El joven que llena Lalín de metales preciosos

«Ser campeón de Europa no se consigue todos los días», dice, pero aún no lo asimiló


lalín / la voz

Xoán Ledo acaba de hacer algo grande y sigue llenando Lalín de metales preciosos. El domingo ganó con España el Campeonato de Europa Júnior de Balonmano y está en esa resaca de la victoria y de los kilómetros de Dinamarca a Barajas y de Madrid a Lalín. «Todavía no se la importancia, no termino de creerlo ni de asimilarlo porque ser Campeón de Europa no se consigue todos los días».

Lo dice tras hacer hueco a la nueva medalla en su habitación donde relucen múltiples trofeos. Con los dos más pesados, el oro júnior del domingo y el bronce también europeo, en juveniles, posó para La Voz. También destaca el subcampeonato de España con el BM Lalín y dos platas y un bronce en infantiles, cadetes y juveniles con la selección gallega.

No puede precisar la dimensión de su éxito pero tiene sensaciones nítidas del proceso. «Cuando pitó el final del partido el árbitro sentí como una sensación de alivio... como quitarme un peso de encima. Fue impresionante ver a todos tus compañeros saltar de alegría, llorando, besando y abrazando a sus familiares. Fue espectacular».

Pero antes, mientras se gestaba la historia, desde la portería de Ledo se vivía la tensión por el resultado. Analiza esas sensaciones en el España-Alemania, en la final, donde fue protagonista reiterado y reconocido por técnicos y afición en muchos partidos: «Llevábamos el partido controlado, nos llegó el cansancio físico, a ellos les entraban las bolas y a nosotros no. Se nos pusieron un poco de corbata... por decirlo así.» Pero eso fue en una final de Europa que concluyó bien para Ledo y para España. Eso es parte del camino hacia el techo máximo en este deporte que se le augura a Ledo. Así se curten los deportistas, peleando, sufriendo y en esta ocasión y en otras muchas de Ledo, ganando.

Y nada viene regalado. Estar entre los tres palos en el primer tiempo de la final y que un lanzador alemán que ya marcara más de 20 penaltis en el europeo se ponga enfrente para apretar el marcador es para tener temple o cerrar los ojos. Es templado Ledo y además se prepara. Lo paró: «Era el primero que fallaba. Yo sabía como lanzaba y donde iba a tirar el primero», recuerda nítidamente Ledo que, humilde, reconoce suerte porque, tras la parada, el rechace «no le cayó en las manos al lanzador alemán».

Sus actuaciones claves fueron en los partidos claves. Eslovenia para no quedar fuera, Francia para casi asegurar la final y Alemania con el oro ya en juego. Usa esos razonamientos Ledo para trasladar a todo el equipo el buen juego aunque el fuese brillante. Pero también baja a los días peores como con Rusia pero se alivia al señalar que «menos mal que al final paré en momentos finales importantes».

Ledo, además, sobresale como portero goleador. Usar el portero en ataque es arriesgado porque queda desguarnecida la portería. Lo hizo Alemania por el apremio de ir perdiendo y Ledo desde la suya lazaba y marcaba. «Meter goles me encanta. Ese día metí tres y uno antes». En lo que es lo principal suyo, lo de parar, promedia cerca de 15 paradas por partido que «es la media que me gustaría». En el 2012 esa cifra estaba en 11 paradas «pero ahora no tengo el dato exacto».

Son momentos, sensaciones que vuelven al recordar las múltiples muestras de cariño recibidas. Agradece los mensajes pero le toca más la sangre. Los que más valora «son los de mis padres y familia. El de mi padre, que acostumbra a viajar pero no pudo esta vez, diciéndome que lloró de alegría, ni siquiera yo lloré de alegría. Esto te impacta».

Títulos, aplausos y éxito para un chaval que se vistió de BM Lalín con 8 años y ya casi toca techo con 20

Todo eso de los títulos, las medallas los aplausos y el éxito europeo le ocurre a Ledo cuando apenas tuvo un mes para celebrar sus 20 años. Pero en su vida deportiva fue todo deprisa-deprisa, frenético puede decirse. Saltó a la cancha con la camiseta del BM Lalín con ocho años, «cuando empecé», y con 12 estaba en la selección infantil. Y fueron callendo entrenamientos y partidos y luego trofeos y medallas hasta el éxito mayor de Dinamarca y antes el bronce de Suecia y fue tejiendo una línea profesional que llevo sus huesos y su calidad al Barcelona B en los últimos años desde la gran cantera que es el BM Lalín. «Aquello fue un máster de dos años, balonmano intenso con los mejores, con los mejores entrenadores. Es imposible no mejorar. Es impresionante, me supuso dar un salto importante sobretodo a nivel físico».

Y Barcelona fue catapulta para saltar a Asobal. Apostó por el BM Valle de Aranda, cuya localidad ya vibró con la sensacional actuación del gallego en el mundial e incendió las redes sociales refregándole al mundo el acierto de su fichaje. Ledo también apostó por el Aranda. «Fue importante, el equipo es grande, va para arriba, y la afición es como en Lalín y me va a contagiar».

En Aranda, como en Lalín

Con distancia, pero semejantes Lalín y Aranda. «En los dos sitios es el deporte mayoritario». El domingo Xoán Ledo pisará Aranda y ya sabe, por lo que le pasó a otros compañeros, que «la afición es impresionante». Sabe que es caliente y bulliciosa: «Aún no puse un pie allí pero bueno, haber, haber, voy el domingo... allí el balonmano se vive al 100 %», dice ante la sugerencia de que lo van a devorar de pasión.

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