Los ángeles del santuario de O Corpiño

Un grupo de voluntarios se encargan de recibir y atender a los peregrinos


lalín / lA VOZ

Unas de las misiones de los ángeles es servir de intermediarios entre Dios y la humanidad y otra la de anunciar buenas nuevas. El santuario lalinense de O Corpiño tiene sus propios ángeles, un grupo de voluntarios que sirven de enlace entre el rector del templo y los fieles que acuden a este lugar de devoción mariana. Un ejército de colaboradores que durante los días grandes de celebración se encargan de atender a los que llegan, de responder a sus preguntas y todo lo relacionado con la intendencia, que no es poco.

A diario y de forma regular son tres personas las que forman el corazón de este grupo de voluntarios que llevan a cabo el trabajo ordinario. Son los que reciben a los peregrinos que llegan de todas partes y también los que se encargan de las redes sociales de una Virgen que ostenta el honor de ser la primera de la zona que tuvo cuenta en Instagram, Twitter y Facebook. Unas formas de comunicación necesarias en estos tiempos, y más aún en estos meses de pandemia, en los que han servido de puerta a los fieles que pudieron acercarse al templo y a la Virxe do Corpiño sin necesidad de moverse de su casa.

Toño Iglesias Otero, Ana Criado Sánchez e Iván Bernárdez se encargan de este trabajo. Iglesias comenta que «somos tres habitualmente, pero cando vemos que hai máis traballo veñen máis, polo menos outros tres, sobre todo pola acollida aos peregrinos». Una de esas voluntarias es Elena Asorey.

Caminantes

Antes, cuenta Toño Iglesias, «era pouca xente a que chegaba ao santuario a pé, sobre todo en momentos puntuais, pero agora é raro que os domingos non haxa sempre alguén que veña camiñando». Aunque también llegan durante la semana, los domingos es el día de la semana que el santuario recibe un mayor número de visitantes. Lleva unos tres años como voluntario y explica que «o ano forte foi ó da Coroación da Virxe; foi cando empezaron a vir máis peregrinos, sobre todo, camiñando».

Desde el inicio de la pandemia parte del trabajo de estos voluntarios es también controlar que no se produzcan aglomeraciones y no se supere el aforo permitido, más aún ahora cuando el Concello de Lalín está sujeto a restricciones especiales dado el aumento de los contagios.

La página de Facebook del santuario permite recopilar las historias de vida de este verano. Durante los últimos meses, especialmente a lo largo del de agosto, se sucedieron las visitas de peregrinos. El chaleco reflectante con el que muchos salen en las fotografías evidencia su condición de caminantes.

Las retransmisiones de las eucaristías y las redes sociales hacen que O Corpiño llegue a todo el mundo. Prueba de ello es el origen de los mensajes que reciben los voluntarios a través de las redes sociales del santuario. Peticiones y agradecimientos procedentes de México, Colombia, Argentina, Venezuela, y muchos otros países de América Latina.

Durante el confinamiento se retransmitieron todas las eucaristías. Las misas fueron seguidas por mucha gente de muchas partes y provocaron una oleada de mensajes de agradecimiento. Fue algo que los devotos valoraron especialmente. Desde el 14 de marzo al 11 de mayo las misas fueron a puerta cerrada con solo el sacerdote que oficiaba y un voluntario que se encargaba de la retransmisión. En las redes recogieron las innumerables peticiones de los fieles que, en muchos casos, pedían que se pusiera una vela en su nombre con peticiones o agradecimientos. Durante ese tiempo los bancos se iluminaron con las llamas de cada uno de estos deseos y llamadas de los feligreses. «A cada vela - explica este voluntario- poñiámoslle o nome da persoa».

Grandeza

Hay visitantes que llegan al santuario en su recorrido por Galicia. Allí les sorprende la grandeza del templo en una aldea pequeña del interior de Galicia. Otros años llegan también peregrinos del Camino de diferentes partes de Europa.

Toño Iglesias es de la parroquia silledense de Escuadro, Ana -hermana del rector del santuario- es de Graba, Iván es de Ourense y Elena de Vila de Cruces. Ellos y otros voluntarios se fueron conociendo de coincidir en misa y en otros actos. Toño empezó echando una mano cada año el día de la fiesta y poco a poco fue implicándose más. Lo mismo le pasó a los demás que fueron sumándose a esta labor bajo la tutela del cura, José Criado. El tiempo de dedicación va variando en función de la disponibilidad en cada momento de cada uno de ellos que combinan esta labor con sus respectivos trabajos y otras obligaciones. Les unen las ganas de hacer cosas y de ayudar. Hombres y mujeres con vocación de servicio en un santuario que llega al corazón.

«A xente emociónase moito cando chega xunto a imaxe da Virxe, moitos choran»

Los voluntarios son los encargados de dar la bienvenida y acoger los que llegan. Durante el tiempo que llevan desarrollando esa labor fueron muchos los que les transmitieron sus testimonios de vida y de fe, sus peticiones o sus agradecimientos a la Virxe do Corpiño. Hay una escena que se repite con frecuencia aunque no por ello se vive con menos intensidad. Son testigos casi a diario de la profunda emoción que sienten los visitantes una vez se acercan a la imagen. Toño Iglesias señala que «a maioría emocionase moito» y muchos no pueden evitar llorar.

Aunque este verano no fue como los demás y la afluencia de gente debido a las restricciones de movilidad fue mucho menor, hasta el santuario lalinense llegaron personas de toda Galicia, pero también de otras partes de España como Madrid o Sevilla. De la zona llegaron andando muchos vecinos que caminaron desde Lalín, desde distintos lugares de Vila de Cruces o desde Arzúa.

Peregrinos a los que se sumó alguno de Francia, unos emprendieron la marcha desde la casa natal de uno de ellos en la zona. «Antes _dice Iglesias_ acostumaba vir moita xente de outros países. De Suíza, por exemplo, viñan moitos». Lo que nunca cambia y que notan «é a emoción cando chegan e a satisfacción que lles ves cando se van, satisfeitos de haber cumprido a súa misión».

En su contacto con los que llegan recogen muchas vivencias personales con el cáncer como constante. Episodios de dolor como el de una mujer cuyo marido entró en el hospital con lo que se creía era una neumonía y ya no lo vio más. Después de eso ya no pudo tener más contacto con él hasta que le entregaron sus cenizas, una vez falleció. Son muchos los que llegan hasta el santuario de O Corpiño en busca de consuelo y con la esperanza de reconfortar su alma. Para eso está el rector del templo y los voluntarios que, muchas veces, se convierten en el hombro en el que buscar desahogo simplemente hablando y verbalizando todas esas emociones.

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