Los trillizos de Parrula van bien

P. V. LALÍN / LA VOZ

AGOLADA

miguel souto.

En su historia de vaca madre ya acumula doce crías, con cinco partos de uno, dos de dos y, el último, de tres terneros

30 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Parrula no aguantaba más y el quince de julio pasado se puso de parto prematuro. Es vaca rubia con experiencia sobradamente demostrada, pero tres terneros pesan lo suyo. En ese trance estaba pasando dificultades en la finca que la ganadería de María Digna Fernández Vázquez de Santa Comba de Agolada tiene en Santán, donde cuarenta rubias campan a sus anchas buena parte del año. En ese trance la encontraron, sorprendidos, Santi Castro y su padre en su rutinaria visita diaria de control. «Tiña trillizos pero dous estaban entrecruzados... Meu pai colocounos, preparounos e sacámolos de un en un». Y no solo eso. Santi recuerda que «tivemos que colgar dous e masaxealos uns cinco minutos». Luego, las dos terneras, el ternero y Parrula viajaron en tractor al establo de Santa Comba para tener atención más directa.

Ni Parrula ni los ganaderos tenían experiencia en trillizos. «Sabemos que hai casos pero nos nunca o vivimos». Y cambia bien la vida con partos normales de un ternero, menos normales de dos y excepcionales de tres. Parrula es una vaca ejemplar como todas las de esta granja, con sello de Acruga y atenciones ajustadas a la normativa de la asociación. Tiene nueve años y es la reina de la explotación. «Nos últimos dous anos trouxo cinco crías» y en su historia de vaca madre ya acumula doce, con cinco partos de un ternero, dos con dos y, el último, con los trillizos.

Pero la alegría ganadera conlleva sacrificios. La leche de Parrula no basta para los tres fenómenos que según bajaron del tractor en Santa Comba hace tres meses y medio «xa beberon cada un unha botella de leite». Trabajo manual, complemento alimenticio, leche en polvo preparada para su alimentación... «Cando vendemos o becerro doutra vaca, aceptou ben un dos trillizos, e cando quede outra nas mesmas condicións porémoslle outro». Pero todo es largo y trabajoso en la vida del ganadero y algo más con trillizos en el establo.

Recibieron trato especial al nacer algo más débiles. El resto de la cabaña disfruta de vida al aire libre mucho mas tiempo.

Para los trillizos fueron pasando los días y «van ben, están bonitos e nunca enfermaron», dice Santi, el joven ganadero que pelea con una oposición en la enseñanza pero que ya tiene otra aprobada, la de ganadero con granja familiar para cuya gestión ya está sobradamente preparado. En la corte, los trillizos revolotean en cama de paja, duermen, comen y se dejan engañar por Santi con un biberón que ya no usan para posar para la foto.

En unos meses sonará el teléfono en una carnicería de Lalín para escribir la cara B de esta historia

La granja, ordenada y pulcra, de Digna Fernández, apostó por la carne, por Rubia Gallega. «Deixamos o leite xa no tempo dos bidóns», recuerda Santi, que con su padre apoya en los trabajos más duros, recayendo «en miña nai e no padriño o día a día». Los trillizos son la anécdota que altera la granja, pero el milagro ganadero es la gestión diaria, la apuesta acertada para salir adelante en un sector en crisis.

Por eso la historia de los trillizos de Parrula ya está toda escrita. La granja repone recriando, pero las dos terneras del último parto no se van a quedar. La selección aconseja rubias más robustas, sin los avatares de triple parto y reparto alimenticio. Los machos, no se quedan nunca. Un día, entrado febrero, sonará el teléfono en Carnicería Hermida de Lalín. Irá a recogerlos para cerrar el ciclo que superan día a día los ganaderos y escribir la cara B de la historia de los trillizos.

Será cuando se hagan números y se recuerde que el kilo de este tipo de ternera de primerísima calidad, que mama hasta que se vende, se paga en granja a algo más de cinco euros, que los machos superan los 200 kilos y las hembras menos. Ser trillizos no propicia ese peso pero los precios «podían ser mellores, pagar máis a carne. Se non hai abortos nin perdas imos tirando ó afinar gastos, sen extras, producindo nos millo e trigo para penso».