Los apicultores de la zona se quejan de una cosecha de miel muy escasa

La meteorología y los ataques intensos de las velutinas son las causas


Lalín / la voz

Las mieles de la zona se han ganado un merecido prestigio de calidad que traspasa fronteras y cosecha galardones año tras año. Detrás de esa calidad están las condiciones de la zona y el buen hacer de los profesionales del sector. En el último registro realizado por la Asociación Galega de Apicultores en 2013, constan en la comarca de Deza un total de 47 apicultores asociados que sumaban en ese momento 1.297 colmenas en la zona. A estas cifras se sumaban 40 apicultores en la comarca de Tabeirós-Terra de Montes y 820 colmenas.

Es, dicen, los profesionales de la zona, un sector pequeño, con producciones pequeñas. En la mayoría de los casos la distribución de la miel se realiza a través del comercio local y de tiendas ubicadas, sobre todo, en diferentes partes de Galicia.

Este año, a las condiciones climatológicas, que no fueron las más adecuadas se suma el ataque masivo de las avispas velutinas. Los apicultores están centrando sus esfuerzos en acabar con esta plaga pero no son capaces de frenar su avance. La producción se está viendo muy mermada, en muchos casos en más de la mitad. Una situación que llega después de otro año muy malo.

Los apicultores se quejan de la adaptación extraordinaria de la avispa velutina al medio y una colonización creciente que hace que ya estén en todas partes. Explican que ya no vale la instalación de las colmenas en zonas más altas, por que la avispa asiática ya a llegado a los puntos de mayor altitud de la zona como la Serra do Candán y Dozón.

Para acabar con las avispas asiáticas cada maestrillo tiene su librillo y aunque hay métodos para todos los gustos uno de los más habituales es el trampeo. Se colocan al inicio de la primavera en cuanto salen las reinas y el objetivo es que muertas las reinas, son enjambres que no llegan a crearse. Da resultado pero no es barato. En Mel O Carrasco de Zobra, explican que en las trampas cogieron más de 240 reinas, porque a partir de esa cifra dejaron de contarlas. La mezcla se hace con cerveza negra, zumo de arándanos y vino blanco. Los dos primeros ingredientes no son baratos y es necesario cambiarla cada dos o tres días. Un coste, que como apuntan aquí con ironía «Facenda a compra de bebidas non chas desgrava». Primero dicen, las velutinas necesitan alcohol y luego proteínas para alimentar a sus crías. Los apicultores se quejan de que no les hacen ascos a nada, diezman la frutal, e invaden todo el territorio. Los enjambres aparecen en cualquier sitio y las velutinas hay quien las ve ya en las terrazas. Una primavera y un mes de julio lluvioso no ayudaron tampoco a la floración de determinadas especies, algo que también contribuyó a diezmar la cosecha. Los apicultores de la zona se quejan de que los costes de producción se eleva

Este año dadas las condiciones meteorológicas la construcción y el avance de los enjambres se retrasó un mes y están en este momento en su punto álgido. Los seguros no cubren los ataques de la invasora, ni siquiera a aquellos que disponen de seguros a todo riesgo. Los apicultores de la zona ven en peligro lo que hasta ahora era un medio de vida o un complemento importante. Alguno cree que las colmenas, que ahora son un elemento básico del paisaje rural, irán desapareciendo hasta convertirse en una curiosidad y se quejan de que cada vez generan más gastos que ganancias.

En O Carrasco van más allá y señalan que «vai ser como ter un can, será algo que si o queres terás que mantelo». Reconocen que las agrupaciones están presionando para que se tomen medidas contra la avispa asiática pero, a la vista de los resultados, no llegan y en vez de frenarlas siguen expandiéndose. La escasa producción que se prevé podría subir de forma importante los precios de la miel en las tiendas y se quejan de la entrada en el mercado de mieles foráneas de países como China o Argentina, entre otros.

«Eu collía 5.000 e pico kilos e este ano non sei si chegarei aos 1.500»

Fernando Pájaro tiene más de 300 colmenas repartidas por la zona, muchas de ellas en tierras de Dozón, pero ni aún así consiguió poner a salvo a las abejas de las avispas velutinas. Explica que «ena primavera en Filgueira onde vivo houbo unha burrada, e no monte menos, pero tamén hai moitas». Señala que «nas zonas baixas son moi difíciles de combatir e no monte a mellor forma son as trampas eléctricas». Se necesita, dice, «unha para cada catro colmeas» y se queja de que «non duran ni dous días porque as rouban». El sistema es una batería y una placa. Contra estas desapariciones «non podemos facer moito porque aínda que collan a matrícula dun coche ou vexas a algúen si non o pillan cas máns na masa non é nada, e aínda así...». En cuanto a la producción se queja de que «este ano apenas tivemos», apuntando que «eu collía 5.000 e pico kilos e este ano non sei si chegarei aos 1.500 kilos». Señala que en la zona «somos un sector pequeno» pero con una calidad reputada indicando que «o noso mel xa foi a Australia, a Asia, a Xapón, Noruega e por Europa».

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Los apicultores de la zona se quejan de una cosecha de miel muy escasa