Del llanto a la gloria y la redención musical

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

miguel souto

Javier Otero empezó el Conservatorio llorando, pero en cuanto tuvo un piano entre sus manos descubrió su vocación, triunfó como intérprete clásico y se liberó como compositor experimental

02 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

No todas las historias de músicos empiezan con una precoz predilección por el arte o un talento innato que se veía venir de lejos. La de Javier Otero Neira (A Estrada, 1981) comienza con llanto. «En mi casa la música siempre estuvo presente. Mis padres son melómanos. Yo empecé en el Conservatorio casi por inercia, porque iban mis hermanos mayores. Pero a mí al principio me horrorizó. Entonces se empezaba con teoría y solfeo. Yo no entendía aquello. Lloraba todos los días», confiesa. Cuando tocó un piano por primera vez, la cosa cambió. «El piano me gustó desde el principio y, desde que empecé a tocar, ya nunca paré», cuenta el artista.

Javier Otero, que ahora es concertista, compositor y profesor en el Conservatorio Profesional de Música de Santiago de Compostela, es sincero a la hora de reconocer el esfuerzo que le ha costado llegar hasta donde ha llegado. Después de dar sus primeros pasos en el Conservatorio de A Estrada, Javier Otero finalizó sus estudios musicales en el Real Conservatorio de Madrid con premio extraordinario. «Cuando llegué a Madrid, por una cuestión de salud tuve que estar un año sin tocar. Ese año lo dediqué completo a escuchar y analizar. Cuando pude volver a tocar, durante seis años estudiaba diez horas al día. Ahora, para mí, tres horas al día es un ritmo bueno. En esto hay una parte mental y otra de inspiración, pero también hay una parte física que tienes que entrenar. Hay grandes pianistas que aún con 80 años siguen estudiando varias horas al día, aunque cada uno tiene su método y sus tiempos», explica.

Javier Otero despuntó primero como pianista de música clásica. Esta sigue siendo todavía su principal actividad, aunque la composición propia va ganando cada vez más peso en su carrera.

Como pianista clásico, Javier Otero tiene grabados cuatro discos y ha tocado en ciudades como Tokio, Roma, París o Londres. «Un concierto que me hizo especial ilusión fue el primer recital de piano que di solo, en el 2016, en el Auditorio de Galicia, en un ciclo en el que hasta entonces no había actuado ningún español y donde yo había visto a grandes pianistas. De todas formas, suena tópico, pero para un pianista el concierto más especial siempre es el que va a venir», dice el artista. «Cuando tienes un concierto a la vista es muy fácil estudiar, la clave de esto es ser capaz de seguir trabajando aunque no haya nada. Sin luchar, no te van a venir a buscar a casa», comenta.

Pero si algo tiene el estradense es constancia y espíritu de lucha. Fue así como montó su propia discográfica —con la que ya ha lanzado 14 trabajos— y como se aventuró ya hace seis años en el mundo de la composición de música de carácter experimental, mezclando muchas veces el piano con la electrónica.

Para el artista, la composición es una especie de redención, una liberación que le permite romper con las exigencias perfeccionistas de la música clásica y dar rienda suelta a su creatividad. «Ahora estoy grabando un disco de música de piano de Haydn. Quieras que no, te pones en otro punto para hacerlo. En cambio, cuando grabo un disco de electrónica, para mí es como una fiesta», comenta. «Mi proceso creativo es muy diferente al de un compositor clásico al uso. Yo no uso papel. Voy tocando y sacando ideas», explica.

En su camino de liberación y disfrute musical sin ataduras, a Javier Otero le gusta experimentar. Lo dejan claro algunos de los innovadores proyectos que han salido de su estudio.

Como Sem terra á vista, una travesía sonora en la que el piano se conjuga con la electrónica y con grabaciones y sonidos de la vida real, como respiraciones, texturas mecánicas, resonancias orgánicas y el propio latido del corazón del artista en directo.

O como el proyecto Una línea sueña, un concierto visual a dúo con Luciana Rago en el que el músico y la pintora protagonizan una performance en la que ella da vida con tinta china a un lienzo gigante de forma acompasada con la música de piano y electrónica que inunda la sala.

O los Conciertos Wifi de piano al aire libre, donde el público recibe el sonido vía wifi a través de unos auriculares, con el silencio absoluto de un teatro pero sintiendo la brisa del mar en la cara o paseando por una plaza emblemática.

Javier Otero trabaja ahora con el artista Filipe Marques en «un proyecto a nivel experiencial muy potente». «Triunfar con mi propia música es un reto. Tienes que ser muy mal pianista para tocar a Chopin y que no guste, pero que el público valore lo que tú creas emociona más», confiesa.