La segunda gran familia de Benita

Lleva un mes como usuaria, no echa de menos su casa y promete enseñar a sus compañeros a bailar rancheras


a estrada / la voz

Hoy se cumple medio año de la apertura del Centro de Día de A Estrada. De las veinte plazas ofertadas están cubiertas de momento cinco a jornada completa y cuatro de tarde. Hasta veinte, hay margen de inscripción. Los usuarios no son muchos todavía, pero ya se han convertido en una familia bien avenida con muchas ganas de troula. Unos más que otros, pero todos están dispuestos a compartir vivencias, a presumir de nietos o a sacarle una sonrisa al compañero.

Benita Guerra Gil es una de las usuarias más dicharacheras del centro. Lleva en él un mes, pero está convencida de que inscribirse es la mejor decisión que pudo haber tomado.

Los hombres, libres

Natural de Xirazga (Beariz), Benita Guerra residía en la comarca de Terra de Montes con su marido. Sin embargo, un hermano que vive solo en A Estrada le habló del centro de día y Benita decidió venirse a vivir con él y aprovechar el servicio. Si uno le pregunta si no echa de menos a su pareja, Benita responde alegre: «Aos home hai que os deixar algo libres». Cuando puede, él viene a verla a A Estrada y, cuando no, ella va a Beariz de visita. Entretanto, su vida fluye pacífica. «Encántame estar aquí. Estou tranquila e teño unhas mozas marabillosas que están sempre a meterse comigo e eu con elas», cuenta.

Aunque Benita conduce y, en Beariz, tenía libertad de movimiento, la mujer se siente más a gusto en el centro de día estradense. «Alá aburríase un», cuenta. Ahora vive una segunda juventud con una nueva pandilla a la que no para de contar anécdotas. Porque la vida de Benita da casi para una novela. Su padre fue emigrante en México y ella, recién casada, con 20 años, se fue también a México unos cuantos años. Madre de cuatro hijos, tuvo que encajar la pérdida de uno y sacar adelante a otro con síndrome de Down. Los otros dos residen en México, donde una vez, de visita, Benita se arrancó a bailar rancheras sobre las mesas de un local. «Puxen aos mexicanos a taconear», recuerda. Y eso que no es la que mejor baila del Centro de Día. Ese título se lo tiene bien ganado Preciosa Renda. A a sus 91 años y medio padece de la cadera. Antes, no había quien le hiciera frente en las romerías. «Agora nada máis que teño lingua», bromea. «Pero de moza non debía bailar mal, porque eu era fea e pobre e as ricas e guapas estaban alí paradas. Dicían que era a que mellor bailaba de Matalobos», cuenta.

Una chocolatada de 48 litros

Benita no solo les ha prometido a sus compañeros enseñarles a bailar rancheras. Eso sí, a ras de suelo, para que no haya peligro. También les tiene prometida una vincha y una chocolatada. «Eu o día de festa facía sempre 48 litros de chocolate nunha pota desas dos callos», cuenta. La vincha es un postre típico de Terra de Montes que consiste en una vejiga de cerdo limpia y curtida rellena con una mezcla dulce de pan y huevos. «Esa non cha queremos», le espetan Preciosa y Teresa Carbia, a quienes no les suena muy bien el experimento. «Aquí dánchenos moi ben de comer», cuenta Teresa. «Tamén pintamos, debuxamos, facemos ximnasia e onte fomos á feira e tomamos uns churros», explica convencida con su nuevo día a día.

Benita y sus compañeros han congeniado bien. Se nota en las miradas, en las bromas que se gastan y en el apoyo mutuo que se prestan. Cada uno tiene una familia de la que presume a la mínima, pero juntos forman una segunda familia con pequeños grandes momentos por vivir.

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