El pazo contaba con una rica carpintería interior antigua

El estudio de la heráldica quedó mutilado al faltar un escudo


lalín

Entre las observaciones realizadas en el 2004 sobre actuaciones a acometer en Liñares figuraba uno de los elementos importantes a conservar «ya que todo lo que se pueda conservar una vez finalizada la restauración será un valor añadido». Entre estos elementos se encontraba «el aprovechamiento de piezas notables como la carpintería de puertas existente», de acusado empaque y personalidad. La puerta de ingreso al salón fue retirada, como las del resto de la casa.

En el oratorio «en los paneles de las contraventanas de un vano hay celosías en ajedrezado hechas de una sola pieza»; que, tamizando los rayos de luz, movían al recogimiento espiritual. Desconocemos si esta original pieza fue conservada.

Las alcobas de la hospedería grande tenían «los marcos de las puertas de madera de estética barroca, semejantes al de orejeras de la puerta principal del salón». Como curiosidad comentar que en muchos pazos existían las llamadas «alcobas ciegas»; por tener un solo acceso a través de otra dependencia (sin ningún tipo de ventana ni otra comunicación). En esta clase de aposentos solían dormir las jóvenes casaderas, en algunos casos bajo llave.

La carpintería interior antigua forma parte notable del historial de la casa. Su exposición es de gran valor para el estudioso que cultiva el respecto a la tradición y al pasado. Estas piezas ejecutadas con maestría y alta calidad pueden arrojar luz sobre aspectos hasta ahora poco desarrollados, entre los que cabe citar los entresijos de las «puertas de ensamblaje», que exigían un especial cuidado para su perfecta ejecución, siendo consideradas en los siglos precederos la parte más importante del arte del carpintero, por los dificultosos y diferentes métodos de ensambladura, de encajes y calidad de espigas. A la postre eran portadoras de bellas bocallaves o escudetes de cerradura, de chapa de hierro recortada o cincelada, con motivos clásicos (fitomorfos, zoomorfos, etc.), al gusto imperante del XVII y XVIII. Igual mérito corresponde a las vetustas y sólidas puertas exteriores, las denominadas de «salla y capote», con clavos de hierro forjado, de cabeza grande y decorativa (tachones). Otro apartado lo componen las llaves de las históricas puertas, merecedoras de ponerlas en exposición. Sus especiales características y notorias diferencias son dignas de análisis (tipos de empuñadura, tija, paletón) conociéndose por añadidura a que puerta pertenecían de las vastas dependencias «llaves con historia». La notable valía de este material expositivo se incrementa al pertenecer al propio edificio palaciego. Situación que no es habitual en otras colecciones de llaves. La fortificación de las puertas interiores era una práctica habitual en los pazos, llegando en algunos casos a ser calificados de casas fuerte.

Herrería y accesorios

Hace ahora trece años comentábamos también, como un valor añadido, el material diverso forja. Este arte de trabajar el hierro estaba presente en el pazo de Liñares en picaportes, de presión y de torsión; tiradores, de diferentes estilos; cerrajas y sus respectivos espejos, con ingeniosos sistemas de seguridad para no poder introducir la llave; bisagras, de puertas y ventanas de palas con ornamentación cincelada o sin ella; tranquillas, con estrangulamiento o garganta central (abalaustradas); aldabas de barra de hierro, para asegurar por dentro cualquier tipo de entrada (algunas con pitón de bloqueo); aldabillas; fallebas; fiadores para mantener abiertas las hojas de las ventanas, etc. Estos útiles de herrería los consideramos de sumo interés, siempre dignos de conservar. Su presencia in situ en edificios históricos rehabilitados es lo habitual, cobrando especialmente valor en los declarados BIC, como es el caso. Dado que nuestra sugerencia de «valor añadido» no fue contemplada, podríamos observar estas piezas expuestas en una vitrina perfectamente clasificadas, junto con otras de similares características que fueron retiradas en la rehabilitación del inmueble, pasando a ser historia. A su exposición se le podía añadir la imagen fotográfica de alguna otra desaparecida, como el bello llamador o aldabón de la puerta principal, posiblemente salido de la forja de alguna antigua y afamada herrería de Pontevedra.

