Xosé Crespo: «El cocido es terapéutico»

LALÍN

miguel souto

El alcalde de Lalín, recuperado totalmente del covid, lamenta el aplazamiento de la popular fiesta a causa de la pandemia

22 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Directo, locuaz, intenso, cercano, energético, Xosé Crespo (Lalín, 1959) es el alcalde prototípico. Fue el más joven de Galicia y ahora es uno de los más veteranos. Vale la pena una charla con él, pero les doy un consejo: si tienen prisa, no le pregunten por el cocido.

—Usted fue uno de los primeros en contagiarse del covid.

—Tuve mucha suerte porque a otros familiares que también lo pasaron, les quedaron importantes secuelas. A mí, de momento, no. Me dio suave, aunque tardé seis meses en recuperar el olfato. Aún tengo anticuerpos.

—Al principio, el covid aún daba mucho más miedo. ¿Cómo se sintió cuando le dieron el diagnóstico?

—Nosotros, mi mujer y yo, nos infectamos los dos juntos. Ya empezaba a morir muchísima gente así que, cuando me lo dijeron, me entró un acongojo importante. Yo me sentía bien, pero decían entonces que los problemas respiratorios y la uci podían llegar en cualquier momento. Por consejo de un médico yo hacía un ejercicio de respiración que consistía en llenar los pulmones y mantener el aire diez segundos. Si lo conseguías sin toser, en teoría no tenías problema. Yo, en teletrabajo, hice actividad prácticamente normal, ni siquiera cogí la baja.

Lo que sí ha conseguido el covid es fastidiarles el cocido.

—Sí. Hemos decidido cambiarlo para el 16 de mayo, aunque no estamos seguros de poder celebrarlo. El día grande del cocido, Lalín concentraba hasta 70.000 personas y otros muchos eventos y eso, lógicamente, no se va a poder hacer. Será un cocido light, si es que finalmente lo tenemos. Para nosotros, es muy malo, porque el cocido es algo transversal que beneficia a mucha gente.

—¿Qué tal le sale el cocido a usted?

—Entiendo que bien. Me defiendo. Lo importante radica en la materia prima, porque el cocido es muy sencillo, solo hay que saber cocer. Es gastronomía a la antigua usanza, de fartar. No hay que pintar el chorizo con una salsa. Como se dice ahora, es slow food. Cunqueiro, que fue el primer pregonero, decía que en el cocido de Lalín se distinguen hasta 27 sabores distintos. Y los enumeraba. Es el plato más completo de la Península Ibérica. Y además, aunque es una comida pantagruélica, como es hervido, es fácil de digerir. Se decía que era malo para la salud, pero no; malo para la salud es no comerlo. Además, requiere tertulia. En este mundo tan acelerado, el cocido es terapéutico.

—Me ha entrado hambre. Cambiemos de tema. Usted fue alcalde 25 años, le desbancaron y ahora ha vuelto a la alcaldía. ¿Cómo vivió ese período fuera del despacho?

—Ser alcalde es lo más sacrificado, pero también lo más bonito. Yo lo fui 25 años que me pasaron como un relámpago; no me enteré. Y en mayo de 2015 me descabalgaron por un puñado de votos. Fui a la oposición, que fue un aprendizaje, duro. Pero no me resigné al proyecto que yo tenía para mi pueblo. Así que seguí luchando. Con dificultad, porque hay que decir que fuera de la alcaldía hace frío. Me reinventé, cambié el equipo y volvimos a saca mayoría absoluta. Me decían que era imposible que la recuperara y ahora demostraré también que la segunda parte será mejor, porque tengo la experiencia de gobierno y la de oposición. Tuve algún momento en el que estuve a punto de tirar la toalla, pero no lo hice.

—¿Cómo era de pequeño?

—Yo nací en una buena casa de aldea, en una explotación ganadera. Iba caminando al colegio, que estaba a tres kilómetros. Cuando cumplí los 10 años fui para el seminario de Lugo, del que guardo un grato recuerdo. Los años más felices de mi vida los pasé allí. Los compañeros nos reunimos todos los años aunque no tuvimos mucha suerte en el tema de curas. Empezamos 52 y después del COU no quedó ninguno para cura. Recuerdo que el rector presentó su dimisión. Pero nos prepararon bien para los problemas de la vida.