La bibliotecaria que empezó a trabajar un martes 13 y cumplió su sueño entre libros

Mercedes Garrido se jubila tras 37 años de vivencias en la biblioteca estradense


a estrada / la voz

El 13 no tiene por qué ser un mal número. Ni siquiera aunque coincida en martes. Lo sabe bien la estradense Mercedes Garrido Paz, que empezó a trabajar como bibliotecaria un martes 13 de diciembre y que este miércoles se ha jubilado tras 37 años disfrutando de la profesión elegida. «Soy una privilegiada. Pude trabajar de lo que me gustaba y en mi propio pueblo», cuenta.

Mercedes estudió Geografía e Historia en la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y se especializó en Archivística y Biblioteconomía. Su primer trabajo fue en Santiago, como guía de una exposición de grabados de Goya en el Pazo de Xelmírez. Sin embargo, la estradense tuvo clara su vocación de bibliotecaria desde el principio y empezó a preparar oposiciones enseguida.

«Las oposiciones fueron en noviembre y en diciembre empecé a trabajar, con Manuel Reimóndez Portela recién entrado en la alcaldía», recuerda Mercedes. La biblioteca estaba entonces en la calle Serafín Pazo, en el antiguo instituto estradense en el que la bibliotecaria había cursado primero de bachillerato.

Mercedes fue la primera bibliotecaria de A Estrada como tal. A su llegada se encontró un montón de colecciones revueltas a las que puso orden clasificando todo manualmente. «La diferencia entre cómo se trabajaba antes y ahora es abismal. Es como hablar de la prehistoria», cuenta.

Por aquel entonces la biblioteca tenía un centenar de socios con carné. Ahora cuenta con 1.200 y ofrece una dotación de 26.000 volúmenes. «No es una broma», dice Mercedes.

«Mis niños de biblioteca»

Si de algo está más orgullosa Mercedes que de la dotación de fondos es de las carreras que se fraguaron entre las paredes de la biblioteca. «Hay chiquillos que he visto crecer leyendo. Les servía cuentos de pequeños, cuando tenían la cabeza llena de fantasías, les vi luego preparar aquí oposiciones y ahora son médicos, o inspectores de Hacienda... Ya me ha atendido algún médico en el hospital que vi crecer en la biblioteca. Son mis niños de biblioteca, como yo los llamo. Para mí es una emoción muy grande ver que les ha ido bien», explica.

Mercedes es una persona franca. «No voy a decir que todo han sido buenos momentos porque en 37 años pasa de todo. También pasé malos ratos, supongo que como en todos los trabajos. Lo que peor llevaba era tener que reñir a los chavales que no guardaban silencio. Ya no sabía cómo hacerles callar. Hoy eso ha cambiado. Tocan campanas duras y los jóvenes son conscientes de que se juegan el tipo. No voy a decir que vea una juventud deprimida, pero sí apremiada por las circunstancias. No hace falta mandarles guardar silencio», cuenta Mercedes.

La bibliotecaria se queda con lo bueno. Con las vocaciones realizadas entre libros y con miles de anécdotas. «Como la de un niño adicto a Tintín. Le dije a su padre que habían salido las aventuras de Tintín en vídeo y se las compró y el niño se desencantó. Dijo que Tintín no hablaba con esa voz», recuerda Mercedes.

La bibliotecaria abandona la Casa das Letras con el alma nostálgica. «Al firmar el acta de baja me costó un poco contener las lágrimas», confiesa. Para sacudirse la melancolía tiene un plan. «Estaré entre A Estrada y Santiago, de donde es mi marido. Me gusta el bricolaje, así que estaré todo el día montando y desmontando. Ya me temen. También viajaré al sur y a ver a mi hija en Suiza cuando se pueda. Deporte es lo único que no voy a hacer. Pero no me voy a perder ningún partido de Rafa Nadal», matiza.

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