El comercio de barrio hoy: cuestión de ética, no de cifras


Muy lejos quedó la época del comercio motivado únicamente por las ventas, aquella época donde el comerciante buscaba vender, lo que sea, como sea, pero vender y vender, más y más … aunque tuviese que engañar al cliente, vender productos de mala calidad para obtener más beneficios, trampear, cotillear, dañar, competir bajamente … esa época existió, de allí surgió la mala fama de los comerciantes, y la desconfianza hacia ellos de los compradores. Pero esa época murió.

Cuando hoy me preguntan si las ventas bajaron a causa del cierre de las calles en A Estrada, yo quiero responder: no es cuestión de cifras de ventas, es cuestión de ética, de atención al cliente y de respeto de las diferencias. Son las tres bases del comercio de barrio de hoy, que tiene mucho futuro créanme, más ahora que nunca, cuando acabamos de descubrir, que mientras más pequeños somos más seguros estamos, o casi …

Las ventas bajan y suben, con calles cerradas o abiertas, con o sin coronavirus. Y no solo es culpa del cliente, a veces, los comerciantes están mal orientados, no saben cómo avanzar, no tienen siempre las mismas ganas, bajan los brazos de cansancio, se sienten agobiados, no se sienten a la altura, y una larga lista …

¿Qué espera un cliente del comercio de barrio hoy en día? Ética: que le vendamos un producto que hemos elegido con las mismas exigencias que si fuéramos a comprarlo nosotros mismos. Que la calidad sea lo mejor posible. Que su seguridad esté garantizada. Que su inversión no se pierda. Que lo que compre agregue un plus a su vida.

Atención al cliente: ayudemos al cliente, es lo que busca y necesita. Además de un objeto que viene a comprar, necesita un servicio. Que se lo llevemos si no puede venir, que lo esperemos si no le da tiempo de llegar, que lo envolvamos para regalo porque es una cosa menos que tiene que hacer, que escuchemos sus deseos y tratemos de responder lo más cerca posible de lo que aspira. Que se vaya con la sensación de que le hemos hecho la vida un poco más fácil y agradable.

Respeto de las diferencias: cuánta falta hace en un pueblo la idea de que no todos somos iguales, que no todos tenemos los mismos gustos ni las mismas necesidades, y que está bien así. No hay mejor ni peor, no hay bueno ni malo, hay diferencias, y ¡bienvenidas sean! Y ese respeto es mucho más fundamental y actual, que las políticas europeas de peatonalización. Démosle prioridad a las sillas de ruedas, a aquel a quien las rodillas no le permiten ir lejos ni rápido, a los padres que llevan en una mano el carrito del bebé y en la otra el hermanito mayor en dos dedos, y en los otros tres la bolsa de la compra ?porque llevan ya tanto peso en el carrito que si le cuelgan otra bolsa se le va hacia atrás … vivido ...?, al padre que acaba su jornada de trabajo de 12 horas y le quedan 5 minutos para comprar un recado o lo que necesita antes que la tienda cierre, a la madre soltera que deja sus niños en el coche para poder ir corriendo a comprar algo de urgencia, porque el niño se durmió y no le queda otra … Para ellos y por ellos, facilitémosles el acceso a los comercios, el acceso a las calles, el acceso a las plazas de estacionamiento frente a la tienda, ¡no se lo pongamos aún más difícil!

Hagámoselo más fácil a quien lo tiene más difícil, es cuestión de ética de vida en común, y al final, todo saldremos ganando, ¡y mucho!

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