La huerta de los cultivos extraordinarios en Agolada

Julio Rozas mima la tierra, que responde a los cuidados que le proporciona, dando frutos de tamaño XL


Lalín / la voz

Julio Rozas trabajó toda la vida en la construcción y ahora que está jubilado dedica su tiempo a mimar una huerta que despierta envidias. Vive en O Castro, en la parroquia de Borraxeiros, en Agolada, y presume de cultivos XL. Su secreto, dice, es ponerle trabajo, mucho cariño y un abono natural. Tiene huerta desde siempre, aunque ahora puede dedicarle más horas.

A sus 65 años confiesa que siempre le tiró la tierra. Siembra y cultiva sus productos en dos fincas en las que, cuenta, «saen cebolas dun kilo» calabazas de muy buen tamaño y otros productos de huerta que superan las medidas estándares. Explica que «o que lle boto é abono das cabras e das galiñas» y sostiene que «os animais que temos na casas comen seco e herba, pero non comen nada de pienso e oter unha alimentación toda natural eso nótase tamén no abono da terra».

Julio Rozas lleva unos 34 años residiendo en Agolada y defiende que la tierra siempre le dio buenos frutos. Está encantado con las cosechas de lo que el llama «a horta das marabillas» y no escatima elogios para sus cebollas, sus coles o incluso sus gallinas, alguna de las cuales, «pon ovos azuis» al ser de una raza que pudo conocer un año en una Semana Verde de Silleda. La tierra la compra en sacos y destaca la importancia tanto del abono, como de airear bien aireada la tierra y del riego.

Unas pautas que sigue con atención y con mimo para que cada planta tenga siempre lo que necesita. Cuidados y una buena mano es lo que cree que le otorga el éxito y lo que hace crecer y desarrollar a sus cultivos.

Dado que esto de la huerta se le da bien y que «ano tras ano saco boas cosechas e cousas moi grandes», se brinda a compartir sus conocimientos con quien quiera o tenga alguna duda en esta materia.

Ya sean pimientos o patatas, no hay nada que se le resista Cree que los productos químicos estropean no compensan e «as cousas non desenrrolan». No hace mucho acabaron de sacar las patatas. A la huerta le dedica, explica, «un par de horiñas todos os días» y no perdona «un regado a primeira hora e a beira do oscurecer». Con este último, indica, «chégalle a auga para todo o día, se orballa de noite a terra conserva a humidade». Alguna de sus calabazas estos días acabó de desarrollar y ya pesaba cuenta «entre 85 e 90 kilos, por aí debe andar». Las semillas, apunta, «cómproas en Lalín» y le gusta ir probando variedades porque con esa tierra y esa maña, el resultado está asegurado.

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