La aventura rural de dos primos por amor filial

Después de recorrer el mundo instalando aerogeneradores se reciclan como granjeros para ver crecer a sus hijas


a estrada / la voz

Carla y Xulia son dos niñas de Forcarei de 4 y 6 años. Ellas no lo saben, pero han hecho más por el desarrollo local que muchos planes de promoción laboral. Sus risas frescas como el aire de la Serra do Candán les han dado a sus padres el empujón decisivo para lanzarse a la aventura rural.

Como casi todos los jóvenes de su quinta, Fran Rivas y Jesús Álvarez quisieron escapar de la tiranía del trabajo en el campo. Los dos tenían en casa ejemplo de que una granja de vacas -al menos a la antigua- da pocos beneficios y requiere atención permanente.

Así que después de acabar Secundaria, Fran Rivas -que ahora tiene 33 años- se lanzó a buscar entre las piedras una oportunidad laboral. La primera la encontró en Pontevedra, en una carpintería de aluminio. La segunda en Lalín, controlando salas de ordeño y tanques de frío. La tercera, en el sector eólico, que entonces desplegaba su poderío en Forcarei. Pero los problemas de espalda le obligaron a dejar de escalar aerogeneradores hace unos años. El desempleo, su mujer y su hija Carla lo lanzaron al emprendimiento. «Ó ter familia o que queres é estar tranquilo, aínda que ganes algo menos», explica. «Eu co tema dos eólicos estiven dous anos en Portugal, pero agora teño moi claro que o que quero é estar cos meus aquí en Aciveiro», cuenta. Y como Aciveiro no es Madrid, el sector primario tenía todos los boletos.

La historia de Fran, tiene ciertas similitudes con la de su primo Jesús Álvarez, que también vive en Aciveiro. Jesús tiene 41 años y una hija llamada Xulia que es el centro de su universo. «Ela foi o estímulo principal para lanzarme a esta aventura», confiesa.

Claro que Jesús ya llevaba muchos años madurando la idea de trabajar por cuenta propia. Casi desde que acabó el colegio. Sus padres tenían una granja de diez vacas. «Pero ese tema non ía comigo. Para mellorar necesitábase moita inversión pero ademais era un traballo no que estabas moi atado», cuenta. Tras dos años desnortado en casa, con 17 años Jesús se puso a trabajar como herrero. Después fue conductor de excavadora y trabajó en una escuela taller de construcción. Al fina se pasó también al sector eólico. En él se estuvo una década montando aerogeneradores de aquí para allá. En Francia, en Italia, en Chipre, en Marruecos, en Argentina, en México, en Brasil, en Uruguay, en Hungría, en la República Checa o en Alemania. «E seguro que me queda atrás algún», cuenta. «Teño pasado moito frío, moito calor e moitas aventuras», recuerda. «Teño visitado unha pila de sitios aos que nunca iría doutro xeito. Quen mo ía dicir a min, un tipo da montaña», reflexiona.

Sin embargo, ni toda la belleza del mundo le prestaba si no podía ver crecer a su hija. «Viña cada tres meses e estaba aquí unha semana ou 15 días. Cheguei a botar fora ata seis meses seguidos. Falaba coa miña filla por Skype, pero non é o mesmo», explica.

El cómplice perfecto

Cuando uno se pierde los primeros pasos de sus hijos no hay nada que le saque del alma esa tristeza. Pero todo tiene arreglo. Sobre todo si a unos metros de casa tienes a un primo que es el cómplice perfecto.

Por eso Jesús dejó su trabajo hace un año y se alió con Fran para lanzarse a dúo al sector primario. «Ó esterco estou acostumado desde que era rapaz. Non me vai pillar desprevenido», dice. «Teño axudado a muxir antes de ir ó colexio e teño ido á herba no verán. O traballo no campo non me mete medo», explica.

Fran y Jesús han comprado una finca de 36.000 metros cuadrados en la que en marzo esperan poder empezar a construir una granja de cerdos y otra de pavos. Fran apuesta por el porcino. Criará un millar de animales que venderá a Nutripor. No le asusta la repercusión del polémico especial televisivo sobre la industria cárnica. «Visitei moitas granxas e iso non se ve en ningún lado», asegura. Jesús criará en su granja 13.000 pavos para vender a Coren. «O pavo ten agora moi boa prensa. É unha carne con pouca graxa que están receitando para réximes», cuenta ilusionado. Además, en Galicia hay aún pocas granjas de pavo y es un animal que resiste mejor que el pollo el clima de montaña.

Su sueño tiene un precio alto: trabajo, riesgo y 800.000 euros al canto. Pero compensa cuando uno se despierta por las mañanas convencido de que está donde debe y donde quiere.

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