De la vara a la espiga bendita: Cereixo preserva el ritual para proteger el agro

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

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La romería estradense congrega a miles de fieles pese al declive del sector

26 abr 2026 . Actualizado a las 20:38 h.

Patrón de animales y cosechas, el San Xorxe de Cereixo (A Estrada) fue el siglo pasado el rey de las romerías. «Cando toda a economía se baseaba no campo, se había un ano malo, metíase a fame na casa», explica Gonzalo Louzao, presidente de la comisión de fiestas de Cereixo y principal impulsor de la recuperación de esta romería hace una década, antes de soñar siquiera con llegar a ser alcalde de su pueblo.

Cuando vacas, cerdos y huertas eran el único sustento, lo natural era tener fe en San Xorxe y rogarle que no se echasen a perder. Para ello, los devotos consolidaron una serie de ritos que han llegado intactos hasta la época actual, en la que, pese al declive del sector, la romería vive un feliz resurgir, convertida en un símbolo de la vitalidad y la autenticidad del rural.

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Hay tres ritos que todo buen romero debe cumplir en Cereixo: comprarse una vara para conducir el ganado y bendecirla en la imagen del San Xorxe, pasar en procesión bajo las andas de todos los santos de la parroquia y dejarle al patrón ofrendas en forma de espigas o de cacheiras y uñas de cerdo.

De las tres partes del ritual, la última es la que única que está en declive. En Cereixo, el día grande es el domingo siguiente al 23 de abril, que se llama Domingo da Carne precisamente por la gran cantidad de ofrendas de este tipo que se recibían. «Este ano teremos uns 25 quilos de carne, sobre todo cacheiras, unllas e peteiros de porco. É moi pouco se o comparamos co de antes. Segundo me ten contado o meu pai, antes a carne chegaba ao teito da caseta. Eran toneladas», explica Fernando Fernández, miembro de la comisión organizadora que ayer estuvo al frente del local de las ofrendas. Según cuenta, en él se recibieron también algunas espigas de maíz. «Algunha xente trae varias espigas e leva de volta unha bendita para mesturar ese millo co outro antes de sementalo, buscando protección para as colleitas», comenta Gonzalo Louzao.

La bendición de las varas para conducir el ganado está en pleno auge. «Hoxe levamos vendidas unhas duascentas», dice Fernando Fernández.

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Ramón Otero Cuíña, de A Bandeira, es uno de los muchos romeros que ha cumplido con la tradición. «É raro que a vara rompa, pero hai que comprar unha nova para cumprir coa tradición e deixar un donativo», dice. Además, hará buen servicio en casa, donde su mujer, Carmen Villaverde, tiene a su cargo siete vacas.

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También ha comprado vara María del Carmen Figueiras, una vecina de Rubín que lleva más de medio siglo acudiendo a la romería de Cereixo. «Xa viña de pequena cos avós. Viñamos a pé pola fresca, iamos a unha das misas de cedo, comprábanme unhas rosquillas, e de volta a pé», recuerda. En su casa solo tienen ahora cuatro vacas, pero la tradición manda. «Os animais están en extinción, pero eu, mentres poida, seguirei vindo», asegura. Igual que Mari Carmen Castro, una fiel romera de Caldas que ayer le dejó unas cuantas espigas al santo para que proteja sus cosechas. «Hai que ter fe», dice.