Portaladas y dinteles historiados en la parroquia lalinense de Vilatuxe

Una vía abierta al estudio de estas estructuras arquitectónicas fruto de la cultura artística local


lalín

Coincidiendo con la restauración del retablo del altar mayor y su imaginería de la iglesia de San Lorenzo de Vilatuxe, Lalín, Pontevedra, efectuado entre los años 2015-2016 por la restauradora de Bienes Culturales María Alejos, hemos llevado a cabo trabajos de campo y de investigación histórica sobre esta parroquia dezana, ceñidos mayoritariamente a aspectos inéditos, como los tocantes a la desaparecida iglesia parroquial; la antigua casa rectoral; iglesiario; casa de los caseros; antiguo cementerio e iglesia actual. Las fuentes principales utilizadas fueron las documentales del archivo parroquial.

Estos estudios fueron recogidos en un libro pendiente de publicación, del que como anticipo extraemos hoy algunas notas de los apartados relativos a la portalada de la antigua casa rectoral; y la próxima semana, los referentes al dintel figurado de la puerta principal de dicha casa y portalón del iglesario ?destruido?. Con esta escueta selección es nuestra intención sacar a la luz una parte de nuestra arquitectura hasta ahora escasamente conocida y valorada.

Para adentrarnos en el primer apartado sobre la portalada de la casa, conocida por «rectoral vieja», haremos un breve resumen del origen de esta vivienda que fue de los curas párrocos. Según testamento de Domingo de Recemil, primer cura de Vilatuxe del que se tiene noticia, otorgado en 21 de octubre de 1635, dice entre otras mandas ?literal?: «Yten digo que yo e comprado el lugar de San Lorenzo de Villatuxe a Juan de Negreiros y Bartolomé Ramos y otras muchas personas que me costó mas de mil ducados e echo dos casas en el…». Refiriéndose a su casa de morada y a la casa del casero, en el mencionado lugar de San Lorenzo de Vilatuxe, conocidas de antiguo por «casas del iglesiario», o por otro nombre «casas y lugar de junto a la iglesia». Por estar enclavada en medio de estas propiedades la iglesia parroquial y el cementerio.

De cómo era la construcción de la primera morada que fue del cura párroco disponemos de algunas noticias merced a un convenio celebrado el 23 de septiembre de 1637, entre el nuevo párroco ?sucesor del fallecido? y el sobrino del fundador. De la interpretación de este interesante documento sabemos que en origen la casa había sido una torre, que se componía de sótano, planta baja y planta alta.

La vivienda rectoral, que actualmente conocemos en estado de ruina, fue resultado de diferentes fases constructivas. El último cura que vivió en ella fue D. Jaime Sánchez López. Con su fallecimiento acontecido en 1964 se cierra un ciclo de más de cuatrocientos años de vida continuada habitando la casa sacerdotes, iniciado por D. Domingo de Recemil.

El edificio se halla emplazado en las inmediaciones del antiguo cementerio, tiene planta en forma de L, o de martillo, y está constituido por dos cuerpos que fueron levantados en el terreno escalonado de una ladera, siendo el de mayor altura la casa principal de morada, del tipo denominado antiguamente «casas de alto». En la época de su construcción existían mayor número de casas terrenas que de un alto, que eran consideradas de mayor categoría, donde por lo regular residían hidalgos y gente de holgada economía. La cubierta del cuerpo principal del edificio es a dos aguas y la del martillo a tres.

Varias etapas constructivas

La tipología de la casa responde, como en otros muchos casos, al resultado de varias etapas constructivas, patentizadas por la diferencia volumétrica de las crujías, de materiales, cornisas y de ventanas. La edificación se halla desarrollada en torno a un patio central o corralón, cerrado con un alto muro interrumpido por un lienzo de sillería, donde se abre el portalón de entrada.

La portalada o portalón exterior que precede a la casa es la parte arquitectónica del conjunto que le imprime sello y carácter. Su imagen recuerda a la típica portalada solariega o de casa hidalga, con cruz entre pináculos, bruñida por la noble pátina de los siglos. La obra está ejecutada con sillares de granito sentados a hueso en aparejo a soga formando hiladas regulares, conformando un clásico elemento de nuestra arquitectura. En el centro del muro, de 74 centímetros de espesor, se abre el vano para la puerta, que es enrasada de marco en arista viva, de 290 centímetros de alto por 180 de ancho, con ligero derrame. La puerta es de dos hojas y está fortificada por el interior con gruesas aldabas de hierro. En 1925 se hizo una nueva puerta que costó 25 duros. Pasado el tiempo, y atacada por la podredumbre, sería forrada con planchas metálicas.

La herradura, con su peculiar sombra, elemento que se reitera en la fachada

Como testimonio físico de la actividad que tuvo antaño esta entrada se pueden ver las marcas del reiterado roce de las ruedas de carro en una jamba a su paso; el profundo surco dejado en la piedra por el movimiento pendulante de una aldaba de cierre al abrir la puerta y una herradura metida a fuerza de golpes entre las juntas del muro exterior, haciendo de improvisada argolla como arrendadero para atar las caballerías. Curiosamente la herradura aparece también en una zona alta de la fachada principal del edificio. Esta misma situación perpendicular al muro en zonas altas de fachadas las pudimos observar en otras casas, aunque por lo general suelen pasar bastante desapercibidas.

Pero cuando el sol va camino de su cenit y se acerca la hora del mediodía, la herradura cobra protagonismo y sentido, proyectando de manera notable la sombra de su forma en la pared con las dos ramas o brazos hacia arriba, en forma de U. Figura que representa el sol y el día, por lo tanto, la vida, destacando con luminosidad los orificios de los siete clavos.

Elementos decorativos

Sobre el lienzo del portalón, que tiene de altura 335 centímetros, se extiende una cornisa moldurada, con retorno en las esquinas. Es de perfil ondulado en gola ?peito de pomba?, surmontada en el centro por una cruz latina de piedra, del modelo cruz florenzada, con los remates abiertos curvilíneamente. Este modelo según pudimos comprobar es el predominante en la zona.

Cruz de sección octogonal

La cruz, situada en un lugar preeminente del portalón de la antigua casa rectoral de Vilatuxe y cuya sección es octogonal, se asienta sobre una basa cúbica con las aristas superiores achaflanadas y es flanqueada por pináculos de forma piramidal rematados en bola, elementos del arte vernáculo de inspiración herreriana, que en las zonas rurales son conocidos por «cabeza de home».

Inscripción grabada sobre el dintel

El dintel mide 2,60 metros de largo y tiene una inscripción en letras capitales a dos líneas que ocupa toda la superficie. A partir del siglo XVI era costumbre que sobre el dintel apareciese grabada la data de la construcción y quién hizo la obra. Siguiendo la norma y según reza el epígrafe, el portalón fue construido en el año 1774 por don Gregorio del Burgo. Resuelta la inscripción, dice: ESTA OBRA SE HIZO ANO DE 1774 / SIENDO CURA DON GREGORIO DE BURGO.

D. Gregorio Jacinto del Burgo era natural de Silva Redonda. Rigió la parroquia durante cuarenta años, hasta su fallecimiento en 1809. Fue un cura de memorable recuerdo por haber dejado su herencia dividida en tres partes: una para el Iglesiario, otra para los pobres y la tercera para sus parientes.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Portaladas y dinteles historiados en la parroquia lalinense de Vilatuxe