La huerta del saber para amar la tierra

Con ella aprenden a cuidar a un ser vivo, a trabajar en equipo y el ciclo de la vida

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Lalín / La Voz

Algo tan sencillo como una huerta puede ser un pozo de sabiduría y una vía extraordinaria de acceso a todo tipo de conocimientos. Una de las experiencias que todos recordamos de nuestros años escolares de infancia es ese experimento de plantar una alubia y ver crecer una planta. Pero a las plantas hay que cuidarlas, mimarlas, quitar las malas hierbas, vigilar su crecimiento y con ellas se pueden también aprender muchas cosas. Unas se ven a simple vista y otras cuesta un poco más.

El colegio Sagrado Corazón de Lalín es uno de los centros de la zona que tiene en marcha un proyecto educativo que incluye la puesta en marcha de una huerta escolar. En este caso, los encargados de ella son los más pequeños del cole. Los niños de tres y cuatro años de Educación Infantil. Ellos se ocuparon de plantar, de regar, de vigilar y de que los cultivos vayan por buen camino.

No fue fácil porque el rigor del invierno lleno de semanas de frío y lluvias intensas les dio más de un disgusto. La profesora Catalina Prada Díaz, que coordina la iniciativa, explica que «los niños se lo pasan muy bien y aprenden un montón».

Como son tan pequeños, añade, «un curso de Primaria de la profesora Eva nos echa una mano, ellos se encargan de hacer los carteles de las plantas y las fichas de cada una de ellas». En la clase en una caja de madera pintada se guardan los aperos de la huerta. Pequeños rastrillos, palas, y guantes de jardinero adaptadas a las diminutas manos de estos aprendices de cultivadores. La huerta aprovecha un pequeño terreno en una esquina del colegio. El cierre da privacidad y seguridad a este espacio en el que los escolares trabajan a la sombra de los grandes árboles. Mientras los niños nos enseñan sus cultivos y los cajones donde crecen los cebollinos, las zanahorias, los guisantes, las judías, el asa de cántaro y las jardineras donde las fresas van cobrando tamaño, aún verdes, algunos padres de camino al colegio se paran a saludar a los niños y a admirar esta colorida huerta que en poco tiempo consiguió transformar este trozo de tierra.

Los pequeños nos explican lo mucho que le gustan las lechugas, los tomates y como apuntaba una niña con entusiasmo «a mí me gusta, todo, todo, todo». Su profesora destaca las múltiples aplicaciones que la huerta tiene para ampliar los conocimientos de los escolares, sin contar sus influencias de cara al consumo de verduras y frutas.

Con ella aprenden las características de cada planta, a tener conciencia del paso del tiempo, del ciclo de la vida mediante las observación del desarrollo de una planta desde que es tan solo una semilla. A fijarse en los detalles, a cuidar de sus cosas y a trabajar con método en equipo, la disciplina de los cuidados y que no requieren los mismos las frambuesas que las judías. La iniciativa, que cuenta con el apoyo de la Consellería de Educación, se llama Un proxecto en cernes: A nosa horta y nace con espíritu de continuidad. La construyeron desde cero, acondicionando el terreno, buscando las maderas, los palés, las semillas, el compost, porque este curso no dio tiempo a elaborar uno propio con un compostero, porque aquí se cultiva en ecológico. La huerta escolar les ofrece también un contacto directo con la tierra, y más de uno ya le cogió afición a eso de hacer agujeros en ella al menor descuido. De momento no hay cosecha, aunque a algunas hortalizas y a las fresas les queda poco para la recolección. En breve plantarán también rabanitos, que crecen muy rápido. Las fresas, una vez maduren, serán degustadas en una merienda.

Participación. El proyecto involucra a unos ochenta alumnos del centro de Infantil y un curso de Primaria que participan en las actividades

Cultivos. Fresas, cebollino, asa de cántaro, frambuesas, zanahorias son algunas de las especies que habitan en la huerta.

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