«A nuestros políticos les diría que de ellos necesitamos su mediación»

La codirectora de las jornadas de Igualdad, María José Méndez, abrió la última sesión

J. B.
LALÍN / LA VOZ

Las duodécimas jornadas sobre Igualdad en Lalín bajaron ayer el telón hasta el próximo año. El tema central fueron las emociones y la mañana fue inaugurada por la codirectora del curso y profesora de Educación en la USC, María José Méndez. Su charla giró en torno a los «procesos de apoyo familiar, para que los niños tengan un desarrollo afectivo y emocional mejor». Para Méndez este tipo de prácticas se apoya sobre cuatro pilares fundamentales como la conciencia, la empatía, la regulación emocional y las habilidades comunicativas. Las emociones han de ser trabajadas por los padres en primera instancia para conseguir ayudar a los niños en su educación emocional. Méndez valoró que la ciencia recomienda que también los adultos hemos de ser conscientes de cuáles son nuestras emociones, tener el poder de saber manejarlas, comunicarlas y ponerse «en el lugar de sus hijos y comprender el mundo desde su perspectiva y no desde la del adulto».

Parece que en un mundo que corre a diferentes velocidades, se están desaprovechando oportunidades para compartir lugares o tiempos que antes formaban parte del día a día de lo cotidiano. Para la canalización o regulación de las emociones de los adultos, sugirió que existen «mil técnicas, desde el control de la respiración, la música, el yoga», pero que en la práctica con los niños, también «tendríamos que adoptar estrategias, que yo siempre digo que son los espacios de convivencia positiva con la familia, de no tanto ir a comer y sí sentarnos cinco minutos a compartir», añadió.

De cualquier forma, hay que hacerles saber a los niños «vete a dónde quieras y luego yo estoy aquí por si acaso o hazlo según tu manera, si te equivocas yo te auxilio, estoy aquí», para así poder dotarles de mayor libertad, sin por ello abusar de la sobreprotección, agregó.

En cuanto al papel que desarrollan las instituciones, Méndez dijo que «a nuestros políticos y políticas les diría que necesitaríamos de ellos como mediadores, como elementos del control de los recursos» y también que se les escuche a los padres «de manera positiva», cuando existen conflictos en los que los niños no reciben una pronta respuesta, en un contexto de acoso, por parte de los diferentes engranajes institucionales.

La segunda conferencia estuvo a cargo de la educadora social e investigadora en el ICE-USC, Aixa Permuy Martínez, que se cuestionaba «¿por qué nos molestamos en medir la inteligencia emocional entre mujeres y hombres?», si luego no se analizan debidamente los resultados. Su charla, sobre la libertad y el papel de la coeducación de las emociones, se centró muy especialmente en los adolescentes. Permuy consideró que la libertad es también una responsabilidad de la que hay que ser consciente, que muchas veces los adolescentes son tratados y forzados en exceso por la presión de los padres y que en muchos casos «las emociones tienen que ver con los elementos contextuales y del sistema». La guinda final a las jornadas la puso la poesía y la ética de la mano de la escritora y artista escénica Rosalía Fernández. Ella puso en valor estas dos patas didácticas para ayudar a los niños a descubrir otras formar de expresarse. Un buen ejemplo de su forma de trabajar puede verse en el tráiler del documental Aulas sen paredes.

«Si yo puedo viajar o hacer cualquier otra cosa, se lo debo a una feminista»

María Elena Simón fue quien dijo que casi cualquier cosa que una mujer puede hacer se le debe a una feminista. Y es que se les debe mucho a Emily Davison, a Concepción Arenal o a Maruja Mallo. El feminismo ha estado hostigado por sangre en ocasiones, pero también por victorias. Las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid trabajaron en condiciones deplorables. Realizaron manifestaciones de las que Benito Pérez Galdós escribió que eran «alegría del pueblo y espanto de la autoridad». Hoy la autoridad continúa siendo similar, si la entendemos como el esquema dominante de la sociedad. Pero el feminismo es un superviviente, al igual que todas esas mujeres que luchan por él, y también se siente en Lalín.

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