El hombre afable y conciliador que logró modernizar la sociedad de caza de Lalín

Julio Mariño fue un hombre muy activo en su comunidad


Lalín / la voz

Lalín perdía este mes a un hombre dialogante y afable, tras 42 días de lucha ingresado en la uci del hospital Montecelo de Pontevedra. Julio Mariño ostentaba la presidencia de la sociedad de caza y pesca local, que aglutina a centenares de aficionados, donde consiguió en menos de cuatro años dar un giro a su funcionamiento y modernizar su gestión. A sus 65 años, sus nietos le hacían brillar los ojos. Era un hombre muy familiar, que trabajaba en el Juzgado de Paz de Silleda. Sin duda el sitio idóneo para una persona siempre conciliadora, buen conversador y capaz de consensuar con quien discrepa. Su pasión por la caza sumó a otra practicada desde pequeño: el fútbol. Además de correr tras la pelota en sus años mozos, militando en algunos equipos modestos, ejerció como entrenador durante varias temporadas, tanto en clubes de categoría autonómica como trabajando con la cantera del Club Deportivo Lalín.

«Só lle faltaba poñerlle o lazo». Con esa frase resumía su compañero y amigo en la junta directiva de la sociedad cinegética lalinense, José Luis Montoto, la labor de Mariño en la entidad, donde además de la presidencia ya había ejercido otros cargos, como el de secretario. Y «sempre cun sorriso», capeando problemáticas como el estado de abandono de los montes y la merma de la caza menor por acción de los depredadores. También trabajó al lado de los ganaderos en su creciente preocupación por los daños causados por el jabalí, propiciando batidas para su control.

El vacío que dejó en la sociedad de caza aseguran sus compañeros será difícil de cubrir pero intentarán preservar su legado, ese trabajo incansable por buscar desde el acuerdo la solución a cualquier problema por complicado que parezca, a mediar con las Administraciones, como hizo Julio Mariño ante la Xunta para que se autorizase la caza mayor en todo el coto de Lalín y en el área de entrenamientos. Ahora les tocará sobreponerse a su ausencia y esperar a que la pandemia les permita organizar el homenaje ya prometido a quien políticos de distinto signo ensalzaron por sus valores. «Era unha boa persoa, sempre mirando polo ben dos seus asociados», insistía el alcalde, José Crespo. Su antecesor en el cargo, Rafael Cuíña, destacaba la deuda que tiene Lalín con él y su talante. Ese que tanto suele faltar en nuestra sociedad y, en particular, en la política.

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