La edad de tres cifras de Carmen Rozas

Costurera de profesión, tiene seis hijos, 18 nietos y 14 bisnietos, y hereda la longevidad: su madre vivió 103 años


lalín / la voz

La casa de Carmen Rozas Iglesias, en Vila-Santiso, fue ayer una fiesta. La ocasión lo merecía, porque la matriarca festejaba los 100 años, y medio centenar de familiares se reunieron para celebrarlo por todo lo alto. Carmen estuvo rodeada por sus hijos: Antonio ?con el que vive, junto a su nuera Elvira y sus nietos Isabel y Toño?, Pilar, Milagros, Pepe, Lola y Carmucha. El número de descendientes obliga a hacer cálculos, hasta dar con la cifra: porque son 18 nietos ?una de ellas, convertida en alcaldesa de barrio de Santiso hace un par de meses? y 14 bisnietos.

La fiesta incluyó dos elementos que siempre gustaron mucho a Carmen: en lo gastronómico, el pulpo; y en lo musical, la gaita. Su sobrino, Plácido Rozas, se encargó de tocar el Cumpleaños Feliz. Porque la abuela de Santiso tiene tradición musical en la familia: sus hermanos Nilo y José habían formado con los hermanos Carballude Os Gaiteiros de Santiso, un grupo que amenizaba las fiestas por toda la zona en los primeros años 30 del siglo pasado, antes de la Guerra Civil. Un testigo que recogió muchos años después su sobrino Plácido al frente de Os Xuncos. De entonces siempre le quedó el apego por la música y las romerías, por reunirse con la gente, por vivir la vida con alegría.

Premiada habitual en Lalín

Fue una habitual en la Romaría dos Maiores de Lalín, y agradecía especialmente los premios que le dedicaban como la mujer más longeva en aquellas fiestas. Una longevidad que le viene de familia, porque su madre Dolores vivió hasta los 103 años. Le gustaban a Carmen tanto las distinciones que recibía en la carballeira de Barcia, como ver al día siguiente su fotografía en el periódico, risueña con su ramo de flores y con un aspecto que para nada delataba su proximidad al siglo de vida.

En los últimos meses, la salud no está acompañando a Carmen Rozas como hasta hace bien poco. Una rotura de cadera hizo que la silla de ruedas desplazase a los dos bastones que empleaba para caminar, y los recuerdos se nublan ahora más de lo deseado. Sus antiguas conversaciones se apagan, y tampoco mantiene ya la ilusión por jugar al cupón de la ONCE como durante muchos años.

Pero ayer era fiesta en Santiso. Y Carmen tuvo su tarta con velas, sus interpretaciones de gaita y el cariño de los suyos: un siglo después de abrir los ojos en la casa de Eladio, ahí es nada.

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