El sacristán que casi tuvo una calle y que fue distinguido por el Papa

Luis García Saborido, el estradense que estuvo 53 años como sacristán en la parroquia de San Paio


a estrada / la voz

Luis O Sacristán. Así se le conocía en A Estrada. Y no es para menos, porque Luis García Saborido ejerció de sacristán de la parroquia de San Paio durante más de medio siglo. Concretamente, durante 53 años. Tenía dedicación total a la iglesia y hasta cotizaba a la Seguridad Social eclesiástica, aunque de vez en cuando compaginase ese trabajo con el de cobrador de letras de cambio del Banco Central.

 Nacido en la parroquia de Abades (Silleda), Luis García aterrizó en A Estrada para curtirse como mecánico en el taller de su tío Valentín, que estaba frente al actual bar Enredo. Sin embargo, pronto se hizo empleado de la iglesia con tal dedicación que hasta llegó a ser condecorado con la Cruz pro ecclesia et pontifice, la distinción más importante que concede el Papa a los seglares. Le fue impuesta en septiembre de 1994, en una misa solemne oficiada por el arzobispo de Santiago, Monseñor Rouco Varela.

La concesión de la Cruz era todo un honor para Luis García, que durante décadas la lució por norma en todas las procesiones del San Paio y del Santísimo Sacramento, en las que nunca fallaba. Portando la Cruz procesional y con su distinción en la solapa, Luis O Sacristán era ya un icono de las celebraciones religiosas estradenses. Solo falló en el último San Paio, en el 2018, porque esos días se encontraba indispuesto.

 Pero la Cruz del Papa no era la única condecoración que tenía Luis García. Al estradense también le había sido impuesta la medalla de oro de la Asociación Fillos e Amigos de A Estrada. Y por poco le dio nombre a una calle. Lo propuso en una ocasión la asociación Virxe Peregrina, que sugería bautizar la Rúa 24 con su nombre, ya que por esa calle subía y bajaba él a diario, desde su domicilio en la calle Gradín hasta el templo parroquial.

La calle no llegó a tenerla, pero el cariño de todo un pueblo sí lo tuvo. Quedó claro cuanto allá por los noventa, con motivo de su jubilación, le llovieron los homenajes y cuando fieles de la parroquia, amigos y conocidos reunieron unas 250.000 pesetas para que pudiese cumplir su sueño de viajara a Roma para cogerle las manos al Papa. No pudo ser porque su mujer enfermó y nunca recuperó ya la salud. Pero cuando su nieta Noelia fue a Roma le trajo un rosario bendecido por el Papa y Luis, que era hombre de fe, lo recibió como si se lo hubiese entregado el mismísimo pontífice.

Luis O Sacristán falleció ayer a los 93 años mientras se reía a gusto viendo a Paco Martínez Soria en una de sus películas favoritas. El velatorio se celebra en el tanatorio San Pelayo. El funeral será hoy a las 17.00 horas en la iglesia de San Paio.

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El sacristán que casi tuvo una calle y que fue distinguido por el Papa