El día que el castro de San Miguel volvió a la vida, vivió casi dos noches y retumbó de aplausos

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

R. G.

Cientos de personas tomaron la cima equipados con sillas, sombrillas y picnic

13 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Como una principiante. Así se siente una cuando alcanza la cima del Alto do Castro y, en un vistazo rápido, se da cuenta de todo lo que podría haberse llevado para hacer más cómodas las casi dos horas de eclipse que quedan por delante.

El Concello de A Estrada ha recomendado el enclave arqueológico de San Miguel de Castro como punto de observación del eclipse del siglo y, a pesar de que desde los dos aparcamientos habilitados a los pies del monte hay una subida de 400 metros con un desnivel interesante, el público no ha dudado en escalar con sillas, cojines o neveras de playa. Una pandilla espera el espectáculo bajo una sombrilla. Un hombre impecablemente vestido con chaleco y corbata degusta su picnic saludable, con pan de semillas y tomate natural. Eso es estilo y lo demás son gaitas.

Afortunadamente para los menos previsores, los vecinos de la parroquia han convertido en cantina la caseta-mirador que corona el castro. Podrían haber hecho su agosto, pero no son avariciosos. Euro y medio por un agua estando a 33 grados es una ganga. Tres por una cerveza fría, casi un regalo. Sobre todo si se acompaña con tapas de choricitos y pimientos de Padrón, como es el caso.

En una rápida vuelta de reconocimiento se comprueba que los mejores puntos de observación ya están ocupados. No pasa nada. Hay monte más que suficiente. El Concello se ha preocupado de delimitar bien todo el perímetro con cinta policial, de instalar papeleras y de habilitar un aseo portátil. También reparte gafas de protección cedidas por la Diputación de Pontevedra para que quienes no las traen de casa puedan observar el fenómeno con seguridad.

La gente se prueba las gafas para comprobar el efecto mientras un todoterreno hace varios viajes para acercar a la cima a las personas que no pueden subir la pendiente por sus propios medios. Un hijo llama por teléfono a su madre para recomendarle que no mire al sol. Demasiado tarde, me temo. Una madre le prohíbe a su hija mirar más de un minuto seguido. Una pareja se pregunta qué harán los pájaros cuándo el cielo se vuelva negro.

900 almas

El castro está a rebosar. «Nunca tanta xente se veu aquí arriba. Nin na Festa do Bolo Preñado», dicen los vecinos. La Policía Local calcula unas 900 almas.

A las 19.33 comienza la acción en el castro. «Ya empieza», se oye comentar a alguien. «El sol ya no se ve tan redondito», prosigue el heraldo. Al anuncio le sigue un murmullo. En una y otra esquina el público, curioso, empieza a ponerse y quitarse las gafas.

En la comprobación de las 20.11 el sol se ve ya como una especie de luna en cuarto creciente. Ya falta poco para el gran momento. Y se nota. La luz es mucho más tenue y la temperatura, para sorpresa de muchos, sí ha bajado varios grados. Por supuesto, estaba más que previsto, pero no deja de sorprender.

Instantes antes de las ocho y media, el castro entero tiene la vista puesta en el cielo. Por un momento pareciera que el sol va a cubrirse por completo pero, tal como estaba previsto, la luna solo cubrió el 99,97%. O eso dicen. No importa. Cuando el eclipse llega al punto álgido, el castro estalla en un aplauso que se repite segundos más tarde, cuando el sol empezó a quedar descubierto de nuevo.

Ni perlas de Baily, ni anillo de diamantes. En San Miguel, nadie declara haberlos apreciado. Sin embargo, la emoción ante el eclipse es unánime y mucha gente descubre un atractivo rincón de A Estrada. «Solo por ver el meandro del río Ulla desde aquí arriba y el puente del tren ya merece la pena», sentencia un visitante encantado.

A las puertas del observatorio

Un nutrido grupo de personas participaron ayer en la camina a pie organizada por el Concello de Forcarei desde la capitalidad hasta el lugar de As Casetas, donde se llevó a cabo la observación del eclipse en la explanada exterior del observatorio astronómico que dirige la Fundación Ceo, Ciencia e Cultura (FC3).