Ser hijo de una asistente de John Lennon

La madre de Rob López, afincado en Cerdedo, publicó hace diez años un libro que recogía la vida familiar del Beatle

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Pontevedra / la Voz

De madre gallega y padre argentino, Rob López (New York, 1963) decidió instalarse en Galicia hace una década. Tomó ese camino tras la muerte de su madre, Rosaura López, que se encontraba presentando su libro En casa de John Lennon, una obra que resumía y describía los años que la pontevedresa trabajó en la residencia que John Lennon y Yoko Ono poseían en New York, en el famoso edificio Dakota. Hoy, aún recuerda lo feliz que fue en aquel entonces, y las muchas anécdotas que Manhattan le brindó.

«Yo era un adolescente cuando mi madre trabajaba para John», narra Rob. «Ella nunca le dio mayor importancia al asunto. Era un trabajo más, una forma de sacarnos adelante a la familia. Yo, obviamente, era un fanático de los Beatles y cada vez que podía, presumía del trabajo de ella».

Aunque lleva diez años viviendo en Galicia, Rob no puede evitar que se le escape alguna palabra con marcado acento estadounidense. Se dedicó un poco a todo. Fue mensajero en la Gran Manzana, abrió una tapería de especialidades gallegas y, al final, tiró por la enseñanza. «Debía ser de los primeros restaurantes de ese tipo. Una noche entró Iggy Pop, con su mujer, y pidió camarones al ajillo. Nunca olvidaré ese pedido», bromea. «Tras la muerte de mi padre, a finales de los noventa, varias personas empezamos a insistirle a mi madre con que hiciera el libro, que era algo interesante, que debía contarse dada la relevancia que tenía John Lennon». Así lo hizo, su madre comenzó a escribir y esbozar lo que sería el libro que la pondría bajo el foco internacional.

El neoyorquino guarda en un gran álbum todas las fotos y recortes que fueron saliendo a medida que su progenitora presentaba el libro. «Es una pena que muriera en el 2005, poco después de publicarse, porque era uno de los momentos más felices de su vida», cuenta Rob.

«No conocí a John», dice con un tono de resignación. «Es una espinita que siempre tendré clavada, aunque lo cierto es que, por lo que me contaba mi madre, apenas salía de su cuarto. Sí coincidí con Yoko, una mañana. Yo estaba en la cocina de su piso porque justo ese día no tenía clase. Mi madre me llevó por no dejarme solo en casa. Mientras estaba leyendo un periódico noté que entrara alguien. Pensando que era mi madre seguí a lo mío. De repente levanto la vista y veo a Yoko, con una blusa medio transparente y toda despeinada; venía de la cama. Pegué un grito del susto y allí apareció mi madre», ríe. «Me la presentó, se hizo un té y volvió a la habitación».

Recuerda vagamente haber coincidido con el hijo pequeño del Beatle, Sean Lennon. «En una entrevista, hace algunos años, habló de mi madre, aunque no recordaba el nombre. Él debía tener unos tres o cuatro años cuando trabajaba en su piso. Decía que aprendiera algo de castellano gracias a ella. Así era ella».

La portada del libro de Rosaura López no es otra que una foto que el Beatle se sacó dedicada a Rob. «Cuando viajaba a Galicia, cada verano, la gente no daba crédito a mis historias, no se creían que pudieran ser ciertas. Mi madre solía regalar fotos firmadas, autógrafos, hasta ropa que John ya no usaba. ¡A saber dónde están ahora esas prendas!».

Curiosamente, Rosaura cuenta en su libro haber hablado con el asesino Mark David Chapman, que acabaría con la vida del Beatle enfrente al edificio Dakota. Ella no estaba trabajando directamente con ellos, pero seguía contratada en el edificio. «Recuerdo como mi madre me contó que John había muerto», rememora Rob. «No podía creérmelo. En realidad, nadie pudo en aquel momento».

Roquero de corazón, Rob tiene una vida tranquila en Cerdedo, viniendo a Pontevedra a dar clases extraescolares y particulares. Echa de menos New York, aunque reconoce que es una ciudad que puede acabar con uno. «Volveré a morir allí», sonríe. «Es una ciudad única, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todas, pero solo en ella podrás encontrarte a Keith Richards paseando, agarrado a su esposa». Eso aquí, no pasa, desde luego.

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