito de la Calzada, Presas de los autocares y yo además del alcalde Licho. Era una más dentro del grupo.

-¿Era entonces la única mujer?

-Que yo recuerde no había ninguna más pero nunca me sentí discriminada como mujer. Mis compañeros siempre me hablaron con educación, y además tenían confianza a la hora de tratar determinados temas.

-¿Qué tipo de iniciativas llevó a cabo desde su departamento?

-Organizaba actividades para los niños, y en la Feria del Cocido por primera vez montamos un estand para recaudar fondos para ir de excursión en el instituto. Hicimos filloas y orejas y nos dedicamos a venderlas. Te aseguro que fue toda una novedad. Se instalaron unos pequeños puestos que estaban cubiertos, y las ventas fueron tan buenas que nos pudimos ir de excursión con los chavales a Santander, Bilbao, Burgos... Recuerdo que incluso puse dos niñas en las entradas del pueblo con unas cestas con camelias, con las que agasajaban a las mujeres que llegaban... Me gustó mucho esa etapa. Siempre me gustó y me atrae hacer cosas... La política, por contra, me da un poco igual pero como experiencia fue positiva.

-Entonces era Consejera del Movimiento en el ayuntamiento pero ya impartía también clases.

-Si. Comencé a ejercer en el año 1971. Mis primeras clases fueron en el instituto en Lalín antes de venirme para Madrid. Aquí, hasta que me jubilé estuve en un instituto del noroeste de la Comunidad, en Collado Villalba.

-¿Qué la llevó a marcharse a la capital?

-Me casé en el 73 (risas). Mi marido vivía en Madrid, estudió aquí, trabajaba aquí,... Su padre era profesor en El Escorial... Y acabé en Madrid.

-Dejó el Concello y la enseñanza en Lalín, en un pueblo, y llegó a Madrid. ¿Cómo fue su adaptación?

-Era una persona tímida y me encontré con un ambiente muy distinto. No tenía nada que ver la vida del pueblo a la de Madrid. Tuve que adaptarme, como seguramente le habrá pasado a muchas personas... Y me adapté bien (risa).

«La enseñanza hay que vivirla, y yo soy profesora por vocación hasta el final de mi vida»

La vida laboral de Blanca siempre estuvo vinculada a la enseñanza, desde su comienzo en Lalín hasta jubilarse en Madrid. Treinta y seis años de actividad, prácticamente ininterrumpida.

-Solamente tuve tres bajas en mi vida laboral, y fue por el nacimiento de mis hijos (risas). La enseñanza hay que vivirla de verdad, como lo hice yo. Soy profesora por vocación y lo seré hasta el final de mi vida. En mi instituto en Collado Villalba había una matrícula de más de mil alumnos, pudo haber una decena que incordiaban pero la mayoría eran jóvenes maravillosos. Guardo unos recuerdos muy buenos de mis años de enseñanza. Me apuntaba a los intercambios... Era de hacer cosas...

-Vamos que era una avanzada para su época.

-¿Avanzada? No sé, posiblemente (risas). Me fui 30 años a Italia con alumnos en viaje de estudios. En los primeros años fuimos en bus y luego en barco. Cruzamos Italia de norte a sur, con 95 / 110 chavales. Se les daba a elegir destino para viajar y siempre pedían Italia... Treinta años... Bueno cuando estaba en Lalín también saqué a los chavales en viaje de estudio, y también fue toda una novedad ya que no se hacía.

-¿Echa de menos las clases?

-Echo de menos el cariño de los alumnos. Cuando cumplí los 25 años de ejercicio en el instituto me hicieron una fiesta extraordinaria en la que participaron alumnos, exalumnos, profesores... Nunca se había hecho una fiesta de esas características. Cierto que en todos los años de trabajo nunca insulté a nadie... También creo que tuve mucha suerte en todo; en el trabajo e incluso en la jubilación. Ahora en la enseñanza hay más libertad para hacer cosas, pero mis años de trabajo fueron muy positivos y guardo excelentes recuerdos de lo vivido.

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