Sentimiento de orfandad en el arte gallego

Javier Benito
javier benito LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Ramón Leiro

Laxeiro fallecía en su casa de Vigo a los 88 años, entre el pesar del mundo cultural gallego por la pérdida del pintor de Lalín, «un home de aldea» que lideró la renovación de la plástica en el siglo XX

01 feb 2021 . Actualizado a las 20:47 h.

«Un pintor jamás se retira, solo lo jubila la muerte». La frase, de Laxeiro, resume la templanza, la rotundidad de un sabio, «un home de aldea» capaz de introducir el arte gallego en la vanguardia del siglo XX, una voz propia que se extinguía hoy hace 24 años. Casi cinco lustros sin el pintor de A Romea, un lalinense ilustre y vigués de adopción. Sombrero de ala ancha, pañuelo o bufanda al cuello, José Otero Abeledo era mucho más que un maestro del pincel y los óleos, del lápiz y el papel. Detrás palpitaba un poeta, gran amigo de sus amigos y de casi todo el mundo, conversador incansable y chispeante, capaz de sorprender a cada instante, capaz de leer el pregón de la Feira do Cocido tumbado sobre el escenario. Si no hubiera existido Laxeiro habría que inventarlo.

El pintor lalinense fallecía a última hora de la tarde del 21 de julio de 1996 en su casa de Vigo, tras haberse encontrado mal por la mañana. Un último viaje sin sufrimiento, tras los muchos que emprendió en su vida, con el salto a América incluido. Su indiscutible protagonismo en la plástica gallega, entre los pocos elegidos que la renovaron y universalizaron el pasado siglo, hizo que su óbito provocase una cascada de reconocimientos además de un hondo pesar en la sociedad gallega. Dejaba atrás una obra ingente, en múltiples formatos y técnicas, entre ellos dibujos a vuela pluma hechos en bares como el Goya vigués, su segunda casa, y que regalaba como las palabras de ánimo a los jóvenes artistas que acudían en busca de su aval, de un prólogo para esa primera exposición que impulsase sus sueños de vivir por y para la pintura.

«Cuando te sitúas ante un lienzo en blanco, el primer trazo te dice ya lo que tienes que hacer», «yo solo me escucho a mí mismo, no me importa que hablen bien o mal ni hay que preocuparse por el que dirán, porque de lo contrario no se es libre». Dos frases plenamente laxeirianas, entre las últimas declaraciones realizadas a La Voz. Su muerte llegaba en plena retrospectiva de su obra en el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) en Santiago, que después viajaría a ciudades como Madrid o Buenos Aires, donde el pintor lalinense vivió una década.