Las cuatro esquinas del falso techo del salón de honor estaban ornamentadas con cuatro escudos de heráldica familiar realizados en madera tallada, estucada y policromada, de los que se conservan tres escudos originales. Estos escudos se salvaron de la rapiña de verdadera casualidad. El motivo no fue otro que creer que eran de simple yeso, cuyo color se dejaba ver en las lagunas originadas por desconchados de la pintura.

Según pudimos saber por el último encargado del pazo el escudo que faltaba fue retirado por su entonces propietario, antes de que el inmueble fuese enajenado. Al parecer la causa fue debida a que, en el campo o superficie interior del escudo, tenía la figura heráldica de una torre y guardaba cierta similitud con las armas de su apellido, creyéndolo de utilidad. Ante tal sensible ausencia publicamos las gestiones para intentar su recuperación, o en su defecto conseguir hacer una fiel reproducción de este escudo. Pero se optó por colocar uno nuevo, con el campo vacío, sin figuras. Esta copia reproduce la forma y volumen de los otros escudos existentes timbrados de corona (en cuyo seno hacían sus nidos las golondrinas en tiempos pasados). Con la pérdida de este escudo, el estudio completo de la heráldica del interior del edificio, perteneciente al linaje de los Taboada y sus entronques familiares, queda mutilada, a no ser que se le procure remedio. Presumimos -por ser de rigor- que, en la colocación de las piezas heráldicas en el nuevo falso techo, se habrá realizado un estudio de la disposición de cada escudo, y haber tenido en cuenta la medida de la posición entre ellos y la distancia a los muros perimetrales de la estancia, debido a formar parte de un conjunto de lograda armonía. Esta composición ornamental y la decoración mural del salón estaba relacionada con las pinturas del friso de la logia, coloquialmente conocida por galería (de arcos). La conservación de alguna parte de la pintura mural del techo para su exposición, hubiera contribuido a comprender con claridad meridiana la suntuosidad que guardaba el salón.

Chimeneas y pesebrera de las caballerizas

La chimenea del salón «contrapone su aspecto externo con la sobriedad interior, limitándose a un simple hueco rectangular abierto en un extremo de la pared de 166 x 68 cm., cerrado con puertas cuando no está en uso». La chimenea de la sala comedor tiene la misma traza que la del salón, aunque algo más baja (168 x 55 cm. de hueco). Esta austeridad resulta anormal en su contexto y verdaderamente extraña. Nos parece importante subrayar que ambas chimeneas cerraban el hueco o boca del hogar con puertas de madera, articuladas en la piedra con goznes de empotramiento. En las obras de rehabilitación fueron retiradas, quedando las chimeneas privadas de un elemento característico del que conocemos bellos ejemplares de puertas, que por lo regular solían ser de dos hojas, utilizadas en algunos casos para abocinar el calor salido de la lumbre. La misión de las puertas, además de decorativa, era evitar la entrada de aire por el cañón de humos, o incluso la esporádica irrupción de aves en la sala. También preservar la vista de la piedra ennegrecida por el humo, y atenuar el olor a ceniza.

Como curiosidad comentaremos que una práctica conocida de antiguo para evitar el posible rebufo del humo, era colocar en el borde superior de la boca de la chimenea una colgadura consistente en una faja o tira de paño, de una cuarta de ancho o poco más. La calidad de la tela era con frecuencia enriquecida con bordados. Conviene precisar que el piso situado enfrente de la chimenea -solado de tablonaje- estaba cubierto por una plancha metálica de protección contra las brasas que ocasionalmente saltan. Vestir la chimenea con todo lujo de utensilios y detalles es un capítulo poco comentado dentro de los pazos.

