De conejos huérfanos en Lalín a animales de compañía en Madrid

Peludos sen Fogar reubicó, con la ayuda de varias asociaciones, a los animales con distintas familias


Lalín / la Voz

El ingreso en prisión de un vecino de Lalín, acusado de herir a otro en una discusión en un bar, dejó huérfanos a varios perros y una treintena de conejos de su propiedad. Al parecer este lalinense no disponía de familia próxima o vecinos que pudieran hacerse cargo de ellos, con lo que el Juzgado acabó delegando la custodia provisional en el Concello de Lalín. Con los perros no hubo problema y el Concello recurrió a CAAN para que se hiciera cargo. Lo de los conejos fue otro cantar. Como ocurre cuando de animales se trata, se designó a Protección Civil como cuidadores.

Pero en esto, la asociación Peludos sen Fogar, una vez se enteró de la situación, acudió al rescate. Cristina Rodríguez explicaba ayer que «estuvimos dos semanas acudiendo al sitio en donde estaban, dándoles de comer y cuidándolos». Un buen día, de la treintena desaparecieron casi la mitad. En la protectora no saben aún bien lo que ocurrió, si alguien fue por allí y los soltó, si fueron a darle de comer y dejaron algo abierto porque una puerta al parecer estaba reventada. El caso es que pasado un tiempo, algunos de los conejos huidos o secuestrados, quién sabe, aparecieron cerca de Lalín. Con ellos la cuenta quedó en 20 conejitos en busca de un hogar. Desde la protectora apuntan que «no sabemos si alguien los soltó o se fueron por su propio pie», aunque para un conejo la distancia no sería muy pequeña.

Para hacerse cargo de los conejos, Peludos sen Fogar tuvo que esperar la decisión judicial porque también era necesario saber si los animales tenían que ser custodiados solo hasta que su dueño pudiese volverse hacerse cargo de ellos o para siempre. Finalmente, la protectora obtuvo el visto bueno y una vez les autorizaron a hacerse cargo de ellos se pusieron manos a la obra.

Para Peludos el cuidado de los conejos era algo nuevo así que recurrieron a otros colectivos. La primera llamada fue a Vacaloura, en Santiago. Desde Peludos no tienen más que palabras de agradecimiento para los miembros de este colectivo que se desvivieron por ayudarles y apoyarlos en su empeño de encontrar un hogar a los 20 animales.

En el santuario de Vacaloura se quedaron tres, de los cinco que llegaron inicialmente. Dos, que se encontraban ya en muy malas condiciones, murieron. A Mino Valley Far Santuary se fueron siete y mandaron a Madrid a ocho más, a las asociaciones ANAC (Asociación Nacional de Amigo del Conejo) y a ANAA.

Los colectivos acogen ya a los conejos a la espera de conseguirles un hogar definitivo. Algunos ya están en casas de acogida. Su futuro será el de vivir como animales de compañía. Una vida adoptiva muy diferente a la que tenían. Peludos desconoce para qué los criaba su dueño, pero lo habitual es que fuera para consumo o para su venta.

Su historia, de momento con final feliz, no fue fácil. Cristina Rodríguez recuerda que la protectora lalinense está en proceso de disolución. Y apunta que «en otras circunstancias nos hubiésemos hecho cargo nosotros de ellos». El trabajo fue laborioso y requirió muchos trámites. Las asociaciones apelaron a la solidaridad ciudadana para recaudar fondos para afrontar los gastos veterinarios de los conejos que salieron de Lalín vacunados y después de recibir atención a sus enfermedades y a la sarna que sufrían algunos.

Y mientras los conejos cambiaron el rural lalinense por lo que suponemos será una vida más confortable, y en algunos casos, más urbana, seis perros de Peludos sen Fogar aguardan poder tener también un bonito final feliz. Son Noa, Shak (diminutivo de Shakira), Cuore, los hermanos Parker y Tommy e Iker. Seis canes que llevan, el que menos, cuatro años en la protectora y que buscan un hogar. Iker se fue de prueba la semana pasada pero dejó de comer y regresó.

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