La Casa do Patrón afronta la prospección del Castro de Doade

Un equipo de diez personas realizará cuatro catas arqueológicas de cuatro por cuatro metros en siete parcelas adquiridas por el museo lalinense


Lalín / La Voz

El director del Museo Casa do Patrón de Doade, Manuel Blanco, presentó ayer un proyecto arqueológico que tiene como objetivo la recuperación del castro de Doade. El proyecto que, no cuenta con ayudas, y será financiado por el museo, incluye la realización de cuatro catas o prospecciones arqueológicas de cuatro por cuatro metros cada una-

Unas actuaciones que se llevarán a cabo en el espacio propiedad del museo, que adquirió siete parcelas en la corona del Castro de Doade, lo que supone más de un tercio del mismo, abarcando una superficie de 3.500 metros cuadrados, o lo que es lo mismo unos 6,5 ferrados, con un perímetro total continuado, a lo largo de la muralla de 116 metros de longitud.

El museo adquirió también una servidumbre de paso permanente al recinto por la que era la puerta principal del castro, situada al sudeste del mismo con vistas a facilitar el acceso de los visitantes una vez se ponga en valor el castro y salgan a la luz los restos de estas antiguas construcciones. La presentación contó ayer con la presencia de Erik Carlsson-Brant Fontán, que se encargará de la dirección técnica del proyecto y del arqueólogo, David Fernández Abella, además de numerosos vecinos de Doade que recibieron con alegría la noticia de las prospecciones del castro, un proyecto largamente acariciado por el museo y que se hará realidad ahora tras años de intentos fallidos, según aseguraba Manuel Blanco.

Las parcelas fueron compradas el año pasado por el museo y a raíz de la firma de un convenio con la Universidad de Santiago de Compostela, el museo se ponía en contacto con José Manuel Caamaño gesto, catedrático de arqueología de la USC desde hace 42 años y que, comentaba Blanco, «brindouse desde o primeiro momento a organizar e coordinar co museo as caras, asumindo a dirección científica». Estas serán llevadas a cabo por un equipo de diez personas que trabajará del 15 al 26 a jornada completa. Serán dos semanas en cada uno de los puntos que se consideran estratégicos dentro del castro en busca de restos de la estructura de muralla, de viviendas, de piedras, cerámica y metales, entre otros.

Una vez finalizadas las catas, el equipo de arqueólogos dispondrá de seos meses para la realización del correspondiente estudio que se espera, dé respuesta a muchas de las incógnitas del castro, entre ellas, su datación y lleve a cabo la catalogación de los restos encontrados. Erik Carlsson-Brant indicó que el registro de la Xunta, el castro está catalogada como de la Edad de Hierro pero que no se sabe realmente si es así, de una época entre eras o de la época romana, incluso. El proyecto cuenta ya con los correspondientes permisos de la Dirección Xeral de Patrimonio, alabando Blanco la rapidez de su concesión.

El primer paso para una sala de arqueología

Para el museo, las catas serán el primer paso de un ambicioso proyecto que persigue descubrir el castro a los ojos de todos. Blanco explicó que la idea es conservar y restaurar en los posible in situ las construcciones que se encuentren en el castro y que permita en un futuro su visita y la realización de recreaciones y talleres sobre el período de vida castrexo a los niños que cada año visitan el Museo.

Blanco destacó que las piezas singulares serán destinadas al Museo de Pontevedra, tal y como indica la normativa, pero pretenden en consenso con la Dirección Xeral de Patrimonio crear en la Casa do Patrón una pequeña sala de arqueología donde puedan exhibirse restos encontrados en el castro pero que sean comunes y que no tengan el valor de un posible pieza relevante.

La presentación del proyecto participaron también vecinos de la zona para los que sacar el castro a la luz supone también algo importante, ya que a lo largo de las distintas generaciones los vecinos han venido realizando labores agrícolas en la superficie del castro, que ocupa una terraza amplia situada a 544 metros sobre el nivel del mar. Muchas han ido encontrando restos de cerámica o de piedras. Una de estas vecinas, Lola Varela, relataba ayer el hallazgo cuando era pequeña de una especie de pieza de piedra tallada que podría haber sido un dintel o parte de una ventana. Las piezas de piedra encontradas eran usadas muchas veces por los vecinos en sus propias casas y otras veces, los restos de cerámica se machacaban en el propio terreno y se incorporaban a la tierra de nuevo. Carlsson-Brant destacaba que el castro, Aurela do Castro, tenía una forma de prácticamente un círculo perfecto y que se situaba en una de las terrazas que dan al río Asneiro, contando con una muralla artificial de unos dos metros al sur y de casi siete metros al norte, subrayando la inusual y elevada proliferación de castros en Lalín.

El de Doade está rodeado por otros muchos. Señaló que a 1,7 kilómetros está el de Vilanova, a 2,5 kilómetros el de Soutolongo y a 3,5 hay otro, lo que da una idea de la densidad de este tipo de construcciones, dijo. Blanco no duda de la colaboración del Concello en el futuro, de la Diputación y de la Xunta «independientemente das cores políticas».

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