Como testimonio de las caballerizas, o espaciosa cuadra destinada para estancia de los caballos, perdura lo que antaño fue la magnífica pesebrera de piedra sobre la que comían los equinos, cuya descripción publicamos en el 2004, considerando esta pieza «de relevante interés, digna de ser rehecha y restaurada con esmero». Una pieza que por primera vez había sido valorada salvándose de la demoledora piqueta. Su reconstrucción, como apuntábamos entonces no sería dificultosa, por conservarse en perfecto estado parte de la estructura del extremo, asentada sobre la extensa mesa de cantería, con sus arrendaderos o argollas fijas de hierro para atar las caballerías. En esta zona, construida en piedra berroqueña de buena labra, se puede distinguir el alojamiento para los largueros de madera, que servían para apoyar el cuello las caballerías. Se pudo intentar recuperar parte de los sillares que se habían desmontado para utilizarlos en la construcción de una rampa de la casa. Pese a no haberse llevado a cabo la reconstrucción lo que hoy se puede contemplar despierta interés al visitante. Apuntamos que, mientras permanezca en este estado, se optara por mostrar una imagen virtual íntegra de la pesebrera. Paradójicamente en el pazo las caballerizas están bajo el salón de honor, algo inusual.

La cocina es potencialmente museable

La cocina, como dejamos dicho hace más de una década, es un «excelente prototipo de cocina monumental palaciega, que reúne condiciones optimas para su musealización». (Existe relación de útiles). Su puesta en escena, aplicando el rigor adecuado, resultaría de gran interés y de un atractivo muy especial. En tiempos modernos se instaló una cocina de hierro de dos hornillos para leña, que llevaba el nombre de su fabricante en relieve en una cartela de fundición: COCINA ESPECIAL/ LUÍS TABOADA/ LALÍN (arqueología industrial). En este caso el fabricante es de Lalín, por lo que destacamos su interés en conservar este rótulo, y poder exponerlo como muestra de una fábrica de fundición asentada en esta zona. Para la instalación de la cocina hubo de acondicionarse el muro testero bajo la monumental campana, sustentada sobre columnas de macizas proporciones, que fue alicatado con azulejo blanco perfilado de cantonera azul cobalto. En la operación fue enrasado en alguna parte, perdiéndose en esta obra el pequeño «horno de pared»; que desahumaba bajo la campana. En la alacena empotrada de uno de los muros se hecha en falta la colocación de las baldas de madera que tenía en origen, como atestiguan las rozas horizontales labradas en la cantería del hueco. Sobre las paredes encaladas de la cocina se conservaba grafitis, dibujos de traza infantil representando a un grupo de personajes jugando a la pelota.

A modo de epílogo

En suma, no se puede por menos que hacer un loable reconocimiento a los importantísimos logros conseguidos en Liñares, cuyo destino, antes de pasar a ser propiedad municipal estaba abocado a convertirse en una ruina, como es importante destacar.

En este ámbito se debe poner de manifiesto la categoría de Bien de Interés Cultural otorgada por la Administración en el año 2009 (Decreto 334/2009 de 4 de xuño). Una vez conseguida esta máxima categoría, supone prestar al magnífico monumento un celo muy especial, que requiere compromiso, dedicación y esfuerzos de toda índole. Dentro del quehacer de situar a Liñares en el lugar que le pertenece, es prioritario recuperar y devolverle en la medida de lo posible su verdadera esencia.

Si se descuida la recuperación de este aspecto, Liñares resultará ser como un cuerpo sin alma. Un estuche joyero que no guarda lo esencial. Su ser. Situación más propia de otro tipo de edificaciones estrictamente funcionales. En este sentido, de ayudar a recuperar su verdadero significado, van orientados nuestros anteriores trabajos de investigación, y los comentarios ahora expuestos.

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El pazo contaba con una rica carpintería interior antigua