La labradora que no salió de Mintiráns, icono de la mujer rural en un mural de Lalín

Una foto de La Voz de María Rey fue la inspiración para el artista Ito Mosquera


carballo / la voz

En octubre del 2004, hace ya más de 16 años, José Manuel Casal, fotógrafo de La Voz, retrataba a una mujer vestida de negro que caminaba por Mintiráns (Caberta, Muxía), con un feixe de avenas a cuestas. Una imagen miles de veces repetida a diario en Galicia durante decenios, pero que ya entonces empezaba a ser menos frecuente, como casi todo lo relacionado con la labranza al estilo tradicional. Pero era eso, una imagen más con valor etnográfico, incluso antropológico e informativo, y desde luego fotográfico. Y ahí se quedó.

Pasados los años, esa imagen fue una de las tantas recuperadas diariamente para el portal de emigración de Global Galicia, en su serie de fotos sobre los paisajes, los oficios y la gente en general de Galicia. Al igual que otras, tuvo mucho éxito, y se compartió por centenares, algo que no ha dejado de ocurrir desde entonces. También, como casi siempre, sin cita de autor, algo demasiado habitual, a veces porque no se quiere, y otras porque en efecto no se sabe.

Esa imagen está ahora, pintada en un mural, en Lalín, en la calle Areal, debajo de un parque de Penatoares. Fue realizado por el artista Ito Mosquera, natural de Pontedeume, criado en Fene y residente en A Coruña, aunque dentro de poco se irá a otra provincia española debido a proyectos profesionales, como señalaba ayer. El encargo fue del Concello de Lalín, dentro de los actos relacionados con la mujer, y más en concreto para destacar a las que trabajan en el rural, a las labradoras. Ito, para inspirarse, buscó precisamente por Internet algo así y, naturalmente, apareció la de Mintiráns. Fue el espejo en el que miró. Ahora, cientos de personas los ven a diario en la capital del Deza, aunque seguramente ninguno sabe el origen: ni el propio artista lo sabía, ya que donde encontró la imagen no existía ninguna referencia.

Esa mujer era María Rey Quintáns, fallecida en diciembre del 2009, con 89 años. Era hija de un emigrante que se fue a Argentina, donde trabajó como gaucho en la Pampa. Eran tres hermanas y un hombre, y el varón, con 17 años, también siguió los pasos de su padre, según relata uno de sus sobrinos nietos, José Manuel Trillo, tras recabar más información entre la familia. Porque María no se casó ni tuvo hijos, y vivió en casa de su hermana Josefina, cuidando a sus sobrinas-hijas, y más tarde, a los descendientes de estas. «Era unha destas mulleres bravas do rural galego», señala este familiar. Su hermana Guadalupe asegura que si hay alguna mujer a la que dedicar un homenaje como mujer rural, era la tía María, «que traballou ata o último día». En sus últimos momentos perdió una pierna, pero nunca había tenido problemas de salud. Y ayudó en los partos de las mujeres de la familia.

Dice la familia que nunca salió de Mintiráns: esa fue su vida, su entorno, más allá de alguna feria (Bermún de A Pereiriña, Senande) o fiesta cercana. Por ejemplo, Santa Minia, San Campio o A Barca de Muxía. Y ya es casualidad, pero, hace años, cuando estaba junto a la Pedra de Abalar junto a otras dos vecinas de Mintiráns, alguien le sacó una foto a las tres, y justo esa imagen es la portada del libro Gestukoak (Ausencias), de Jesús Mari Arruabarrena. La familia (otra hermana, Elsa) lo descubrió por casualidad: alguien vio el libro circunstancialmente, le sonaron las caras, cotejó y preguntó y vio que eran ellas. También ahí, sin pretenderlo, había pasado a la posteridad.

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