«Las mujeres musulmanas sienten que se las mira mal»

El uso del velo, el idioma y la captación de ayudas hace difícil su plena integración


lalín / la voz

El nuevo curso de apoyo educativo en Carabelo comenzó hace escasos días, pero esta asociación lalinense sin ánimo de lucro de apoyo a la inclusión a familias en riesgo de exclusión social; en la que la figura del voluntario es imprescindible para su funcionamiento, va más allá de prestar ayudar a la infancia. Los progenitores de los jóvenes alumnos que acuden a las instalaciones situadas en la calle Memorias dun Neno Labrego, fundamentalmente marroquíes y argelinos, también reciben atención desde el colectivo en forma de cursos; como uno de español que comenzará a celebrarse la próxima semana. De la impartición del mismo se encargará la instructora Luisa Salas, venezolana residente en Lalín desde hace 22 años.

-¿Un curso que busca dar respuesta a una necesidad palpable?

-Si. Me llamaron de Paidós para impartir clase de español a quien no lo habla, mujeres y hombres, dentro de una actividad formativa de Carabelo. Son dos días a la semana siendo la mayoría de los asistentes marroquíes y argelinos pero también hay un chico de Estados Unidos, una persona de Senegal y otra de Angola. Están los que se incluyen en el grupo básico y los del avanzado.

-¿Llegan al aula con alguna noción de español?

-Las mujeres que tienen niños mayores de 6 años se van defendiendo ya que sus hijos hablan español, pero las que están embarazadas o con bebés no saben nada. Empezamos con ellas como si estuviésemos en una clase de preescolar, con colores, números, consonantes y vocales. Algunas no cursaron ni Primaria en su país, nunca usaron un lápiz, un boli... o cogieron un libro en la mano. Contamos con un grupo reducido de participantes que incluso nunca fue al colegio. Lo que observamos es que casi todos hablan algo de francés por ser una de las lenguas nativas en Marruecos y Argelia, pero de español saben muy poco o nada.

-Habla mayoritariamente de mujeres, ¿son las que priman en el curso?

-Si. Un 90 % son mujeres que llegan al curso con deseos de aprender. Los hombres, en términos generales, tienen más conocimientos de español por cuestiones laborales pero ellas no.

-¿La mujer musulmana no trabaja?

-No. El hombre es el que tiene que trabajar y llevar el dinero a casa. La mujer está para atender la casa y la familia, no busca trabajo fuera. Lo que buscamos pues con estos cursos de español, con duración de tres meses, es conseguir que sepan ir al supermercado y puedan rellenar un formulario en el colegio de los hijos o en la Seguridad Social; hablo de las que toman parte en un curso inicial, para las que están en avanzado ya buscamos mejorar su conversación, que sean capaces de leer una noticia en el periódico y la entiendan...

-¿Llegar hasta aquí es fruto de mucho esfuerzo?

-Ha sido un trabajo de todos los voluntarios de Carabelo, una asociación que hace una labor magnífica y quizás todavía poco conocida entre la sociedad. Cierto también que con las mujeres hemos empatizado y palpamos su deseo de aprender. Las acompaño al supermercado, a la pescadería para que sepan por donde moverse, pedir lo que necesitan y que se vayan integrando...

-¿Se sienten rechazadas?

-No hablaría de rechazo, no emplearía ese término. Cierto que sienten que se las mira mal y es algo normal: llevan velo, hablan otro idioma y en una villa es más complicado que en una gran ciudad. Hay necesidades palpables en muchas familias españolas y las ayudas se derivan a inmigrantes y no siempre se entiende.

Sesenta chavales. A las clases de apoyo extraescolar asisten sesenta alumnos con edades muy dispares, desde los 3 a los 17 años.

Más voluntariado. La asociación cuenta con 17 voluntarios pero precisa más colaboración sobre todo profesores que impartan asignaturas de ESO.

«Este trabajo es mi manera de dar las gracias a la sociedad que tan bien me acogió»

La impartición del próximo curso de español para inmigrantes de Carabelo se llevará a cabo en dos grupos ben diferenciados: mujeres por un lado y hombres en otro.

-No conciben una aula mixta y los cursos son por separado. Vienen con barreras familiares, sociales, lingüísticas...

-¿Qué preguntan las alumnas?

-Primero decir que son jóvenes, con una media de unos treinta años, pero con el velo suelen aparentar mucho mayores. En el aula, y gracias a la afinidad que se fue fraguando con el paso de los meses con todos los voluntarios de Carabelo, preguntan por cuestiones como las expresiones que utilizan sus hijos; qué significan y si se pueden usar...

-¿Las mujeres están integradas en la asociación?

-Las mujeres sienten que sus hijos están muy bien atendidos, estupendamente tratados de ahí la empatía existente; y no es en exclusividad conmigo sino con todos los voluntarios.

-¿Y los voluntarios en las familias musulmanas?

-Sienten que les estás ayudando, y pese a que les cuesta integrar a una persona nueva vamos ganando terreno. Te invitan al nacimiento de un hijo... Es un trabajo de muchos meses y de toda la asociación como ya dije en anteriores ocasiones, al funcionar como una gran familia.

-¿Qué le aporta esta labor de voluntariado?

-Es mi forma de dar las gracias a esta sociedad que tan bien me acogió. Llegué a España procedente de Venezuela y fui una favorecida... Siempre me trataron muy bien. Trabajé once años en una empresa de Lalín... Actualmente llevo mi casa, imparto clases de inglés y español por las tardes en Paidós y cuatro horas por la mañana las dedico al curso de inmigrantes. La verdad es que me lo paso muy bien.

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