«Es más fácil hacer reír ahora que antes, hay más necesidad»

Goyo Jiménez aterriza este fin de semana en Galicia (11 en O Grove, 12 en A Estrada y 13 en Caldas de Reis) con su espectáculo «Confusio»


Estudió Derecho, la carrera «calmapadres» como él la llama, pero ya de niño sabía que tenía potencial de humorista. «Yo veía que contaba mis cosas en casa y se reían, las contaba fuera y también se reían», confiesa Goyo Jiménez, que tiene muy claro a quién le debe el cambio de vida. «Me presenté al Club de la comedia por insistencia del entonces presentador y amigo, Javier Veiga, que se empeñó, y gracias a él estoy haciendo esto». Y apunta. «A día de hoy, humorista es lo mejor que me pueden decir».

 ­-Andas un poco confundido, últimamente.

-Todos andamos confundidos.

-¿Qué es lo que más te confunde?

-Que no haya nada firme a lo que aferrarse, que te digan una cosa y al rato la contraria, donde dije digo, ahora digo Diego, es el lema de nuestros tiempos.

-¿Nos quieren tomar por tontos?

-Yo no sé si nos quieren tomar por tontos o es que estamos tontos todos en general, de hecho es el lema de Confusio, el creer que sabemos algo. Todos nos reímos de la aspirante a Miss Panamá que dijo Confucio, pero luego le preguntas a la gente quién era y bien poco saben del asunto. Tenemos una tendencia a estar llenos de certezas cuando realmente estamos llenos de dudas.

-Ya has regresado a los escenarios, ¿es más fácil reír ahora que antes?

-Sí, hay más necesidad. La risa siempre funciona como salida de emergencia en el pasillo de la angustia, y como ahora es más estrecho, la gente necesita reírse mucho más.

-Los humoristas habéis jugado con cierta ventaja durante el confinamiento, ¿no?

-No, no sé. Tenemos mucha competencia desleal, no hay más que ver las declaraciones que hacen algunos personajes públicos. Tengo 50 años y jamás pensé que me iba a ver en una situación de tanto retroceso en muchos aspectos, de tanto tonto lleno de certeza. Además, es que por mucho que se repita una mentira no va a ser verdad.

-Me refería a la actitud frente a la vida. ¿O a ti te ha dado bajón?

-Lo que hace es que me enfade menos, pero no por cómico, por viejo. He aprendido que el enfado solo me perjudica a mí, y es la única lección o consejo que me permito dar. Si te cabreas con la estupidez, sufres dos veces, con la estupidez y con el cabreo. No sirve para nada. A la gente hay que intentar seducirla, convencerla y traerla al lado de la luz, y alejarla del lado oscuro, de la angustia y de la equivocación. De hecho, lo que creo que me está modificando como artista es que estoy utilizando un humor menos sarcástico, y más persuasivo. Intento ser menos agresivo.

-¿Un buen monologuista tiene que vivir mucho para tener tantos recursos y tablas?

-Evidentemente la experiencia vital y el aprendizaje laboral te van haciendo, como decimos los manchegos, que tengas un cuajo diferente y que tu humor se asiente de una manera más serena. Ahora mismo tenemos una responsabilidad añadida y es que la gente lo está pasando mal, no podemos hacer las cosas tan a la ligera. No es un momento para pensar en uno, sino en los demás, en empatizar, si siempre ha habido que hacerlo, en este momento más. Claro que los humoristas hemos hecho humor mirando a la vida, pero ahora también hay que mirar a la vida de los demás. Antes de hacer una broma pensar si aporta o si quita. Y ahora más.

-¿Cuáles son tus líneas rojas?

-No dañar. Si tienes unos cartuchos que te da la libertad de expresión hay que usarlos para darle en el hocico a quien se lo merece.

-¿Se puede hacer daño con el humor?

-Claro, bien utilizado es un arma arrojadiza terrible porque ridiculizar a algo o alguien puede ser muy dañino. Utilizar el humor para atacar a alguien es una forma de escrache. Esto es como cuando te enseñan kung fu y te dicen que es para defenderte, no para atacar. Pues el humor tampoco.

-¿Qué os dan en Albacete, que hay una cantera increíble de humoristas?

-Será que en Galicia hay poco humorista y poco humor... Mis humoristas favoritos de lectura han sido gallegos, empezando por Fernández Flórez. El caso de Albacete fue la coincidencia de una serie de factores, empezando por Cuerda, que paraba por allí y que acabó en Galicia, por Millán, Mota, Almodóvar... Darnos cuenta de que la forma de hablar, la expresión, el acento, la forma de ver la vida de los manchegos también podía gustarle a la gente, nos quitó muchos complejos de inferioridad, pasamos de ser protagonistas de los chistes a contarlos. Una generación que además ha abierto escuela, porque también es lo que está viniendo detrás, gente muy buena. Yo estoy haciendo un proyecto para TVE recorriendo el país, viendo el humor de cada zona, hace unos días estuve en Galicia, y la verdad es que vivimos una especie de cuarto de siglo de oro del humor en toda la península. De repente el humor se ha dignificado mucho, se ha convertido en una profesión hábil y exquisita, que busca la excelencia.

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