El coraje de Delia Bustelo

A Estrada concede el Premio ao Labor das Mulleres a esta comerciante que encarna el espíritu femenino de superación


a estrada / la voz

Delia Bustelo Buela cumplirá el lunes 80 años. Tendrá un regalo especial: el reconocimiento de todo su pueblo a su espíritu de lucha y superación. Un espíritu compartido con muchas otras mujeres de la época que conjugaron familia y empleo a golpe de sacrificios. La estradense recibirá, coincidiendo con la celebración del 8-M, el Premio Honorífico ao Labor das Mulleres concedido por el Concello de A Estrada. Lo recogerá en un acto a puerta cerrada que se celebrará en el salón de plenos del consistorio a las 17.15 horas.

Delia no tuvo una vida fácil. Con 14 años ya iba en autobús a ganarse el pan vendiendo artículos de mercería en las ferias del entorno. Originaria de una familia humilde de San Xiao de Vea, pronto se trasladó a A Estrada para cuidar a su tía Generosa, con la que vivió durante años y de la que heredó la casa de la calle Waldo Álvarez Insua donde instaló la mítica Mercería Delia.

Delia se casó con Francisco Mato y tuvieron cinco hijos: Carmen, Teresa, Xoán Xosé y Belén y Mónica, que son gemelas. Todos nacieron en casa y, las dos pequeñas, llegaron por sorpresa. Nadie le había dicho a Delia que el suyo era un embarazo gemelar, así que, al nacer, la madre tuvo que buscarles acomodo primero y luego armarse de paciencia: comían mal y lloraban con frecuencia. Algunos clientes todavía se acuerdan de aquel primer año de las gemelas. Incluso de tener a alguna en brazos para darle un respiro a Delia para atender al resto de la clientela.

El incendio que arrasó su vida

Pero la crianza de cinco hijos no fue el trance más trabajoso que tuvo Delia. A la estradense también le tocó lidiar con la mala suerte. Nunca se le olvidará aquel día de 1978 en el que su casa ardió por completo. Las llamas devoraron su hogar y su medio de vida a un tiempo, dejando a la familia con lo puesto. Delia está convencida de que la diabetes que arrastra arrancó con aquel trágico suceso. No obstante, la estradense da gracias al cielo por el desenlace de los acontecimientos. Su hija mayor, Carmen, estaba en casa aquel día. Afortunadamente, pudieron sacarla a tiempo.

Los años siguientes fueron muy duros. Hubo que empezar de cero. Sin vivienda, la familia fue acogida en la casa matriz de Vea. Para buscarse el sustento, un vecino le cedió a Delia un bajo libre en la Gran Vía para reabrir la mercería. Su hermana Maruja le cedió luego otro para reubicarla y hasta los proveedores tuvieron la suficiente sensibilidad y contribuyeron al resurgir del negocio. Con el tiempo, en el solar de la casa incendiada se levantó otro edificio y la mercería Delia volvió a ocupar el lugar de siempre. Tras su mostrador estuvo Delia hasta los 65 años.

La comerciante disfruta ahora de su jubilación en Vea, aunque es mujer de acción y, por muchos consejos que le den sus hijos, no se resiste a ir de vez en cuando a la huerta. Lo de quedarse sentada viendo pasar las horas no va con ella.

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