Un taller estradense para entrenar el cerebro y darle carpetazo a la tristeza

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

cedida

Las clases de Memoria reúnen a 46 personas que no solo ejercitan la mente

17 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

En A Estrada hay un taller de memoria en el que no solo se ejercita el cerebro, sino que también se oxigenan las almas.

Cerca de cincuenta personas están matriculadas en el curso, ofertado por el Concello dentro de su programa de actividades de envejecimiento activo. Cada una tiene una razón diferente que la ha llevado a abrazar la jubilación regresando a las aulas.

Incluso tras haberse pasado la vida renegando de ellas, como Carmen Silva, que de niña detestaba los libros y ahora va a clase encantada con un coqueto plumier que ella misma ha confeccionado. «Estimular a memoria nunca sobra. As cousas olvídansenos. O de atrás normalmente está aí, pero o resto...», cuenta esta alumna de 80 años que se esfuerza a diario por mantener activa la cabeza. «Eu vou á compra e ao chegar á casa apunto todo o que comprei. Tamén fago as contas sen usar a calculadora nin os dedos», cuenta.

Del taller de memoria no hay nada que le disguste. «Atópome moi a gusto. Agora veño por vontade propia, pero de nena non me gustaban nada os libros. Crieime cunha mestra e ía todos os días de Guimarei a Codeseda no camión do leite, no medio das caldeiras. Por falta de escola non deixei de aprender, pero a táboa non me quedaba na cabeza. Se non a sabías salteada, facíancha estudar do revés», recuerda.

Con ella comparte aula Carmen Goldar, que confiesa que se apuntó a las clases «por pasar o tempo». A sus 83 años se declara adicta al ganchillo, las cartas y las sopas de letras. Las ciencias siempre le gustaron más que las letras, así que en las fichas de matemáticas es donde mejor se defiende. De todas formas, del taller de memoria, lo que más la motiva son «os chistes que contamos e o ben que o pasamos».

Llenando el vacío

Otilia Castro, de 87 años, ha llegado al taller empujada por sus hijas. «Foron elas as que me apuntaron porque me viron mal. Con un vacío moi grande. A vida na aldea non é coma antes. Agora botas semanas sen ver aos veciños nin ter con quen falar. É moi triste», cuenta.

Otilia reconoce que a sus hijas no les faltaba razón. «Tiña que saír da casa, distraerme e non pensar no que me pasou ultimamente», cuenta con una sombra de tristeza en la mirada. A Otilia le falleció su marido recientemente. Ahora solo quiere tener la cabeza ocupada y está dando los pasos correctos. Volver a las aulas ha sido para ella un alivio. Disfruta poniendo a prueba su memoria y es más aplicada que nadie con los deberes. De pequeña fue a la escuela de Ribela. «Os meus pais sacrificáronse para que puidera ir, ás veces despois de chamar ás vacas. O que máis me gustaba era a Historia Sagrada e a Historia de España», recuerda encantada de volver a sentarse al pupitre.

Los más jóvenes de la clase son María Argemira Capeáns y Suso Eyo. Ella tiene 67 y él 68. Son pareja. A él le gusta más caminar por la aldea que otra cosa, pero ha vuelto a clase por ella. «Eu tiña que saír da casa porque estou un pouco baixa. Hai pouco tempo saín dunha operación complicada. Tiven cáncer e o meu mundo veuse abaixo. Para distraerme apunteime a todo o que puiden. Agora ando coa lingua fóra, pero viría todos os días a actividades se as houbera. Vexo o ceo por ese cristal e dou as grazas por velo», cuenta llena de agradecimiento. «Ela soa non se animaba e eu anoteime por acompañala. A necesidade obriga a tirar do carro», cuenta su marido. Así es el amor verdadero.

En A Estrada hay casi cuatrocientas personas que están participando en los distintos talleres de envejecimiento activo del Concello. El año que viene se impartirán en el casco urbano y en 35 parroquias. Son vitales para mantener saludables el cuerpo y la mente, para quien necesita un motivo para salir de casa y para socializar con otra gente. A veces lo más importante es reírse juntos y darle carpetazo a la tristeza.