Un vergel en la residencia de As Dores

Una tierra excepcional y las manos de los mayores bajo la batuta de Susana Zas obran la magia de una huerta de lujo


La huerta es y fue una parte importante en la vida de muchos de los residentes de As Dores en Lalín. La tierra y sus frutos evoca recuerdos, sensaciones, un torrente de emociones que van más allá de los resultados que proporciona su cuidado. Desde hace cuatro cinco años, en una parte del jardín del centro lalinense se ubica una huerta que ha ido creciendo en cultivos y mimos.

Susana Zas Fernández trabaja en la residencia y se encarga de la atención de la huerta de forma voluntaria. Destaca la tierra excepcional y lo bien que se da todo. Relata con pasión que «sacamos unhas leitugas que eran unha maravilla».

En la huerta se cultivan guisantes, acelgas, espárragos... y un largo etcétera. Una para sirve para disfrute de los residentes a la sombra y también dio una gran cantidad de uvas.

En estos momentos unos membrillos de gran tamaño lucen en un perfecto amarillo en los árboles y unas calabazas enormes que acabarán en sopa en la cocina ponen la nota naranja en la huerta. Susana Zas señala que «os maiores lles gusta moito, a horta dálles a vida e serve para animalos a saír a fora, e facer cousiñas».

Unos cinco, más válidos, se encargan de algunas tareas y muchos más ayudan en diferentes cuestiones, como el desgranado de los guisantes que sirve también para ejercitar las manos.

En la huerta hay también un lugar para las hierbas. En ella crece el romero, el laurel, la hierbabuena, el aloe vera y la ruda, entre otras. Pero la que más demanda tiene en cocina es el perejil. Zas Fernández señala que «nos piden que plantemos máis porque fai moita falta e temos perexil todo arredor da horta pola parte de dentro do peche».

Las hierbas evocan también recuerdos en los mayores que van informando de los usos que les daban a cada una de ellas también, en algunos casos, como hierbas medicinales.

Las tareas de la huerta son agradecidas, esta voluntaria pone como ejemplo la recogida de los guisantes apuntando que «debullando pasamos unha tarde xenial». De lechugas sacaron dos o tres cajas de un tamaño importante.

En la huerta disfrutan tanto los mayores como la propia coordinadora que reconoce que para ella es un hobby que le encanta subrayando lo agradecido de esta tarea tanto por la tierra como, sobre todo, por ver la alegría de los mayores y lo bien que se lo pasan.

Visto que la tierra responde y en ella se da de todo están probando con nuevos cultivos que se van incorporando poco a poco como los arándanos explicando que «xa sacamos unhas dúas taciñas». El verano dejó las mejores imágenes de verdor en esta huerta en la que también crecen las flores. Ahora de cara al otoño, las tareas se irán parando para volver a la vida cerca de la primavera.

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