El viejo pabellón de Lalín necesita alguien que le quiera un poco

Los desperfectos, la falta de limpieza y el olvido genera una imagen negativa además de quejas de los usuarios


lalín / la voz

El pabellón municipal de Lalín envejece mal. Las costuras saltan por numerosos sitios sin que nadie meta la aguja para al menos parchear con algún retal un uniforme deportivo demodé, como un abrigo pasado de moda que empleamos por necesidad, sin convicción ni agrado. Parece que el oropel que acompaña siempre a lo nuevo, con el estreno del traje de gala del multiusos Arena -no sin deficiencias, que las tuvo y aún las tiene-, dejó arrinconado al final del armario de las prioridades el mantenimiento de otras instalaciones rancias pero imprescindibles para atender la demanda existente en la capital dezana.

La voz de alerta saltaba por parte de usuarios del viejo pabellón, en especial padres de niños que acuden al complejo a practicar deporte u otras actividades lúdicas. Y no se quedan cortos en sus quejas. Adentrarse en el pabellón genera desánimo y empatía con quien protesta ante las carencias de mantenimiento. Si el exterior casi desanima a entrar, muy feo arquitectónicamente, para que engañarse pero comprensible dada su antigüedad, un paseo por el interior obliga a focalizar más deficiencias que virtudes. Y abrigarse, que hace frío.

Desde la propia puerta en una de las entradas principales, rajada hace tiempo, a otros cristales ya ausentes en otros accesos menos usuales del pabellón. Desde las pintadas en los baños a la sensación de suciedad, de urgente necesidad de un lavado de cara, con pintadas y piezas deterioradas. Desde las lonas rotas que supuestamente deben separar física y visualmente las dos pistas habilitadas para jugar a piezas ausentes de algún falso techo, como ocurre en otra sala, con otras amenazando desprenderse.

La pátina de abandono se deja sentir en muchos puntos del edificio, con una carencia general de limpieza. Como si hubiese a ser secundario su mantenimiento, pese a su elevado uso deportivo aún con el Lalín Arena a pleno rendimiento. Almacenes abiertos llenos de trastos frente a vestuarios cerrados a cal y canto. Incluso situaciones cuando menos alarmantes, como puertas de salida de emergencia cerradas con más de una brida, complicado para su apertura en caso -ojalá que no ocurra nunca- de un obligado desalojo. Mil y un detalles que requieren una evaluación de los responsables municipales para adoptar medidas correctoras.

Un cartel de aviso y ausencia de atención al público

Para los usuarios la guinda a ese olvido sobre el pabellón la pone este noviembre la ausencia de una persona que atienda las instalaciones. Una baja y vacaciones se confabularon para que la persiana esté bajada anunciando un cartel dónde contactar en caso de necesidad. Y así hay quien debe buscarse la vida para abrir puertas, apagar luces,... preguntándose si además de grandes eventos no debería cuidarse lo básico.

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